lunes, 8 de agosto de 2011

Un poema a Quevedo para un premio


Recientemente he participado en el XXXI Certamen Internacional "Francisco de Quevedo" que convoca cada verano la Orden Literaria Francisco de Quevedo. Me animé a hacerlo en la modalidad (son tres) Francisco de Quevedo, que requería que el poema tratase sobre el poeta y no fuese inferior a 50 versos. Desde el principio estuvo en mi memoria Francisco Umbral y, en buena medida, a él debo esta participación. Porque en una entrevista le preguntaron cuál era el mejor poeta vivo y Umbral respondió, sin pestañear, "Quevedo." Con la idea de esta pervivencia y la singularidad del poeta, compuse un poema plagado de reminiscencias de su obra, como no podía ser de otra manera. Lo entendí como un juego literario, y lo hice en octosílabos porque Quevedo tiene algún que otro romance sonado, como el de los Infantes de Carrión. Dado que el premio ya ha sido fallado y el poema ha quedado libre de todo compromiso, lo dejo aquí para los lectores de Silenos.


¡AH DE LA VOZ PERDIDA!

¿Quién se atreve a lastimar
hoy con verdades amargas,
a trenzar burlas misóginas
con pullas acanalladas,
a blandir nasal hipérbole
y cornudas carcajadas,
si en todas partes abunda
tal corrección que estomaga?
.....
¿Quién las gestas de rufianes
agita tan de mañana,
embridando los caballos
con correaje de sátira,
jinete zumbón que monta
cabalgadura de jácara,
si faltan voces certeras
y llueven voces cifradas?
.....
¿Quién acrecienta el caudal
con docta pluma afilada
del río que nunca muere
del agua griega y romana
─héroes y dioses desnudos,
musas y ninfas se bañan─,
si en el páramo presente
hasta el ruiseñor espanta?
.....
¿Quién exhibe su dominio
en versos varios y mañas,
lo mismo con redondillas,
que con décimas de plata,
sonetos y madrigales
y letrillas deslenguadas,
si los poetas ya no sienten
esta música callada?
.....
¿Quién iguala aquel romance
sobre el terror en la estancia,
cuando la zarpa leonina
pone en jaque las gargantas
de don Diego y don Fernando,
infanzones de la caca,
si en lo moderno germina
la virtud de la ignorancia?
.....
¿Quién del amor y su queja
dibuja tan fiel estampa,
señalando en las heridas
la hendidura que desangra
y en el sol que nos alumbra
la femenina semblanza,
si por su ausencia refulge
toda pasión encarnada?
.....
¿Y quién retar hoy podría
ley tan severa y malvada,
lanzando al negro Aqueronte
el resplandor de la llama,
ceniza viva que siente,
polvo que de amor abrasa,
si sabido es que la muerte
sepulta toda esperanza?
.....
Así que pasen los siglos

quintuplicando las almas
y vates de todo verso
conformen gran caravana,
en liza con sus canciones
de enigmáticas palabras,
no habrá voz que alcanzar pueda
la estela de su prestancia.

(Quevedo en el retrato del pintor José Madrazo)

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