sábado, 30 de julio de 2011

Del "yo" al "tú" diluido

Hablo mucho de mí porque soy el hombre que tengo más a mano. Considerar esta declaración de Unamuno como un signo de egocentrismo intelectual es errar el disparo. Para el escritor, el filósofo, el hombre preocupado por la existencia humana no cabe otra forma de percepción del mundo que aquella que tamiza el yo, y no es posible conocer a un yo ajeno mejor que al propio. Aquí debía de hablar sobre todo el Unamuno filósofo, pero también el poeta. ¿Qué es la poesía sino un ejercicio constante de introspección, un intento de armonizar lo externo y lo interno a través de un lenguaje preciso y certero? En literatura el yo está presente siempre, incluso cuando se oculta en la sombra de los demás pronombres personales. La segunda y la tercera personas son ficticias en tanto que son subsidiarias del autor, que es el yo primario. Y otros usos evidencian igualmente imposturas, como el "uno", que envuelve el texto en una vaga indefinición personal pero, a la postre, no logra zafarse de yo al que sustituye. ¿Por qué ese uno va a ser mejor que el yo al que suplanta? Tampoco el llamado impersonal escapa al influjo de la primera persona. Cuando decimos: No puedes aceptar corruptelas en tu familia y luego denunciarlas en los demás, estamos hablando de un principio moral del yo proyectado en un diluido que se expande hacia un colectivo, hacia una persona indefinida. Así pues, en literatura el yo es sustancia primaria y las demás personas son imposturas del yo. Para el escritor italiano Carlo Emilio Gadda esta omnipresencia de la subjetividad resultaba exasperante, según leo en una cita recogida por Italo Calvino:
........el yo, yo... ¡el más asqueroso de todos los pronombres!... ¡Los pronombres! Son los piojos del pensamiento. Cuando el pensamiento tiene piojos, se rasca como todos los que tienen piojos... y en las uñas, entonces... se encuentran los pronombres: los pronombres personales.*
.....Por eso cuando escribo al comienzo de un relato: El hombre busca el sendero conocido..., siento indefensión, la misma que el niño que se adentra solo en una espesura desconocida.

(* Italo Calvino, Seis propuestas para el próximo milenio, Madrid, Siruela, sexta ed., 2005, p. 111)

2 comentarios:

L.N.J. dijo...

Hola, Antonio.

Vengo del blog de nuestro querido José Miguel. Me gusta mucho las dos entradas que habéis propuesto al respecto.

Le he dejado un pequeño comentario, y como bien digo, es un tema que me interesa muchísimo.

Gracias, volveré un poco más informada.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Bienvenida, L.N.J.