(Faro de Cabo de Palos. Fuente: Silenos)
domingo 31 de julio de 2011
Balance de lecturas estivales en el umbral de agosto
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Lecturas
sábado 30 de julio de 2011
Del "yo" al "tú" diluido
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Escritura,
Reflexiones
........el yo, yo... ¡el más asqueroso de todos los pronombres!... ¡Los pronombres! Son los piojos del pensamiento. Cuando el pensamiento tiene piojos, se rasca como todos los que tienen piojos... y en las uñas, entonces... se encuentran los pronombres: los pronombres personales.*
.....Por eso cuando escribo al comienzo de un relato: El hombre busca el sendero conocido..., siento indefensión, la misma que el niño que se adentra solo en una espesura desconocida.
.....Por eso cuando escribo al comienzo de un relato: El hombre busca el sendero conocido..., siento indefensión, la misma que el niño que se adentra solo en una espesura desconocida.
(* Italo Calvino, Seis propuestas para el próximo milenio, Madrid, Siruela, sexta ed., 2005, p. 111)
viernes 29 de julio de 2011
Los miedos (1). Microrrelato
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Microrrelatos
MIEDO DE MANUAL
La mano cuelga a un palmo del suelo, sin balanceo ni movimiento articular de los dedos. Solo cuelga, retenida por la muñeca en un pliegue de embudo de la colcha púrpura. Si los dedos pudiesen ver, nadie sabe qué verían ahí abajo, en la oscuridad acechante. Acaso porque no pueden ver, necesitan que el cerebro temeroso ordene, desde arriba, la huida, la retirada al refugio de las sábanas, antes de que los seres que habitan los bajos de la cama huelan, toquen, mordisqueen, arrastren el miembro superviviente hacia las sombras. Pero en la cama no hay nadie, solo un rastro sanguinolento y la violenta hendidura dejada por el hacha.
miércoles 27 de julio de 2011
Mi bosque en el blog de Antón Castro
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Microrrelatos
martes 26 de julio de 2011
Versos y microrrelatos en el Puerto III
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Actos literarios,
Los relieves del mundo
A principios de abril recibí una extraña invitación. Mi amiga Carmen Sánchez, miembro activo de la Asociación de Personas Lectoras de Cádiz (hermosa la declaración de intenciones que se lee en su web: Proyecto de apoyo de las personas lectoras a quienes aman los libros y no pueden leerlos), me propuso participar con ellos en una lectura poética para un grupo de presos en el Puerto III, con objeto de conmemorar el Día del Libro. Desde hace varios años -me dijo- ellos (dos, tres personas de la Asociación) acudían cada viernes a la prisión durante una hora a una sesión de lectura colectiva. En este caso no porque los presos no supieran leer o estuviesen impedidos para ello, como sucede con otros colectivos, sino porque con esta actividad colaboran con el programa de reeducación dirigido por Carlos en la cárcel. Antes de que yo dijese nada, me advirtieron de que no cobraría ni un céntimo por ello (es la segunda vez en poco tiempo que me invitan a una colaboración esporádica y me hacen la misma advertencia, como si quienes escribimos llevásemos en la frente una especie de sello pecuniario). Como hace ya años no hago ascos a experiencias nuevas y admiro la excelente labor de difusión de la lectura y el libro que hace esta Asociación, invirtiendo su propio dinero y su tiempo libre, dije que iría encantado. Lo primero que me llamó la atención fue que Carmen, Elena y Armando se detuvieron en el vestíbulo de la puerta principal a saludar cariñosamente a una joven. Tal era el afecto prodigado, que no se me ocurrió pensar que fuese (como me dijeron luego) una reclusa excarcelada poco antes y miembro del programa de lectura. Dentro, ya en la puerta de la sala, se repitieron los abrazos y besos con hombres y mujeres de varias nacionalidades (Argentina, Colombia, Georgia, Rumanía... y, por supuesto, España). Entre ellos también se saludaban afectuosamente, ya que pertenecen a módulos diferentes y muchos se ven tan solo en esa ocasión semanal. Repartimos libros y claveles (a falta de rosas), Armando me presentó como el escritor invitado y comenzó el acto, según la "tarea" propuesta el viernes anterior: cada uno debía preparar la lectura de un autor/a de su tierra, para, en el espacio de dos o tres minutos, ofrecerla a los compañeros. Así fueron desfilando uno tras otro, leyendo los más, pese a ser extranjeros, con una facilidad que ya quisieran muchos universitarios españoles. Cada intervención se cerraba con un aplauso y a veces se oía, entre los asientos, cómo se acogía al lector con muestras de aprobación o cariñosos consejos. Después de la intervención de Carmen y Elena estaba previsto que yo agotará los veinte minutos restantes con la lectura de versos y relatos míos. Abandoné la mesa y bajé de la tarima para estar más cerca de ellos (eran unos treinta), como siempre hago en mis clases, y procuré simplemente satisfacer la más mínima expectativa que tuviesen. Debo decir que no recuerdo haber estado en un acto donde hubiese un público más respetuoso y entregado. El silencio absoluto durante mis intervenciones, el respeto en las preguntas, el interés mostrado al final por cuestiones literarias convirtió aquella experiencia en algo inolvidable. Al terminar el acto dejé en la biblioteca del centro ejemplares de mis libros y nos hicimos una foto de grupo. Me autorizaron a publicarla en este blog (hasta hace poco no la he recibido, de ahí la demora) y ahora, cuando julio va llegando a su meta, yo les devuelvo la hospitalidad con la ingratitud de no recordar sus nombres, aun cuando tengo bien grabado cada momento de aquella tarde de lectura compartida. Un abrazo.
(Armando me presenta)
lunes 25 de julio de 2011
Más dinosaurios (y una secuencia)
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Microrrelatos

1. Cuando el dinosaurio se removió, Monterroso se cayó de la cama.
2. Cuando Monterroso despertó, el dinosaurio ya era famoso.
3. Cuando el dinosaurio despertó, devoró a Monterroso.
4. Cuando hoy nos despertamos, buscamos al dinosaurio en el espejo.
5. Cuando hoy despierta el dinosaurio, exige comerse un microrrelato.
Addenda:
Que me traigan a ese Monterroso -dijo el dinosaurio-: a ver quién le ha dado permiso para utilizar mi nombre (propuesta de Elías Moro).
2. Cuando Monterroso despertó, el dinosaurio ya era famoso.
3. Cuando el dinosaurio despertó, devoró a Monterroso.
4. Cuando hoy nos despertamos, buscamos al dinosaurio en el espejo.
5. Cuando hoy despierta el dinosaurio, exige comerse un microrrelato.
Addenda:
Que me traigan a ese Monterroso -dijo el dinosaurio-: a ver quién le ha dado permiso para utilizar mi nombre (propuesta de Elías Moro).
domingo 24 de julio de 2011
Las otras ocupaciones estivales
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Lecturas,
Poesía,
Reflexiones
EL PUERTO
La mirada impasible de los mástiles
nos reúne al abrigo del verano.
La tarde se acomoda en las terrazas,
sedienta de sutil conversación.
Vuelan risas y voces
y el aire las acoge tembloroso,
igual que el niño un beso prematuro
en la penumbra cómplice de un cine.
Tintinean las jarcias con temblor
de música en las cuerdas,
la luz empalidece lentamente,
dejándose la piel en los cristales.
sábado 23 de julio de 2011
Doble cielo con Mavis Staples
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Músicas de este mundo
Anoche, doble espectáculo en las alturas del auditorio del Parque Torres: las luces desvaídas del puerto cartagenero hacían el coro en el agua a las ráfagas intermitentes de los faros. Estaba el mar bonancible, el aire arrobado (o quizás asustado) ante la voz potentísima y subyugante de Mavis Staples, la gran dama del gospel y el rhythm and blues. El coro de su banda de Chicago, formado por su hermana Yvonne Staples, Vicki Randle y el magnífico Donny Gerrar, se mecía al compás de los destellos marinos. Cercano a la cima del graderío, la mirada se me escapaba del auditorio y se quedaba prendida de la danza de fuegos fatuos, mientras los oídos permanecían dentro, extasiados por la magia de los temas de su último disco, You are not alone. Desde allí arriba las estaturas engañan: Mavis Staples, pequeña y septuagenaria, se agigantaba por momentos y, con un movimiento circular de manos sobre su cabeza, escalaba por encima del escenario. Fuera, la noche, que nos parece tan inmensa, reducía su misterio y se rendía a los pies de esta mujer de leyenda, cuya simpatía y elegancia proyectaron su esplendor aún más sobre la tersura de las aguas.jueves 21 de julio de 2011
Quisiera poder escribir...
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Músicas de este mundo,
Poesía
"Esta angustia de cielo, mundo y hora". Suenan los "Sonetos del amor oscuro" de Lorca en la voz y música de Amancio Prada. Me acompañan desde hace tiempo ("con oscuro gemido un año entero"). Sonetos de límites desdibujados, de hemistiquios repetidos, si se quiere, pero que no distorsionan la lectura del texto, pues voy sin sobresalto de Prada a la edición de Áltera (con epílogo de Jorge Guillén) y del texto a la canción. Habré leído los poemas una docena de veces, habré escuchado este disco dos docenas o más, y siempre me sucede lo mismo: percibo con absoluta claridad mi pequeñez, vuelta en admiración siempre, ante la metáfora sublime, en eclosión constante del poeta granadino. Hay versos de amor memorables e irrepetibles, como aquel cierre de soneto magistral de Quevedo (quizás lo mejor que se ha escrito en la poesía española): "serán ceniza, mas tendrán sentido, / polvo serán, mas polvo enamorado." O como estos lorquianos de imágenes turbadoras, sobre los que pende una peligrosa "voz de penetrante acero". Quisiera poder escribir, al menos una vez en la vida, versos como estos, pero para ello ha de estar dispuesta a visitarme, "en un anochecer de ruiseñores", una Musa que no es de este mundo. martes 19 de julio de 2011
La memoria literaria (la pequeña)
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Lecturas,
Reflexiones
.....Sin embargo, en otras ocasiones ese gas viene demasiado ligado, confuso. Los versos de Cernuda que uno cree estar evocando se vuelven de Neruda, o de Keats en traducción meritoria; y los personajes cambian de autor y abandonan sus obras de origen y se introducen en otras ajenas, en un impune allanamiento de morada. ¿Ese Rampín, acompañante de cortesanas, campaba a sus anchas en La Celestina, o era en La Lozana Andaluza? ¿Y Guy Montag, de qué libro en llamas ha salido?
.....A menudo, sentado frente al mar como en esta mañana de julio esplendoroso, me pregunto, como Juan Ramón Jiménez, el propósito de nuestra estancia en este átomo del Universo, y evoco sus versos en la prosa de la memoria: Para olvidarme de por qué he nacido, hemos nacido, vengo a mirarme en ti, mar, loco perpetuo. Pero en un día como hoy descubro que esas palabras no son exactamente las que escribió el poeta de Moguer en "El nuevo mar", sino estas otras:
...
Para olvidarme de por qué he venido,
de para qué he nacido, hemos nacido,
vengo a mirarte, mar, loco perpetuo.
.....A menudo, sentado frente al mar como en esta mañana de julio esplendoroso, me pregunto, como Juan Ramón Jiménez, el propósito de nuestra estancia en este átomo del Universo, y evoco sus versos en la prosa de la memoria: Para olvidarme de por qué he nacido, hemos nacido, vengo a mirarme en ti, mar, loco perpetuo. Pero en un día como hoy descubro que esas palabras no son exactamente las que escribió el poeta de Moguer en "El nuevo mar", sino estas otras:
...
Para olvidarme de por qué he venido,
de para qué he nacido, hemos nacido,
vengo a mirarte, mar, loco perpetuo.
...
En mi recuerdo solo había nacimiento, no llegada, y yo buscaba mi reflejo en el mar, mientras que JRJ tan solo lo miraba. Es evidente que ese es el misterio de la poesía: la asunción del yo del poeta transformado en el yo del lector. Y quizás ese sea el fin último de la literatura: apropiarnos de lo que otros escribieron para alimentar ese magma inestable y sin fondo que es la memoria.
En mi recuerdo solo había nacimiento, no llegada, y yo buscaba mi reflejo en el mar, mientras que JRJ tan solo lo miraba. Es evidente que ese es el misterio de la poesía: la asunción del yo del poeta transformado en el yo del lector. Y quizás ese sea el fin último de la literatura: apropiarnos de lo que otros escribieron para alimentar ese magma inestable y sin fondo que es la memoria.
(Imagen: Fuente de la pl. S. Sulpice. París. Fuente: Silenos)
lunes 18 de julio de 2011
Estampas desde Cabo de Palos: Fantasmas
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Estampas
sábado 16 de julio de 2011
El nombrecito de la rosa o la literatura light
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Lecturas,
Los relieves del mundo
La prensa de hoy trae la noticia: Umberto Eco "aligerará" El nombre de la rosa para atraer a nuevos públicos. La nueva versión italiana estará en las librerías el 5 de octubre. Leí el libro en los años ochenta del siglo pasado, siendo estudiante del primer o segundo año de carrera. Para quien barruntaba entonces que se dedicaría a la Filología Clásica, la novela de Eco fue un descubrimiento y un goce en varios sentidos. La he releído en estos años un par de veces más y he visto hasta en cuatro ocasiones (que ahora recuerde) la película de Jean Jacques Annaud. Dedicado ya al estudio de la literatura latina de los siglos XV-XVI, con incursiones en la medieval, y, por esto mismo, en contacto habitual con códices e impresos quinientistas, la novela de Eco me supo mejor en cada relectura. La ambientación de los scriptoria medievales y su papel imprescindible en la pervivencia de la literatura clásica, la sombra alargada de Aristóteles, las discusiones en torno a la pobreza de los franciscanos, la fascinación por los códices, la trama policiaca, los guiños a Sherlock Holmes, Borges, la biblioteca de Alejandría... todo ello ha convertido el libro de Eco en un hito en la historia de la novela contemporánea. Es más, la estela de crímenes bajo sotana, los secretos abominables en catacumbas, el desciframiento de enigmas judeocristianos, cuando no masónicos, protestantes... no se entendería sin la historia que viven Guillermo de Baskerville y Adso de Melk. Por eso, la noticia de hoy me llena de estupor. ¿A qué viene esta versión light? ¿Qué necesidad hay de ella? ¿Para qué quiere Eco más lectores cuando se trata de uno de los libros más leídos en las últimas décadas? Aparte del embrollo que esto ocasiona a los historiadores de la literatura, para quienes seguimos disfrutando de las aventuras del franciscano ilustrado y orgulloso, la noticia huele a lo de siempre: bajemos el nivel para que lleguen los que no llegan, en lugar de estimular a esos mismos a que suban y alcancen mayores cotas de saber. Dicho en otras palabras, huele a ESO (para mis lectores no españoles: Enseñanza Secundaria Obligatoria = homogeneización de niveles, pero por abajo) y la rebaja paulatina de nivel que vivimos en la universidades. Sin embargo, no me esperaba algo así de un hombre como Eco, atento siempre a los relieves más recónditos e interesantes de la historia y la cultura (ahí están sus libros para demostrarlo). No quiero pensar que esto sea una concesión a la legión de fans de Harry Potter, la saga Crepúsculo y aledaños; es decir, la gallina de los huevos de oro de la adolescencia. Tampoco creo que, a estas alturas, Eco necesite el regreso a la primera línea mediática editorial. ¿Qué suprimirá en este El nombrecito de la rosa? ¿El deleite visual ante los códices de Beato de Liébana, Plinio el Viejo o Estrabón, o las discusiones de los franciscanos con la embajada papal? Porque a buen seguro que no aligera el peso de los crímenes de los pobres benedictinos. Tampoco parece disparatado aventurar que habrá película de la versión breve. Si Eco justifica su decisión en la necesidad de popularizar su novela, más grave me parece, insisto, cuando se trata de una obra tan leída durante décadas. Es como si Cervantes suprimiera del Quijote largas escenas, acaso tediosas, como, por ejemplo, los parlamentos pastoriles y otros episodios, dejándolo en un relato simplón de capa y espada. O como si Dante redujera de su Divina comedia el poso teológico y el resultado fuera un viaje al Más Allá estilo Disney. Porque no nos engañemos, si Eco ha dado este paso, no tardará en vender los derechos a la compañía del ratón que llaman Mickey.
miércoles 13 de julio de 2011
Una infancia sin máquina de retratar
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Papeles Secundarios,
Reflexiones
Solo dos imágenes en papel evidencian (¿bastan?) que una vez fui niño. La primera es una fotografía incompleta de un bebé de ojos muy oscuros, sentado sobre una sábana y con las piernas rollizas abiertas. La otra es testimonio de un extravío cuando tenía tan solo dos años (estamos en 1967). El lugar del disparo, una calle paralela a la calle donde vivíamos; la ocasión, la Primera Comunión de una prima, lo que explica cierta compostura en la ropa, pese a esos horribles pantalones cortos rayados y la extraña intrusión de una tiza en una de mis sandalias blancas. La fotografía, obra de un avispado fotógrafo al que me hubiera gustado conocer después, muestra a un niño algo gordito (¿soy yo?) que se coge las manos y mira a la cámara con gesto cómplice, como si aquello fuese un pacto entre niño y adulto para sacarle a mis padres el importe de la improvisada fotografía. A partir de ahí se produce un salto de más de una década, hasta los últimos años de la escuela. La razón de tal vacío es simple: en casa no había máquina de retratar. Las familias humildes de entonces, agraciadas con un rosario de hijos, no podían permitirse ciertos lujos, y dicho aparato lo era, pues se consideraba la herramienta de una clase privilegiada: el turista. Aún tardaría la máquina en popularizarse, como lo hizo, si bien mucho más temprano en mi casa, el televisor. La primera película de la que tengo memoria es el King Kong de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, de 1933, que a partir de mediados de los cincuenta pasó a emitirse por televisión. Debía yo de andar por el lustro escaso de edad. Hoy, cuando veo esas dos fotos (un bebé y un niño perdido) y al lado se alza, descomunal, el recuerdo del gorila, me siento mucho más desvalido, mucho más vulnerable ante los peligros del mundo. Y me pregunto si un álbum de fotos hubiese paliado este sentimiento. No sé, pero, al menos, mi infancia no se sustentaría en exceso en las imágenes, a veces mendaces, de la memoria. domingo 10 de julio de 2011
Estampas desde Cabo de Palos: La roca de Hölderlin
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Estampas
miércoles 6 de julio de 2011
Julio, Italo Calvino y otras plumas italianas
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Lecturas,
Reflexiones
Trae julio los calores de siempre, redoblados por la sensación de que arriba la capa de ozono apenas resiste y abajo somos nosotros los que no resistimos esta caída al pozo sin fondo de la crisis. Para colmo, en la ciudad-barco en que habito sopla demasiado a menudo el levante, que en estas fechas es como un beso desértico, de labios agrietados. Hay arena en los ojos del mediodía, de ahí que andemos de espejismo en espejismo......Leo el "Diario norteamericano" de Italo Calvino, incluido en el libro Ermitaño en París. Páginas autobiográficas. Son notas y comentarios sueltos que el escritor escribió en su viaje de 1959-60. Me llama la atención el texto titulado "Memorias de un automovilista". Calvino ha alquilado un coche junto con sus colegas Ollier, Pinget, Claus y la esposa de este para ir desde San Francisco a Los Ángeles. Los detalles son cotidianos: la marca del vehículo (Ford), los límites de velocidad, el problema del aparcamiento en L. A. Pero lo más llamativo es cómo explica el uso de las carreteras de un solo carril y las autovías o autopistas norteamericanas: El sistema de circulación en líneas paralelas [sic] en lugar del adelantamiento por la izquierda es mejor y menos peligroso que en Italia. Naturalmente en los tramos de carretera estrechos, con sólo dos carriles, el adelantamiento se hace como lo hacemos nosotros. Pero el problema está siempre en mantenerse en las líneas y si se cambia de lane, o sea de carril, hay que estar muy atentos por si alguien viene detrás. No se puede negar que las palabras de Calvino, sobre todo la referencia al peligro de los coches que vienen detrás, suenan hoy a perogrullada, pero evidencian que a finales de la década de los cincuenta muchos accidentes de tráfico en Italia (y España) se producían en los adelantamientos en esas carreteras simples. Sorprende ver qué poco han cambiado las cosas.
.....Lo mío con Calvino es amor ya viejo. Empezó cuando leí la trilogía Nuestros antepasados y se afianzó con Las ciudades invisibles y Todas las cosmicómicas. Creo que en España aún no se le ha prestado la atención que merece, aunque es meritoria la labor de Siruela, editora de la Biblioteca Calvino. Calvino me lleva a Pavese (en su caso fue al contrario: de Pavese a Calvino) y un italiano a otro: Dino Buzzati, cuyos cuentos no dejo de releer. Con Lampedusa me sucede algo extraño: leo sus relatos y siento que mariposeo en torno al recuerdo imborrable de El Gatopardo, de don Fabrizio Corbera, príncipe de Salina, una de cuyas frases todavía hoy, más de viente años después de mi lectura, sigue viva y chispeante, como las pocas nubes en esta tarde juliana que ya va en pos del ocaso: "El amor, fuego y llamas durante un año, cenizas durante treinta".
sábado 2 de julio de 2011
Necio jardín en la República de las Letras. A propósito de Cernuda
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Crítica literaria
.....He de decir, querido lector, que este preámbulo no es un desahogo personal, fruto de algún ataque furibundo contra mi modesta pluma. No. Viene a cuento porque he leído con verdadero deleite Luis Cernuda. Años de exilio (1938-1963), el segundo libro de Antonio Rivero Taravillo que corona la biografía del poeta sevillano, y, a la par que sentía admiración por el trabajo del biógrafo, me sorprendía la red de encuentros y desencuentros que la vida fue tejiendo en torno a Cernuda. Como lector siempre supe que JRJ era intratable, y era de esperar que el sevillano se topase con el moguereño, pero que tuviese encontronazos frecuentes con P. Salinas, J. Guillén, V. Aleixandre, E. Prados y otros muchos escritores, editores y profesores de distintas instituciones de enseñanza evidencia también (y en el libro de Rivero es de claridad asombrosa) que Cernuda fue pájaro arisco y no poco endiosado a cuenta de sus dotes poéticas. Es lástima cuánto enturbian los dimes y diretes y las cuchilladas de un endecasílabo (o el golpe seco de una epístola de acero) el horizonte siempre prometedor de la literatura. Es lástima que la admiración por el trabajo bien hecho (como el de Rivero Taravillo, rico y riguroso en tantos aspectos) no sea el sentimiento primero, sino que al corazón de muchos escritores y críticos suela acudir el otro par, la envidia-soberbia, y que muchas lecturas se hagan viciadas desde el principio por ese maldito apriorismo que descarta los aciertos y bucea, con saña y posterior maledicencia, en los defectos.
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