jueves, 6 de octubre de 2011

Si hay que escribir, se escribe, pero escribir por escribir...

Vivir de lo que uno escribe tiene sus servidumbres, como las tiene la política para el político "profesional", ese que, ayuno de oficio (aunque no de beneficios), se devana los sesos para mantenerse porque en ello le va el puchero. Si ya tener un trabajo es tener un tesoro en estos tiempos, escribir con ese respaldo es una bendición. Porque así podemos sentarnos a escribir cuando las palabras se agolpan y solicitan salir al campo de batalla, no cuando acucia la necesidad. No sé la vuestra, pero mi escritura tiene algo de cambio climático: tan pronto llueve en tromba, como asfixia el calor extremo. Y entiendo que esos períodos de abundancia o carencia se corresponden con los niveles de presión verbal. He aprendido a no escribir cuando no siento la picazón, y a hacerlo justo cuando el prurito empieza a manifestarse. Por eso me cuesta entender a los escritores que siguen a rajatabla una disciplina, que muchos justifican, por ejemplo, por el largo aliento que requiere una novela. Y aquí me pregunto si esa férrea aplicación la impone el material de investigación que es sustrato de muchas novelas. Si es así, lo comprendo, pero ¿y el flujo literario, ese que hace que dos palabras bien juntadas no sean lo mismo que juntar palabras? Ya sé que una novela son más cosas: una historia, personajes bien perfilados, una trama... en definitiva, un edificio que se levanta sobre un andamiaje complejo. Sin embargo, cuando falla el lenguaje literario, en dicho edificio se abren grietas y con las primeras lluvias ya se observan los destrozos. En estos días leo La vieja sirena, de José Luis Sampedro, después de haber dejado por aburrida la novela de Isaac Rosa, El vano ayer. Con Sampedro hay un gozo estético; con Rosa, no. Cuestión de gustos, lo sé, pues no todo el mundo busca lo mismo en la lectura. Quizás por eso cuando me preguntan (a mí también, Rosana) cuándo escribiré una novela, suelo responder con la frase que titula esta entrada, parodia de un célebre gag de Cruz y Raya: "Si hay que escribir, se escribe, pero escribir por escribir..."

(San Miguel en plena acción. Esquina de un edificio
en la calle homónima. Cádiz. Fuente: Silenos
)

15 comentarios:

montse dijo...

¿Y aquello de que la inspiración te encuentre escribiendo? ¿Con qué compararía el hecho de escribir?

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Montse, debe de ser algo parecido a salir de casa con la esperanza de encontrarse un billete de 500 euros. Lo más probable es que le sucede a otro.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Además, Montse, algún día tendremos que hablar largo sobre la inspiración.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Totalmente de acuerdo, Antonio. Y espero esas refelxiones sobre la inspiración. Yo adelanto una opinión al respecto: la inspiración, sin formación, no existe. O no vale para nada, que viene a ser lo mismo.
Un abrazo.

Susana Camps dijo...

Espero que ese día llegue pronto, porque me interesa mucho el tema. Yo tampoco encuentro billetes de 500 por mucho que recorra mi barrio con la cabeza gacha. Lo sigo intentando, eso sí (y compro la ONCE) pero encontrar, encontrar... Luego leo biografías que me dejan boquiabierta, pienso que los demás sí son prolíficos y que al fin y al cabo poco a poco se van haciendo un nombre.

Por otra parte, me acuerdo de una amiga que me decía: "¿y para qué quieres publicar, con todo lo que ya hay en el mercado?" Y tenía su razón, como la tiene la entrada de hoy.

En fin, que espero el siguiente capítulo de esta reflexión en la que yo no tengo nada claro. Abrazos.

AGUS dijo...

Me gusta pensar que escribir no es sólo el acto de sentarse y teclear. Quizá, también sea una actitud. Un estado de máxima alerta. Y esta actitud, puede discurrir a sus vez de una manera casi inconsciente. Leyendo un libro, bebiendo una copa de vino, mirando por la ventana... Nimios detalles que pueden ser preámbulo del acto en sí de escribir. Quizá, ésta actitud podría ser el trabajo rutinario del escritor. Y uno debe aprender a leer, a mirar, incluso a beber, para ejercitarla. Sin duda, un tema muy interesante que, como bien dices, nos llevaría a discutir acera de la inspiración.

Saludos.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Publicar no tiene nada de malo, Susana. Yo llevo veinte años haciéndolo en el terreno de la investigación universitaria y en los últimos años en este otro, el literario. Mi entrada quiere, simplemente, poner el énfasis en esta idea: los escritore/as debemos ser más humildes y no creer que todo lo que escribimos merece ir en letra impresa, porque muchas cosas no son más que meros efluvios sin interés. Un abrazo.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Agus, me gusta esa idea: "la escritura como un estado de alerta". Un abrazo.

Susana Camps dijo...

Ah, yo me refería a que no todos los títulos que se imprimen al año pueden ser buenos, y por tanto efectivamente había que pensárselo antes de mandar más fardo a la prensa. No veo contradicción con tu entrada. Mi duda en voz alta es si los muchos los que lo hacen (particularmente en literatura, lo de echar efluvios sin interés) no estarán andando algún tipo de camino, un camino distinto pero quizá no objetable.
Seguramente he mezclado el tema de la escritura con el de la edición (o la búsqueda de visibilidad) y no hacía falta, no sé, perdona. Un abrazo.

Alejandro dijo...

Si hay que comentar, se comenta, pero comentar por comentar...

Un abrazo, Antonio... y perdona que irrumpa con esta chorrada en tu blog, pero me la has dejado a huevo.

Paloma Hidalgo dijo...

Decía Ernesto Sábato que él escribía ficción para que le tomaran en serio, García Márquez lo hacía para sentirse querido, otros con nombres menos conocidos argumentan que escribir les ayuda a liberarse o a sentirse bien, o a demostrarse que son capaces de hacerlo. Escribir por escribir puede ser terapéutico, ya sea para uno mismo al quitarnos ciertos pesos, que aún sin entidad corpórea nos hunden emocionalmente, como para los demás, que pueden verse reflejados en dicha situación. Escribir sin más, nunca ha de serlo, es algo mucho más comprometido.

Saludos

Jesus Esnaola dijo...

A mí también me gusta lo que dice Agus, me siento identificado con ese estado de alerta, esa actitud ante la vida y los pequeños sucederes diarios. Al menos es cuando me siento así cuando me creo más escritor, no cuando me siento a intentar sentir lo que no me viene. Claro que en el mundo de la brevedad el sentimiento, "la verdad" de cada uno cobra una importancia que tal vez no tiene en otros géneros donde la planificación, la documentación, etc, cobran un protagonismo especial.
Al hilo de esta entrada, aunque sea de un modo tangencial y sin pretender defender una postura o enfrentarme a otra, me ha parecido interesante la entrada de hoy de Antón Castro cuyo enlace os dejo a los curiosos.

http://antoncastro.blogia.com/2011/100601-oficios-de-la-literatura.php

Te veo beligerante, Antonio. Gracias por remover.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Ya había leído la entrada de Antón. Y no es beligerancia, Jesús, es, como bien dices, deseo de remover, discutir, comentar... y aprender.

hugo dijo...

Hola Antonio:

Sigo pensando que de todas estas entradas, al final, obtendrás una teoría interesante sobre el microrrelato

La escritura...¿es sólo la escritura o la necesaria y previa actitud creativa? ¿es sólo la escritura o el contravlor estético de la palabra? ¿es la realidad cotidiana o la imaginación la que dispara la escritura en un sentido o en otro?

Máas allá que, personalmente, suscribo la frase que se le atribuye a Mallarme: "cada día un verso" y que yo convierto en cada día una frase y, si es posible, un párrafo, pienso que la escritura nace del conflicto que el escritor -generalmente no profesional- mantiene con la realidad. Alvaro Cunqueiro, allá por 1963, publicaba un artículo en la revista Grial, titulado "Inaxinación e Creación" Hay una frase que la tengo apuntada hace años -traduzco del gallego: "Toda realidad puede ser vulnerada en su mismo centro por la imaginación creadora que si lo es veraderamente, siempre es mágica". Es esa relación la que nos puede llevar a plantear´, por qué nuestra relación con el mundo se da siempre en términos de escritura y no de otra forma. Es más, por qué nos interesa siempre -o casi siempre- que la palabra sea transgresora y no condescendiente con la realidad; o por qué no podemos dejar de escribir, a pesar de no estar escribiendo. Supongo que la respuesta a toda estas preguntas las resuelve la intimidad de nuestra locura personal: pretender a través de la escritura abrir una brecha en la imaginación de un otro desconocido.
Kafka, al comienzo de su diario dice que quiere que su palabra sea "como el hacha en la nieve". Una imaginacen extraordinaria que define todo el acto de la escritura.

Fianlmente, si nos apartamos un poco de la metafísica de la escritura, cada vez que aparece el tema que tu planteas me remito a las cartas de Flaubert a Louise Colet -su amante y sin embargo amiga- mientras escribía "su Bovary". Nadie que lea esas cartas podrá sentirse ajeno de implicación si, realmente, le interesa la escritura como literatura. Una muestra: "cómo hacer un diálogo trivial que esté bien escrito"

Y, por supuesto, nunca confío en la inspiración: el texto -poético o narrativo- es trabajo y mucha transpiración, lo demás ya viene por añadidura

Si alguien escribe por escribir, por favor hay que le advertirle que puede darse una hostia, a pesar de estar haciendo mucha pasta, nocillas plagiadas y sombras ventosas.

perdón por la extensión, pero no puedo, sé que no puedo, hacer propósito de enmienda,

Antonio, gracias por estar sacando temas como este.

salut,
hugo

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Hugo, gracias por las citas, que ilustran este breve debate. Creo que no estaría mal hablar un día de la actitud creadora, si es previa a la escritura o se va desarrollando con ella; si se da por añadidura a todo el que coge un bolígrafo (o PC) o solo a quienes traen en los genes ese don; si la escritura debe ser necesariamente transgresora, como "modus operandi", o la justifica el simple hecho de despertar emociones. Por otra parte, el asunto da para más y prometo escribir (será por escribir) una entrada sobre la inspiración. Gracias a todos, amigos, por vuestros comentarios. Un abrazo.