miércoles, 6 de julio de 2011

Julio, Italo Calvino y otras plumas italianas

Trae julio los calores de siempre, redoblados por la sensación de que arriba la capa de ozono apenas resiste y abajo somos nosotros los que no resistimos esta caída al pozo sin fondo de la crisis. Para colmo, en la ciudad-barco en que habito sopla demasiado a menudo el levante, que en estas fechas es como un beso desértico, de labios agrietados. Hay arena en los ojos del mediodía, de ahí que andemos de espejismo en espejismo.
.....Leo el "Diario norteamericano" de Italo Calvino, incluido en el libro Ermitaño en París. Páginas autobiográficas. Son notas y comentarios sueltos que el escritor escribió en su viaje de 1959-60. Me llama la atención el texto titulado "Memorias de un automovilista". Calvino ha alquilado un coche junto con sus colegas Ollier, Pinget, Claus y la esposa de este para ir desde San Francisco a Los Ángeles. Los detalles son cotidianos: la marca del vehículo (Ford), los límites de velocidad, el problema del aparcamiento en L. A. Pero lo más llamativo es cómo explica el uso de las carreteras de un solo carril y las autovías o autopistas norteamericanas: El sistema de circulación en líneas paralelas [sic] en lugar del adelantamiento por la izquierda es mejor y menos peligroso que en Italia. Naturalmente en los tramos de carretera estrechos, con sólo dos carriles, el adelantamiento se hace como lo hacemos nosotros. Pero el problema está siempre en mantenerse en las líneas y si se cambia de lane, o sea de carril, hay que estar muy atentos por si alguien viene detrás. No se puede negar que las palabras de Calvino, sobre todo la referencia al peligro de los coches que vienen detrás, suenan hoy a perogrullada, pero evidencian que a finales de la década de los cincuenta muchos accidentes de tráfico en Italia (y España) se producían en los adelantamientos en esas carreteras simples. Sorprende ver qué poco han cambiado las cosas.
.....Lo mío con Calvino es amor ya viejo. Empezó cuando leí la trilogía Nuestros antepasados y se afianzó con Las ciudades invisibles y Todas las cosmicómicas. Creo que en España aún no se le ha prestado la atención que merece, aunque es meritoria la labor de Siruela, editora de la Biblioteca Calvino. Calvino me lleva a Pavese (en su caso fue al contrario: de Pavese a Calvino) y un italiano a otro: Dino Buzzati, cuyos cuentos no dejo de releer. Con Lampedusa me sucede algo extraño: leo sus relatos y siento que mariposeo en torno al recuerdo imborrable de El Gatopardo, de don Fabrizio Corbera, príncipe de Salina, una de cuyas frases todavía hoy, más de viente años después de mi lectura, sigue viva y chispeante, como las pocas nubes en esta tarde juliana que ya va en pos del ocaso: "El amor, fuego y llamas durante un año, cenizas durante treinta".

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