domingo, 24 de julio de 2011

Las otras ocupaciones estivales

El verano también trae sus ocupaciones. No, no me refiero a las tareas de bricolage demoradas durante el curso; tampoco a la limpieza del trastero, de las persianas o del interior del coche. Hablo de ocupaciones mentales, porque el verano, con sus soles esplendentes, su espuma deseable y sus disputadas sombras, genera vapores que reactivan (o enturbian, según se mire) el intelecto. "Pienso, ergo es verano" sería la fórmula adecuada, si bien sé que a muchos de mis lectores esto le parecerá onamismo mental con agravante de altas temperaturas. Sin embargo, pocas veces al año reflexiono tanto como en estos días anchurosos, de horizontes desdibujados por la calina, aunque este ejercicio a veces se me revuelve con sus espinas. Mi mujer lee el manuscrito de un libro de relatos que este otoño me publicará la editorial sevillana Paréntesis y, en la zozobra de la duda, espero su juicio, un simple gesto de aceptación, porque esta vez el editor lo ha leído antes de que ella diera su imprimatur. Aunque este libro no es solo de microrrelatos, sentencia: "No dejes de escribir micros". Recibo un mensaje de una experta en microrrelatos para pedirme tres de mi Fuera pijamas que quiere incluir en una antología de Cátedra. Me echo en sus brazos virtualmente y, al poco, me pregunto: ¿y los relatos del nuevo libro, no pasan el examen de suficiencia? ¿Y mis versos, que este verano fluyen de nuevo, serán una nadería sin alma? Es evidente que estas cuestiones son hijas de una susceptibilidad sobrevenida frente al mar del verano. Mas la cosa es más grave. Leo Seis propuestas para el próximo milenio de Italo Calvino y Cartas y poesías mediterráneas de Byron en la hermosa edición de KRK, y me asaltan nuevos interrogantes: ¿se someterá alguna vez un escrito mío al magisterio de estas conferencias de Calvino que la muerte repentina le impidió dictar en Harvard? ¿Podrán alguna vez mis versos exhalar el aroma del viejo Mediterráneo que buscó Byron en su grand tour de 1809-1811? Miro por la ventana, veo el mar inmenso y de nuevo me visita el recuerdo de Juan Ramón Jiménez ("Para olvidarme de por qué he venido..."). Miro de nuevo por la ventana y me acuerdo de mis muertos de este año, que son ya muchos, y hago un esfuerzo para que la Negra pase de largo y no se instale en mis versos, que ahora es como instalarse en el salón de mis pensamientos. A la caída de la tarde refresca y me siento mejor. Vamos paseando al pueblo y tomamos una cerveza muy fría. Acaso sea el momento de la jornada en el que dejo a un lado estas ocupaciones estivales y me enredo en la planificación de otras domésticas: el arreglo del collar que se ha roto, el repaso con silicona a la junta del baño, la sustitución de los cojines de las sillas de la terraza, decolorados por el sol... Pero la cerveza también exige versos y me veo, sentado en la terraza del bar, buscando las palabras precisas en la imagen de los mástiles, en el tintineo de las jarcias, mientras el aire húmedo empuja hacia nosotros risas y voces que nos suenan, como el vuelo de los vencejos, de otros veranos. Y huyen hacia el lado de poniente las ocupaciones, dejando estos versos:


EL PUERTO

La mirada impasible de los mástiles
nos reúne al abrigo del verano.
La tarde se acomoda en las terrazas,
sedienta de sutil conversación.
Vuelan risas y voces
y el aire las acoge tembloroso,
igual que el niño un beso prematuro
en la penumbra cómplice de un cine.
Tintinean las jarcias con temblor
de música en las cuerdas,
la luz empalidece lentamente,
dejándose la piel en los cristales.

4 comentarios:

Eduardo Flores dijo...

Antonio, de verdad, tu blog se me hace más interesante por cada entrada que leo. Sigue así.

Por cierto, yo también me sumo a ese no dejes de escribir micros. Pese a que no soy demasiado aficionado al género, los que te he leído me han parecido geniales.

Un saludo.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Gracias, Eduardo, eres muy generoso. Por cierto, una selección de las mejores entradas del blog aparecerán dentro de unos meses en la colección Álogos de la editorial Isla de Siltolá. Un abrazo.

Jesus Esnaola dijo...

Me uno a esa exigencia, no digo petición, de que no abandones los micros. El microrrelato te necesita y yo, como lector, también. Eso no quita que esté deseando leer ese libro de relatos que te va a editar Paréntesis y que nos convertirá en compañeros de editorial, me alegra mucho. En octubre editará también mi primer libro, de micros.

Abrazos, Antonio.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Algo había leído, Jesús. Me alegro mucho. Así podremos hacer intercambio de estampitas. Enhorabuena.