sábado, 28 de agosto de 2010

Un poema para despedir agosto


TIEMPO DE AFRENTAS

Viene un tiempo de afrentas,
que no será callado ni discreto
como solía serlo
en las tardes de júbilo.

El tiempo que nos viene
hiere, sacude, merma, pulveriza.
Destripa los ayeres
a golpes de crepúsculo.
De nada nos valdrá saber por viejos,
de nada esgrimir torpes armaduras.

Viene un tiempo de afrentas
contra todo coraje de vivir.

martes, 24 de agosto de 2010

Un microrrelato de amor filial


MORS INTERRUPTA

Vine acá porque -me dijeron- mi padre se moría cada tarde. Alguien me lo dijo con reservas, como si temiera que yo me afligiese con la noticia. Conociendo sus extravagancias, no me extrañé lo más mínimo de que hubiese convertido su muerte en un folletín por entregas. Si vine acá es porque me dijeron que la plaza se llenaba de indígenas y foráneos que esperaban turno para ver el espectáculo. Pero, ya ve usted, llegué tarde. Mi padre -me dicen- prosigue con su gira por otras ciudades.

(Imagen: tumba de Alejandro Dumas.
Cementerio de Montmartre. París. Fuente: Silenos)

martes, 17 de agosto de 2010

Estampas de Cabo de Palos: Soles menguados


Soles ya menguados éstos de agosto que se abrazan, resistentes, a los mástiles del verano. El mar, antes terso, se va quebrantando por Poniente. Dice un viejo pescador que el horizonte ha descendido varios palmos en pocos días y que, si elevamos la mirada, podremos ver cómo la cola del ocaso aún serpentea al otro lado.


(Fotografía de Silenos)

sábado, 14 de agosto de 2010

Estampas de Cabo de Palos: Entre el cielo y el mar


Le dijeron que entre el cielo y el mar se consume la insignificancia del hombre. Se tomó su tiempo para entenderlo. Y quedó esta bonita estampa.

(Ampliad la foto para ver cuánta insignificancia)

miércoles, 11 de agosto de 2010

Un microrrelato sobre los encuentros


DOS EXTRAÑOS SE MIRAN

....
De su primer viaje a París, Alberto Guzmán se trajo un pensamiento que creía propio y singular. Sentado en un banco de Las Tullerías, lamiendo las excrecencias de un helado de turrón, cruzó la mirada con una joven que caminaba con una carpeta, y se dijo: Esa mujer pasa por delante de mi vida sólo en este instante, y al punto desaparece para siempre. Como pasó para siempre aquella que esperaba el metro en el andén, o el joven que ocupó un asiento cercano al mío en el autobús, o el hombre al que pregunté, en la desorientación de la ciudad recién descubierta, por la dirección de un restaurante. Son rostros aislados, objeto de una visión única y perecedera, eslabones sueltos que se pierden porque carecen de vínculo con otros instantes de la memoria.
......Más o menos articulado así, Alberto Guzmán fue exponiendo su pensamiento a cuantos amigos y conocidos se encontraba, y todos, admirándose de su tan repentina incursión en la filosofía de lo efímero, aplaudieron que supiera fijar con palabras la percepción que, de un modo u otro, ellos también habían tenido en situaciones semejantes. Sucedió entonces que Alberto Guzmán dejó de ser el padre de la criatura y el pensamiento, que canalizaba la inquietud de la gente por la fugacidad de los encuentros entre desconocidos, circuló de boca en boca, de calle en calle, de ciudad en ciudad y hasta de país en país. Y hoy, cuando dos extraños se miran por primera vez, de inmediato se acercan, se saludan y hablan un buen rato.

(Museo del Louvre. Fuente: Silenos)

domingo, 8 de agosto de 2010

Los fantasmas de internet


Con puntualidad asombrosa, a las 00,00 horas, justo en el gozne del ayer y el hoy y del hoy y el mañana, Matías recibe en su blog el mismo comentario-advertencia de su esposa Adela:
.....- Matías, cuídate de los fantasmas de internet.
Y todas las noches Matías teclea la misma respuesta:
.....- Adela, querida, veo que no has cambiado nada: sigues con las mismas aprensiones que en vida.

(Mimo en La Rambla de Barcelona. Fuente: Silenos)

Anoche soñé, insólita ilusión...


....Anoche tuve un sueño con ribetes literarios y guiños surrealistas. No sé si el culpable de ese gazpacho es este abandonarse a las olas, o el hartón de ibuprofeno y analgésicos que me estoy dando desde hace tres días por mor de una muela muy dolorosa. La historia, según la recuerdo a esta hora de la mañana, es como sigue.
....
.....Acababa yo de regresar de una estancia de varios meses en el extranjero y venía con otra luz en el rostro y algo de olvido de antaño. Ya en casa, no tardó en ponerse en contacto conmigo un joven editor, para comunicarme que mi cómic estaba casi a punto de ir a la imprenta, pero faltaban algunos detalles. Corrí a la editorial ilusionado con la salida de un libro que no recordaba haber escrito o, mejor dicho, ilustrado. Según el editor, como yo había dejado los globos en blanco, ya que los textos estaban en un archivo aparte, y tampoco había dado instrucciones para saber a quién le correspondían qué palabras, ahora debía proceder a darle voz a los personajes. Me fui de allí confuso por tan extraño parto. Lo único que se me ocurrió fue telefonear a un amigo y preguntarle si sabía si, antes de irme al extranjero, yo había terminado y entregado en la editorial un volumen de cómic. No sólo me respondió que era todo todito mío, sino que me devolvió una clave que supuestamente yo le había entregado para la correcta ordenación de los diálogos: MANTEQUILLA. Cada una de las letras -me explicó- correspondía a uno de los personajes, cuyo nombre empezaba por dicha letra (Maltuz, Antistes, Numenio... y así). Comenzando por el primer texto y siguiendo este orden de manera circular, cada globo iría llenándose con las palabras asignadas. Aunque sabía algo más que al principio, seguí deambulando por la calle sin reconocer a los personajes, y cada vez más asustado de que aquello hubiese salido de mi huerto y yo no lo reconociera ni con pistas. Casualmente me encontré con un matrimonio amigo y caí en la cuenta de que él era hombre ingenioso, perito en la conversación, y le pregunté si él era mi guionista. Pero no. Seguí en busca del misterioso colaborador que me sacase de aquel atolladero, cuando sentí repentina sed y entré en un bar. Sentados en la barra había dos viejos de aspecto abandonado bebiendo vino. Ella tenía las gafas de miope y los labios finos de la mecanógrafa que ha dedicado más de cuarenta años a dictarse el propio guión de su vida. Me acerqué y le pregunté si era ella, al fin, mi guionista. Los dos me sonrieron sin decir palabra. Entonces la vieja le pidió al camarero que les llenara las copas del mismo moscatel. Cuando el joven les demandó señalando las botellas abiertas cuál era la marca que estaban bebiendo, la vieja respondió:
.....- Esa, esa, la que pone NOLOTIL.

jueves, 5 de agosto de 2010

Otro microrrelato médico


UNA ENFERMEDAD CON ALAS

.....Después de escuchar atentamente las correrías del pequeño Edipo, y visto el aleteo persistente en su estómago a través de una ecografía, el médico se quitó las gafas, miró a la madre, luego al niño y luego de nuevo a la madre, y sentenció:
.....- Señora Yocasta, este niño tiene entomofagia galopante. Lo de menos es que haya acabado en una sentada con los panales de abejas de Aristeo y con todas las moscas de la isla del señor Golding. Ni siquiera es grave que se haya zampado de golpe a la hormiga y a la cigarra, ni tampoco al pedante de Pepito Grillo, que bien lo merecía. Lo que sí es preocupante es que cada vez demandará bocados más grandes. Váyase usted, señora Yocasta, y compruebe si tiene algún capullo en su casa. Aún estamos a tiempo.

(Imagen tomada de lacomunidad.elpais.com)

martes, 3 de agosto de 2010

Un microrrelato para desmayarse


MEDIDAS PREVENTIVAS

......La primera vez que me desmayé, estaba cenando vichisoise en casa de mis padres. Sentí un apagón entre los ojos y, según me contaron después, caí de cara en el plato sopero. Yo no sentí nada, porque, como he dicho, estaba en pleno desmayo, pero más tarde me desperté en el hospital con quemaduras en la nariz y en los párpados que me han dejado estas cicatrices testimoniales.
......La segunda vez que me desmayé, estaba conduciendo y hablando por el móvil en un auto de choque en la feria de mi pueblo. Sentí el mismo apagón entre los ojos, acompañado de los compases de la canción del verano y, según me contaron después, mi cabeza se torció hacia la derecha como un pene flácido, justo en el instante en que dos autos arremetieron contra el mío por ambos flancos. Me desperté en el hospital con múltiples contusiones y una dolencia cervical que se acentúa cuando me siento al volante.
......La tercera vez que me desmayé, estaba participando en un concurso de natación en la piscina municipal. Sentí el mismo apagón entre los ojos y, según me contaron después, me hundí despacio, hasta que mis brazos y piernas en cruz se adhirieron a las baldosas celestes del fondo. Me desperté en el hospital con pesadez de estómago y ruiditos en los pulmones. Desde entonces vivo con un fastidioso gorgoteo visceral.
......Cada desmayo en activo me ha dejado terribles secuelas, y temo que esta extraña enfermedad me depare nuevos episodios en el futuro. Por ello tomé hace meses la firme determinación de pasar el resto de mis días en pasivo, sin salir de la cama del hospital. Así me ahorro los viajes en ambulancia y me lo cuentan todo de primera mano. Sólo espero no desmayarme durante las visitas que me hace por las noches Alfredo, mi dulce enfermero, por más que ambos perdamos el conocimiento.

lunes, 2 de agosto de 2010

De escribir, borrar y los espacios intermedios


Si algo tengo en estos días, es tiempo para escribir. Pero el tiempo no basta. Ni siquiera basta una idea, por muchas bondades que regale en el saludo. Lo preciso, lo imprescindible es la satisfacción de lo escrito, un pájaro extraño que cambia de plumaje según el clima, la luz o la hospitalidad de la rama en que se pose. Por culpa de este pájaro hoy he desechado, roto o tirado al sumidero del PC cuanto ayer me pareció decente (en el sentido etimológico del término: "apropiado"), y me temo que parte de lo que hoy he estimado digno, mañana será hoja caduca, pasto de las llamas de agosto. Lo mismo que un cirujano no abre dos veces el mismo cuerpo, tampoco un juez juzga dos veces el mismo caso. ¡Qué poco valor damos a los espacios intermedios, al entretanto, al interludio, al ínterin..., pero ahí es donde siempre nos jugamos el tipo!

Orihuela en las Calendas de agosto


En la mañana de estas Calendas de agosto, tórridas en la Vega Baja del Segura, visitamos Orihuela. Como en el "Lamento Borincano" de Caetano Veloso, "todo está desierto, el pueblo está muerto..." O, como en Ferragosto italiano, tutto chiuso, más por agosto que por domingo. Buscamos la casa-museo del poeta, más casa, con su patio, su huerto y su higuera, que museo. Poca noticia nueva encuentra el visitante que ha leído un poco de y sobre Miguel Hernández. Establecimiento austero, de corto recorrido, aunque de impecable presencia. Digna de mención es la labor apasionada de Manuel Terres, que recibe al visitante en la salita-comedor y lo introduce en lo esencial de este espacio. Y si se tercia, conversa sobre otras cuestiones de interés. Hablamos, por ejemplo, de Agustín García Calvo y sus tertulias en el Ateneo de Madrid, bajo el tórrido sol oriolano. Ahora que estas Calendas ya empiezan a menguar, pienso en ese Sijé "muerto como del rayo", y sigo estremeciéndome por la lectura de una de las tres elegías inmensas de la literatura española. En Orihuela, su pueblo y el nuestro.

(Pozo del patio de la Casa-Museo de Miguel Hernández. Fuente: Silenos)