sábado, 13 de agosto de 2011

La banalización del microrrelato

No es la primera vez que escribo sobre los límites del microrrelato, ni creo que sea la última, pues de esta forma narrativa breve no solo me interesa la praxis, sino también la teoría. Lo hago como cultivador del género (en cursiva como prevención), no como especialista, que para eso ya están, entre otros, Fernando Valls, Irene Andres-Suárez y Francisca Noguerol, y estaba hasta no hace mucho David Lagmanovich. En esta ocasión me anima a reflexionar de nuevo la iniciativa estival de El País Semanal, consistente en la recepción y publicación cada semana de "los mejores microrrelatos" sobre un tema propuesto: los placeres del verano (yo creía que sobre tal asunto ya estaba todo dicho y dibujado por el maestro Forges, pero veo que no es así) en 140 caracteres. He leído las piezas de las dos entregas semanales (es de suponer que mañana, 14 de agosto, sale la tercera) y no he podido evitar la sensación de que por este camino el microrrelato acabará estrellándose. Veamos.
.....Es cierto que en verano todo se adelgaza y banaliza, pero la banalización que está padeciendo el microrrelato viene de antes y no conoce estaciones. Como le ocurre a veces a la poesía, en la brevedad del formato parecen estar su cara y también su cruz. Dicha brevitas se convierte en el mayor acicate para su práctica, que viene estimulada además por la rápida difusión en revistas, periódicos y vías digitales diversas... A su vez parece haberse convertido en opinio communis que en el microrrelato ha de haber necesariamente alguna chispa, a modo de aguijón epigramático. Iniciativas como la de El País y otras en forma de certámenes que promueven editoriales o instituciones están contribuyendo a la falsa impresión de que escribir un microrrelato es cosa fácil. El problema no es tanto que el tema venga impuesto (yo mismo he sucumbido alguna vez a estos cantos de sirena, si bien con pronto arrepentimiento), sino que quienes seleccionan dichos "mejores microrrelatos" no sepan diferenciarlos de un chiste, una frase ingeniosa e incluso un escrito plano que no aporta nada, y que, al darles el marchamo de la imprenta, transmitan a quienes los escribieron y a quienes los leen después la certeza de que esos textos son microrrelatos, y de los mejores. Así la cadena de la banalización sigue su curso, con el beneplácito de medios peridíosticos de prestigio y gran tirada. Añadase a todo esto lo que para mí resulta más pernicioso: la nula exigencia de calidad literaria. Y que nadie me diga que en pocas palabras no se puede alcanzar un mínimo de excelencia lingüística y brillo conceptual (hay cientos de endecasílabos en la poesía española que lo demuestran). Si de este mal adolecen numerosas obras que saltan cada día a los escaparates literarios, muchas de ellas escritas por nombres de relumbrón, la escasa o nula calidad literaria puede convertirse en el microrrelato en un mal endémico, si no nos andamos con ojo. He aquí algunos ejemplos lo suficientemente ilustrativos, que tomo de El País Semanal del 7 de agosto, pp. 14). Prefiero no comentarlos para que lo hagáis vosotros:
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1. Septiembre siempre aparece en el horizonte veraniego como una nueva oportunidad.
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2. Cada verano era lo mismo: una maleta llena de expectativas que antes o después acabaría en el contenedor de la desilusión.
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3. Mis pies mojados de sal, paseando a la orilla del mar. Encontré una caracola, me susurraba canciones calladas de cuna.
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4. Pensó que venían los extraterrestres, pero era mejor que eso: lo que tiraban desde los aviones eran balones de playa.
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5. Maremoto: ¡Ola! Y adiós.

[Addenda: véanse las perlas que publica hoy, domingo 14 de agosto, el susodicho Suplemento, calificadas como de "alto nivel"]

29 comentarios:

Jesus Esnaola dijo...

Suscribo punto por punto lo que dices, Antonio. Los
ejemplos que aportas son demoledores. Después de leer algo así yo tampoco volvería a considerar el microrrelato.

norberto luis romero dijo...

Como Jesus, lo mismo. Pero también podría agregar que la banalización no sólo viene de propuestas como la de El País, creo que empieza por la poca autoexigencia de alguno o muchos o pocos, microcuentistas (y no estoy generalizando). Pero una vuelta por algunas páginas web especializadas pueden albergar verdaderos chascarrillos en boca de renombrados microcuentistas.
Abrazos

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Muy de acuerdo, Norberto. Solo si hay nivel de autoexigencia en quienes lo cultivan se podrá exigir calidad a los demás. Un abrazo.

Gemma dijo...

Totalmente de acuerdo, Antonio. El diario El País, aparte del mencionado concurso, también publica en la revista de verano una sección titulada Nanorrelatos que fomenta parecidos resultados: la banalización del género.
Un abrazo

Susana Camps dijo...

Creo que no estoy en desacuerdo ni con una sola coma. A mí también me admiran las selecciones de calidad de concursos y periódicos, me desencantan o me indignan, por momentos. Pero ¿no es el mal de la época? ¿Es que hay alguna "autoridad" en escuelas, gobierno, artes...? ¿Alguien sabe lo que era saber? Bueno, yo sí creo en algunas personas, como los especialistas que has destacado, pero en general estamos huérfanos de reconocimiento desde hace mucho tiempo. Más que nada porque eso allana, iguala y facilita el camino a unos y otros.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Gemma, pues hoy trae el Suplemento una nueva remesa de "alto nivel". Insufrible. Sí, Susana, es síntoma de los tiempos, dondo todo se trivializa: el esfuerzo, el conocimiento, la honestidad... Abrazos.

Jordi Masó Rahola dijo...

Estoy muy de acuerdo contigo, Antonio: a mi también me parecieron terribles los microrrelatos de El País. No se trata ya de la "calidad literaria" (que es un concepto a menudo subjetivo) sino de que los microrrelatos que has seleccionado no parten de la premisa básica que debe cumplir necesariamente cualquier "microrrelato": relatar una historia. Pero también coincido con Norberto: muchos microrrelatistas reconocidos también tienden a veces al chiste fácil...

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

De acuerdo, Jordi, pero la calidad debe ser la aspiración de todo el que escribe con intención literaria. No me voy a un extremo, pero hay un justo medio que debería ser al menos el punto de partida. Hay textos en los que se evidencia que no ha habido el más mínimo trabajo de depuración. Gracias por tu comentario. Un abrazo.

Aurora Pimentel Igea dijo...

En fin, sin comentarios. Siempre me ha parecido un género difícil´y que demanda mucho trabajo.

Fernando Valls dijo...

Antonio, Norberto, Jesús, Susana, todos, me uno a vuestra queja, pues estoy completamente de acuerdo con lo que decís. No debería extrañarnos, por tanto, que escritores o críticos poco informados desprecien el género, si la única información que tienen sobre el asunto es la que les proporciona el diario El País. En fin. Saludos.

Hansel en Baviera dijo...

Pero sí únicamente El País nos quisiera hacer comulgar con micros de molino... pero basta con leer el relato veraniego del tal Carlos Cai, para ver que también intenta hacernos colulgar con macros. Una desfachatez! Pero, insisto, más deberían currárselo los propios autores. (Y lo hago extensivo a todos los géneros).

E. G-Máiquez dijo...

Yo también firmo la queja hasta las comas. Y me alegra mucho ver el respaldo a esta entrada.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Gracias, amigos, por animar este debate en pleno agosto. Es preocupante la imagen que se da (y no solo desde los medios, como insiste Norberto) de un microrrelato. Es cierto, como dice Joan, que la calidad literia puede ser subjetiva, pero también hay un código, como lo hay en la en una obra de arte, que da una dimensión distinta al relato. Si el célebre dinosaurio de Monterroso no se disparase en varias direcciones, no se hubiese hablado (ni escrito) tanto de él. Lo que está ocurriendo con el microrrelato ya hace tiempo que lo padece la poesía: una mera línea detrás de otra no basta para que exista el poema, si no hay un lenguaje poético, evocador, capaz de conmover. Y del mismo modo que hay una "poesía de tarjeta y postal", habrá, mucho me temo, microrrelatos de "tarjeta y postal". ¿Es eso literatura?

Jesus Esnaola dijo...

El tema es complicado y, posiblemente, está fuera de nuestro alcance, sólo como tertulia veraniega. Algunas veces he pensado qué podríamos hacer los escritores y se me ocurre que tal vez deberíamos adoptar posiciones teóricas con más frecuencia. Porque Antonio tiene razón, literatura no es todo, pero no lo es menos que no todo texto en prosa es un microrrelato. Los textos con que ilustras la entrada no sólo son malos, es que no son microrrelatos. Por eso es tan importante la labor teórica de los autores que citas y yo creo que sería importante que los autores relizáramos una labor divulgativa y de difusión y formáramos parte del debate de una forma más beligerante, como has hecho tú, Antonio, en esta ocasión.
Si esperamos que los medios de comunicación o muchos de los concursos que no son más que generadores de visitas en paginas web nos pongan en nuestro sitio me temo que seguiremos siendo, y cada día más, los enanos del circo.

Iván Teruel dijo...

Este es el mejor ejemplo de la enorme fuerza que adquieren las razones bien argumentadas. Extraordinaria exposición de esta especie de marea negra que empieza a extenderse por diferentes medios en torno al microrrelato. Y no solo se banaliza el micorrelato como género, sino todo lo que le rodea. A este respecto recomiendo la última entrada del blog de Hugo García Saritzu (http://velltalp.blogspot.com/2011/08/el-borrador.html) que apunta en una dirección parecida desde otro ángulo.

Antonio, gracias por verbalizar con tanta precisión lo que muchos venimos detectando desde hace tiempo. Ante los ejemplos que ofreces, solo hay dos opciones: o no opinar o resultar muy desagradable al hacerlo. Lamentablemente esa es la deriva que está tomando todo.

Un saludo.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Gracias, Jesús e Iván por estas últimas aportaciones. Leeré esa entrada que señalas, Iván. Un abrazo.

Elèna Casero dijo...

Yo solo soy una aficionada a escribir microrrelatos pero, leyendo los publicados por El Pais semanal me he quedado sorprendida del criterio seguido por el "jurado".
Estoy completamente de acuerdo con el punto de vista expuesto. Creo, sinceramente, que alguien más entendido que yo debería
exponer su queja. Puede que la idea sea buena, pero el resultado es negativo para el futuro del microrrelato.
Saludos

Puck dijo...

Creo que es un debate complejo que encierra muchos otros. Por un lado el concepto de microrrelato, en el que estoy de acuerdo en que no entra todo. La cantidad de palabras no es lo único que debe tenerse en cuenta. Pero luego está el tema de la "selección" de El País. ¿y si lo seleccionado es lo mejor de lo enviado?. Además uno de los objetivos de convocar algo como esto es mantener o incrementar la atención de los lectores a quienes se intenta ofrecer que es posible, fácil, ver tu "micro" publicado. No deja de ser un gancho. En todo caso, buen tema para reflexionar.
Saludillos

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Gracias, Enrique, Elena y Puck por enriquecer el debate. Un brazo.

Esteban Dublín dijo...

Antonio:

Muy útil este artículo para comprender que el género (en cursiva también) va hacia una banalización con iniciativas como las de El País. Es más, cuantas más iniciativas haya así y más personas sigan escribiendo chistes o frases que de ingeniosas no tienen nada es microrrelato acabará enterrado en el olvido y absolutamente relegado de un panorama literario respetable.

Un abrazo.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Gracias, Esteban, y bienvenido.

Víctor dijo...

Llego tarde, pero no permaneceré callado, Antonio. Totalmente de acuerdo con tu queja. Si queremos que el microrrelato ocupe el lugar que le toca, debemos autoexigirnos calidad. Calidad en lo que leemos y calidad en lo que escribimos.
Muchos de los textos que inundan la red (y alguna que otra antología) no es que sean malos, o que no tengan calidad, o lo que sea; simplemente no son microrrelatos. Como muestra, los botones que apuntas. No todo texto corto es un micro, ni todo conjunto de frases rimadas es un poema, ni todos los brochazos son obras pictóricas de arte.
De acuerdo, se banaliza el microrrelato. Pero... ¿sólo el microrrelato? ¿No hay también una banalización de la poesía, o de la novela, o del aforismo?
No sé, quizás lo más sensato sea la exigencia, hacia uno mismo y hacia los demás. Y la sinceridad, cómo no.
Abrazos, y agradecido de participar en este debate veraniego.

Rosana Alonso dijo...

Como acabo de llegar, y después de leer minuciosamente la entrada y los comentarios. Solo puedo decir que estoy de acuerdo en lo expuesto.
Se me ocurre que además de la denuncia valiente de esta trivialización (gracias Antonio) como bien apuntan algunos comentaristas podemos poner nuestro granito de arena, no participando en algunos concursos de este tipo que suelen estar pensados para mayor gloria de los que lo organizan o en los concursos que empiezan con seriedad y criterio y pierden ambas cosas en pos del cuanto más mejor.
Luego ya a nivel personal siendo honestos y autoexigentes con lo que escribimos y publicamos en nuestros blogs, los ajenos o revistas.

Muy buena reflexión.

Un abrazo Antonio

Gotzon dijo...

Puedo estar de acuerdo en que el jurado no se ha molestado mucho en analizar los textos enviados a la hora de seleccionar los que ha publicado, pero (como participante del concurso) he leído textos (en twitter) que si reunen calidad como para estar ahí...

Pienso que si lo que se busca es un concurso de chiste fácil no hay más que cambiar el título del certamen. Pero claro...no le daría ese aire moderno que supongo que es lo que buscan en el País... (y en muchos otros certámenes)

Pero, más allá de la calidad de los textos etc... a mi me sirven como "entrenamiento" por ejemplo para condensar historias en 140 caracteres... (cosa nada fácil)

(Ah, Gracias por no traer el texto que me seleccionaron, jajaja)

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Gotzon, bienvenido. No dudo de que, entre los miles (tres mil, recuerdo haber leído) de textos recibidos los habrá de calidad, pero, como bien dices, es muy discutible que muchos de los seleccionados sean microrrelatos. Esa sigue siendo la clave: delimitar de manera clara si no lo que es, al menos lo que no es. Y un aforismo, un chiste, dos líneas de presunta poesía... no lo son, porque le faltan dos elementos esenciales: relato y tensión narrativa. Y yo también escribo microrrelatos como ejercicio de contención. Es una práctica de escritura estupenda. Un saludo.

hugo dijo...

Hola Antonio:

Ante todo muchísimas gracias por haberte pasado por mi bloss invitándome a una visita por aquí -creo que es la primera vez que lo hago- y después pedirte disculpas por llegar tarde.

Parafraseando la consigna de los indignados acerca de la democracia, podríamos afirmar que "lo llaman microrrelato y no lo es".
Sin duda lo que publica El País Semanal es lamentable y tal como bien dices tú, por ese camino el microrrelato puede estrellarse.
¿140 caracteres dan para mucho más? Supongo que sí, pero "con la extensión hemos topado". Y ése es un tópico que, en "brevísimo" tiempo, se ha convertido en un lastre para el microrrelato. Pienso que en una narración -y el microrrelato lo es,¡¡vaya si lo es!!- lo primero que ha de mandar es la historia, es decir, "tener algo que contar" y luego, por supuesto, unas pautas de organización de la estructura del texto -tensión narrativa, tensión dialógica, extensión, punto de vista, referentes objetivos, etc., etc, etc,- Es decir, la extensión es una pauta más dentro del texto y nunca puede convertirse en el eje central de una narración. ¿Qué en el microrrelato la extensión se ha de ponderar? Sin duda ¿Y que generalmente se acepta el límite de una página como borde y frontera? Vale. Pero, de ahí, afirmar que el microrrelato, sobre todo, ha de ser breve, significa comenzar la casa por el tejado -y alguna antología que todos tenemos en mente, se confeccionó con ese criterio-.

Si el malentendido sobre la extensión es un riesgo de futuro, el otro, sería confundir el microrrelato con el chiste, el chascarrillo, la ocurrencia o simplemente el texto ingenioso. En estos, casos lo central no es la historia y ni la estructura, lo central es... el autor!! Esta especie de narcisista onanista despacha con malos modos al texto, porque el protagonista es él y sólo él. Si ello además supone tropecientosmil comentarios laudatorios y otros tantos seguidores o que El País Semanal lo coloque como “ganador de la semana” estaremos, pues, ante un/a escritor/a chachi piruli de la muerte que pide editorial importante, entrevista en “Bobelia” y "nocilla" que lo crió.

La banalización. Pienso que no está sólo en el microrrelato, sino en la cultura en general lo cual refleja un asunto social de una gran calado ideológico.
No porque lo haya dicho Hannah Arendt, pero si el mal se puede banalizar, si a la muerte se la despoja de toda dignidad, si la política se futboliza, si se habla con un código cada vez más pobre y empobrecedor, si la escritura ha pasado a ser, casi esencialmente, lenguaje SMS y se ha delegado la imaginación a la consola y el videojuego. Pero, sobre todo, si el paso por la escuela es el largo camino al fracaso escolar y la frustración social ¿qué podemos esperar que suceda en la cultura? Hablar de educación de la sensibilidad, hoy en día, suena a krausismo trasnochado, pero aún así lo seguiré sosteniendo.
La banalización, en definitiva, no es más que la castración de la conciencia crítica y la carencia de esta conciencia garantiza la hegemonía social, el poder y el patrimonio de la violencia de una determinada clase social, garantiza la aculturización y la desculturización de una gran masa social por parte de la clase que detenta el poder. Franco afirmaba que no era necesario un ministerio de Educación y Cultura “porque para eso ya está la Iglesia”.

Pero si nos ceñimos a la banalización del microrrelato me parece que, más allá de lo anterior, es también síntoma de un desconcierto de la crítica y de los críticos. El problema, el grave problema, reside en que se generalice como idea o noción -¡¡no hablemos aún de concepto!!- que el microrrelato “es” lo que publica El País Semanal y no lo que hiciera Max Aub, Monterroso -¡¡sin Minotauro, por favor!!- o Los Males Menores, de Mateo Díez o los últimos textos de Merino.

Y hasta aquí llego,
Antonio, te pido disculpas a ti y a tus lectores por la extensión del comentario, pero hay casos en los que no sé, ni puedo ser breve y este es uno.

Un abrazo,
Salut,
Hugo

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Bienvenido, Hugo, y gracias por tu reflexión. La veintena larga de comentarios (y otros tantos en Facebook gracias a Jesús Esnaola) demuestran que el asunto interesa y preocupa. Un abrazo.

Rubén Rojas Yedra dijo...

¡Buenas!

Llego un año tarde al debate, pero me parece que aún hoy sigue candente.

Partiendo de la base de que en general suscribo los comentarios anteriores sobre la calidad, banalización y delimitaciones del género, creo que todavía se puede añadir algo.

Un concurso masificado (de radio, prensa) admite necesariamente textos de todo tipo, incluyendo los que no están "suficientemente trabajados". De acuerdo que de aquí apenas se extrae literatura. Sin embargo, del relato ganador y finalistas, aunque el jurado se componga de periodistas o de personas con formación no literaria, ¿no se podrían extraer detalles eficaces y/o de buena literatura?

Creo que al "superar" a los demás textos y ganarse a los receptores (del jurado) en una pugna en igualdad ese texto merece una revisión detenida. Quizás tiemble el canon o quizás no, pero casi siempre representarán un uso engrasado de los mecanismos de la microficción. No acabo de creer que no supongan el más mínimo motivo de aprendizaje.

Saludos a todos.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Bienvenido, Rubén, aunque, como bien dices, un poco tarde. No creo que ninguno de los visitantes de entonces vuelva por esta entrada. No se trata de echar por tierra los concursos (yo mismo he ganado el del Basar de Montcada), algunos de los cuales cumplen bien su función, sino la idea generalizada de que un microrrelato es poco menos que un brote ingenioso. En muchos concursos se fomenta (y premia) esto.
Un saludo.