domingo, 20 de febrero de 2011

Poesía y prosa en estos fríos invernales

A veces la poesía se nos muestra esquiva, distante, huidiza como pez en las manos. Ocurre que un verso asoma tímidamente, tantea el aire que lo espera y, quizás por no encontrarlo a su antojo, desaparece por algún resquicio engañoso del día. Y el fugaz regusto que deja se parece a la sombra migratoria de las aves de invierno. No sucede lo mismo con la llamada de la prosa, porque su naturaleza es muy otra, más pesada, más apegada a los polvos de la tierra. Una historia, por muy fragmentaria que se ofrezca, deja una tarjeta de invitación que, si es menester, fácilmente podemos guardar y releer más tarde, pues sus indicaciones seguirán allí en espera de respuesta. No sé qué razones tienen los versos para darse poco y exigir tanto; tampoco sé si la pronta entrega de un relato es tan falsa que, a la postre, se mudará en desconcierto y mentira. En cualquier caso, he descubierto que, cuando se me escapa un verso, necesito la música para mitigar esa orfandad. Hoy, domingo ya caduco de febrero, escucho en mi estudio el acordeón magnífico de Richard Galiano y el clarinete de Michel Portal.

(Detalle de la fuente de los cuatro obispos, de Joachim Visconti,
en la Place Ste. Sulpice. París. Fuente: Silenos)

2 comentarios:

Balovega dijo...

Buenas noches..

Pasaba por estos lares y entre a saludarte y leerte... ha sido un placer..

Saludos de bellos sueños y bella semana

Araceli Esteves dijo...

Hermosas y acertadas reflexiones a pesar de los carámbanos.