sábado, 26 de febrero de 2011

Ahora todos son tiranos...

Ahora todos son tiranos. De ayer a hoy. Tiranos de Túnez, de Egipto, de Libia... Ayer, en la víspera del clamor popular, no eran tiranos todavía. Llevaban años amasando una fortuna a costa de la pobreza de su pueblo, años de política despótica y nepotismo vergonzante, años de represión de toda disidencia, pero no eran tiranos todavía. EEUU y la UE dicen ahora que son tiranos, que hay que congelarles las fortunas familiares y estrangular su poder autocrático. Y, como por arte de metamorfosis ovidiana, la prensa mundial, las televisiones y todos nosotros, antes tan ajenos, vemos con claridad que son unos tiranos que solo merecen el exilio o, incluso, la muerte.

* * *

Mientras eso acontece en las regiones de la arabía, en Sevilla, cristiana y casi primaveral, hay preludio de azahares. Anoche, por San Lorenzo, los costaleros del Gran Poder cargaban un armazón de madera que prefigura, en materia y espíritu, el paso verdadero. Imagino lo que debe de costar a un recién llegado de otras tierras entender que aquello no era más que un ensayo, que la gente guardaba respetuoso silencio porque en Sevilla se hace apología del silencio al paso de las imágenes, aunque sea
in absentia.

* * *

Ando en estos días acabando
Brillan monedas oxidadas (muy logrado oxímoron), de Juan Eduardo Zúñiga. Hay algo en el lenguaje de Zúñiga que brilla más que sus monedas, porque, con ser memorioso, no lo ha vencido la pátina del tiempo. Campaneros, chalanes, sacristanes, estudiantes y otros especímenes humanos en situaciones turbadoras, a veces en espera angustiosa de un destino inexorable, como el que vislumbra Pascuala en "Conjuro de marzo", quizás el más inquietante de todos los cuentos. No puedo evitar sentirme seducido y admirado cuando un escritor maneja con maestría literaria la lengua. Cada vez son menos, frente a una gran turba de escritores que creen que basta con saber sumar a un sujeto su verbo y su complemento directo. Leer, por ejemplo, a Álvaro Cunqueiro, o a este Zúñiga de esplendor maduro es siempre una lección placentera y provechosa.

(Gadafi, tirano libio, antes y ahora)

2 comentarios:

Araceli Esteves dijo...

Tienes toda la razón.No hace mucho que Bono dijo a Obiang que había más cosas que le unían que que les separaban. ¿ Hasta cuándo?
A mí esa hipocresía me repugna.
Un abrazo

Paco Velázquez dijo...

¡CUÁNTA RAZÓN DICES!
¿Cuánto tiempo llevan en el poder y qué se ha hecho?
Pero claro, hay otros intereses... económicos, energéticos... ¡Ay si no fuera por ello, si fueran países pobres qué pronto saldrían a liberar al "pueblo oprimido"!