sábado, 1 de octubre de 2011

El delito de escribir un microrrelato


Siendo yo estudiante de Filología Clásica en la Universidad de Sevilla, me preguntó un familiar lejano qué cosa estaba estudiando. Temiendo que lo de "filología" solo le sonara al afilador de cuchillos y que el adjetivo "clásica" ni siquiera le sonara a música, le respondí: "latín y griego". Se quedó pensativo un instante y añadió: ¿Y para qué estudias una cosa que se habla tan lejos? Algo parecido sucede cuando se te acerca un conocido alérgico a la literatura y le dices que, de vez en cuando, escribes microrrelatos. ¿Microqué...? No censuro tal desconocimiento en el profano; lo que sí es un despropósito es que el amigo, conocido o colega ducho en letras te espete: "¿Microrrelatos? ¡Ah! Es una forma de perder el tiempo como cualquier otra." Mas a este mismo interlocutor no se le ocurriría pensar que escribir novelas es una forma de perder el tiempo como cualquier otra. Ya lo he dicho algunas veces: en la brevedad del microrrelato está su cruz. Quienes escribimos microrrelatos somos unos escritores vagos, que nos dedicamos a esos "primorcicos" porque somos incapaces de emprender aventuras literarias de más calado y peso. Curiosamente no he tenido esta impresión cuando mi respuesta a la pregunta de qué escribo ha sido "poesía". Ahí la gente suele guardar silencio, quizás respetuoso, no sé, como cuando el sacristán de Divinas palabras soltó la frase final en latín y los vecinos enmudecieron y cesaron en el acoso a la despendolada Mari-Gaila. Pese a que hay estudiosos, como Valls, Lagmanovich, Noguerol y Andres-Suárez que insisten en que grandes de la literatura como Kafka, Cortázar, Borges, Juan Ramón Jiménez, José María Merino, Mateo Díez... han escrito microrrelatos, ello no conlleva ni mucho menos un marchamo de prestigio para esta forma narrativa breve. Lo contrario le ocurrió al género paremiológico: fue tenido por "cosa baxa", impropia del buen cultivador de la literatura, hasta que Erasmo de Rotterdam publicó sus Adagios y dio timbre de nobleza a toda forma paremiológica. La autoridad del "Príncipe de los humanistas" fue determinante. Las cosas han cambiado mucho. Quizás hoy tendría que salir a escena un Pérez Reverte o una Rowling afirmando que escribe microrrelatos para que se disipara la sombra de sospecha que recae sobre nosotros.

15 comentarios:

Jesus Esnaola dijo...

Alguna vez he pensado, Antonio, si no tendrá un poco de culpa la denominación microrrelato (o minificción, o cualquier otra de las decenas que subrayan la brevedad). Quiero decir que cuando uno escribe poemas, escribe poemas y luego estos serán más breves o más largos. Y si los escribe breves, no escribe micropoemas. Habría que buscar una denominación autónoma de los demás géneros, yo qué sé cuál, los que llevan tanto tiempo intentando ponerse de acuerdo en el nombre estarán maldiciendo contra mí.
Desde luego no se trata sólo de eso, pero creo que es una parte.
En todo caso hay una simpleza de pensamiento en creer que el tamaño importa, como si Usain Bolt corriera los 100 metros lisos porque es un gandul incapaz siquiera de plantearse hacer una maratón.
Reconozco que es un argumento que, de puro tonto, me siento incapaz de rebatir más que poniendo el mayor cuidado posible en lo que escribo, con mayor o menor fortuna.

Como siempre un placer pasar por aquí.

Jesus

Araceli Esteves dijo...

Pese a quien pese, muchos seguiremos siendo delincuentes.
Un abrazo

hombredebarro dijo...

Estoy de acuerdo con Jesús en que no hay escritores de microrrelatos, sino de relatos, más allá de cuál sea su extensión. Ceñirse a ser microrrelatista sería, creo, ceñirse a una moda.
Yo, Antonio, también estudié filología clásica. Pero he de decir que estando en 3º de BUP yo mismo confundía la filología hispánica con unas juventudes hispánicas que había por ahí, de más que probable filiación con la extrema derecha. Muy oportunamente un tío lejano me proponía que la mejor "salida" para un muchacho como yo era la guardia civil. Es lo que tiene salir "intelectual" donde sólo había habido braceros.
Un saludo.

AGUS dijo...

Me gusta pensar, en consonancia con los comentarios anteriores, que un escritor es siempre un escritor, elija el género que elija. A veces, un poema, un microrrelato, un cuento, dicen más que una novela. No creo que la extensión y el tamaño constituyan un criterio de calidad para evaluar la valía de una obra literaria.

Saludos.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Decía el poeta griego Calímaco que "un libro grande es un mal grande". Es evidente que la literatura no puede valorarse al peso, pero hay muchos que no parecen comprender esta evidencia. Yo he rechazado novelones por insulsos y, en cambio, releeo cuentos y microrrelatos que me han gustado. Quizás, como dice Jesús, la denominación no le beneficia, porque sugiere pequeñez antes que relato.

hugo dijo...

Hola Antonio:

Si a esta entrada le añadimos la que hiciste hace mes y medio sobre la selección de microrrelatos de El País, tenemos el inicio de una interesante "teoría"
sobre el microrrelato. O un "microensayo" sobre el "microrrelato".

Sin duda, el microrrelato tiene en la extensión su gloria y su cruz.
Siempre he pensado que centrar el análisis en el "micro" y no en el "relato" es un error. Todo ello genera una discusión en la que es muy fácil caer de cuatro patas ( no es tu caso, pòr supuesto, no me malinterpretes). Me parece que la confusión, en la mayoría de los casos, nace de esa urgencia por nombrarlo todo y descuidar el concepto de lo que se denomina. Una vez que algo puede ser nombrado existe. Es una posibilidad legítima, pero que a mi no me convence. Por ejemplo si observamos la estructura narrativa de cualquier mito griego, estamos ante un microrrelato. Es más, cada mito solía acomodarse a una determinada ciscunstancia concreta, tal como lo investigó Graves, con lo cual tenemos dos elementos interesantes: la concreción y, sin duda, la transmisión oral que implicaba una mínima estructura narrativa.

El problema del microrrelato es que la denominación tiende a desjerarquizarlo como instancia narrativa solvente. Es un asunto que, hasta que no se abra camino en lo que, hace tiempo, mucho tiempo,se solía denominar
"horizonte de expectativas" tendrá una difícil travesía del desierto. De todos modos, sigo pensando que en el desconcierto -tanto en la recepción crítica, como en la individual- es parte de su vitalidad y de su futuro como género específico.

Finalmente te dejo dos cosas: Una, el 29 de septiembre, en Barberá del Vallés, en Barcelona, se inauguró una Microbiblioteca. Hecho que, por supuesto conoces, porque tu blosss está enlazado. Es un hecho histórico nada menor

Otra. ayer, en el tren de Vilanova a Barcelona, me encontré en el asiento un papel cuyo texto transcribo literal: "Señyores y señoritas soy madre de tres niños no tengo trabajo mimarido esta enfermo de corazon no tengo dinero para medicamento por favor ayudame con moneda mucha gracias". El hallazgo entraña ya un microrrelato y el texto mínimo puede convertirse en un interminable folletín decimonónico - o quizá no tan antiguo- . ¿Qué pinta en todo esto la extensión? Evidentemente, poco.

y no me enrrollo más,

salut,
hugo

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Totalmente de acuerdo, Hugo. Llama la atención que ya se esté utilizando el término "microrrelatista", cuando, que yo sepa, a quien cultiva relatos no se le llama "relatista" (y "cuentista" ya sabemos el sentido peyorativo que implica). Yo también creo que la insistencia en marcar terminológicamente la brevedad tiene sus consecuencias. Gracias por tu comentario y un abrazo.

Paloma Hidalgo dijo...

Nadie se rasga las vestiduras si un experto en microbiología nos mete el miedo en eel cuerpo hablando de las cepas de a gripe con las que este años nos vamos a encontrar. No hay revuelo alguno si un físico habla de microsegundos- e incluso nanosegundos- en foros de sesudos investigadores. La microscopía se ha erigido como una de los mejores aliados del progreso médico,
Sin embargo un microrrelatista a juicio de muchos lo es porque su capacidad de hilar un relato tradicional es nula, o simplemente, porque prefiere utilizar la ley del mínimo esfuerzo. Craso error, un microrrelato puede encerrar una macrohistoria, del lector depende que se quede nadando en la superficie o coja las gafas de buceo y se adentre en sus profundidades.
Ha sido muy agradable leer esos comentarios con los que me siento profundamente identificada.

Saludos de una microrrelatista más.

Http://unlibroesunjardndebolsillo.blogspot.com

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Bienvenida, Paloma. Un abrazo.

Víctor dijo...

Totalmente de acuerdo, Antonio. Sólo añadir un apunte a Jesus. La madrileña Ajo escribe poemas (?) brevísimos y sí les cambia el nombre: los llama "micropoemas". Te dejo un enlace con su segundo libro:

http://www.arrebatolibros.com/es/wp-content/themes/arrebato/iBooks/AJO_micropoemas2_4ed.pdf

montse dijo...

A mí me da la sensación de que el término microrrelatista es usado en defensa propia por aquellos que no quieren reconocer que es un género en alza. Ya ha pasado otras veces con otras cosas. No hay ni es nada nuevo. Y ese mismo comportamiento, en su intento de minusvalorarlo ejerce un efecto contrario. Una mala novela debe generar mucho más tiempo perdido que un buen microrrelato.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Gracias, Montse, por tu visión. Un abrazo.

Rosana Alonso dijo...

Lo que más duele es cuando gente cercana que te aprecia, quiere y conoce te dice: Pero...¿cuando vas a escribir un anovela? ¿o al menos un libro de relatos ?

Y con eso lo digo todo...

Sigamos escribiendo como si nada...

Un saludo cordial

Juji dijo...

Yo he tenido que escuchar: ¿Por qué escribes tan "cortito"? pero hace unos días publiqué en mi Blog un relato un poco más "larguito" y la misma persona me dijo: Uf! demasiada letra, no tengo tiempo de leer tanto.
Ver para creer.

Un saludo.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Esta claro, Juji, que esa persona tenía que opinar, hicieras lo que hicieras. Un saludo.