martes, 5 de abril de 2011

Los Ory que conozco

Este es el breve texto con el que contribuí al homenaje a Carlos Edmundo de Ory que se hizo en Cádiz en diciembre pasado:


LOS ORY QUE CONOZCO


Lo sabemos hace tiempo: cuando un poeta se va, se quedan los pájaros cantando sobre la luna negra de un pozo blanco. Ory fue -es- negro sobre blanco, peregrina noche fugaz errático bulto inmenso y sombrío, pero también leche blanca y heno. Ory es -fue- ausencia y canción, cuerpo de niño psíquico en el aire inexistente de un cajón vacío, mas también jinete audaz en los caballos raros del lenguaje. Ory fue -será- amor y disensión, amante corrompido de flores, preceptor de muchachas castas que besan con las puertas y los labios encendidos, pero también un loco con permiso divino que escribió sobre una hoja de papel con una mancha en su virginidad. Estos son los Ory que conozco, los que sobreviven al canto de los pájaros, voces del hombre Carlos Edmundo que se fue mitad soñando y otra mitad dormido.

1 comentario:

Gemma dijo...

Ory era también pura magia blanca, con su melena de plata desordenada.
Yo lo conocí en Calaceite, en casa de Pilar Gómez Bedate y, con él, pasamos unos días inolvidables, de juego y maravilla y creación en estado puro; días desnudos de todo artificio, para ir en zapatillas.
Me ha gustado mucho tu texto, Antonio.
Un abrazo caluroso
(PS: Acaso también fuera un ser puro, de los pocos que deben de quedar por el mundo.)