El agua fluye muy deprisa si se la mira desde encima, pero demora su rodar sobre el lecho del fondo si la contemplamos con el ojo del puente. Porque el ojo es centro, lugar equidistante de las orillas, y se permite la licencia del arrobo, la indagación del misterio anegado. Tiene algo de Atlas, pues, si se fija uno bien, el ojo es hueco sostenedor de espacios comunicantes y sobre éstos descansa la bóveda celeste. Por eso en su seno el menesteroso se siente titán. El ojo del puente no se cierra nunca; ni siquiera parpadea. También de cíclope es su naturaleza.
(Imagen: Pont de la Concorde. París. Fuente: Silenos)
4 comentarios:
Hermosa estampa, Antonio, muy hermosa y sugerente.
Abrazos
Me ha encantado. Es un texto extremadamente bello.
Antonio, donde pusiste el ojo pusiste el texto.
Excelente.
Abrazo equidistante.
Sergio Astorga
Bellísima narración, con sutilezas y sorpresas. Cíclope, como yo. Abrazos.
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