jueves, 21 de julio de 2011

Quisiera poder escribir...

"Esta angustia de cielo, mundo y hora". Suenan los "Sonetos del amor oscuro" de Lorca en la voz y música de Amancio Prada. Me acompañan desde hace tiempo ("con oscuro gemido un año entero"). Sonetos de límites desdibujados, de hemistiquios repetidos, si se quiere, pero que no distorsionan la lectura del texto, pues voy sin sobresalto de Prada a la edición de Áltera (con epílogo de Jorge Guillén) y del texto a la canción. Habré leído los poemas una docena de veces, habré escuchado este disco dos docenas o más, y siempre me sucede lo mismo: percibo con absoluta claridad mi pequeñez, vuelta en admiración siempre, ante la metáfora sublime, en eclosión constante del poeta granadino. Hay versos de amor memorables e irrepetibles, como aquel cierre de soneto magistral de Quevedo (quizás lo mejor que se ha escrito en la poesía española): "serán ceniza, mas tendrán sentido, / polvo serán, mas polvo enamorado." O como estos lorquianos de imágenes turbadoras, sobre los que pende una peligrosa "voz de penetrante acero". Quisiera poder escribir, al menos una vez en la vida, versos como estos, pero para ello ha de estar dispuesta a visitarme, "en un anochecer de ruiseñores", una Musa que no es de este mundo.

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