jueves, 14 de abril de 2011

"Nulla dies sine linea", guiño de Monterroso a Apeles

Cuenta Plinio el Viejo que el pintor griego Apeles se aplicaba al trabajo con tanta disciplina, que todos los días pintaba, al menos, una línea. Hoy, después de pensar qué escribir en este exiguo cuadro que el blog nos brinda como cuartilla (en el que caben exactamente doce líneas en el tipo y tamaño de letra que uso), me he acordado del proverbio latino, Nulla dies sine linea, y he constatado lo difícil que es a veces escribir una línea que no merezca de inmediato el pase a perpetuidad a la papelera. Hay, sin embargo, quienes convierten en oro una línea porque están tocados por la gracia de la brevedad perdurable. Es el caso de Augusto Monterroso. Su dinosaurio, de sobras conocido, se pasea a sus anchas por la Glorieta Miniatura, donde, según José María Merino, habitan "los relatos diminutos que no permiten ver el bosque inmenso de la ficción pequeñísima". Pero Monterroso también dejó en aquel jardín una línea en homenaje de Apeles:

Nulla dies sine linea

Envejezco mal -dijo; y se murió.

Tienen además estas perlas satíricas de Monterroso la extraña virtud de provocar un caudal de comentarios y críticas sesudas inversamente proporcional a su extensión, como sucede con el dichoso dinosaurio. Y no es de extrañar, si se analizan algunos de sus valores. Por ejemplo, el título anticipa la poética de su narrativa breve (es el introito teórico) y la línea, el relato (átomo de relato) se ofrece como la flor palpable y fragante de la praxis. Añádase a esto el logro de la concatenación de hechos en el relato: la despedida, casi estertor, de ese envejezco mal, que preludia y explica (como causa que es) la muerte repentina. Y añádase también que en solo seis palabras y tres signos de puntuación (por cierto, su justa mitad en términos matemáticos, con lo que ello puede tener de cabalístico) se pasa de la primera persona, el protagonista, a la tercera, la del narrador, lo cual dota de absoluta credibilidad la historia, ya que, justo en el eje que marca el guión, el hombre o mujer ha muerto y ya solo es posible oír la voz de quien nos informa del triste suceso.
Después de esto, ¿a qué vengo yo a escribir una línea que sea al menos de interés? Los Monterroso son la escuela literaria del pintor Apeles, la prueba más notoria de que un artista es capaz de hacer arte con muy poco. Poquísimo. En fin.



Imagen: "La calumnia de Apeles" (1495), de Sandro Botticelli

2 comentarios:

Las hojas del roble dijo...

Siempre me gustó la imagen del tipo de los pelos.
Un gran abrazo, querido Antonio

Antonio Serrano Cueto dijo...

Te devuelvo el abrazo redoblado, amigo Julio.