sábado, 29 de mayo de 2010

Ferias del Libro: lustre y susurro


Trae la primavera, ya mediada, una nueva Feria del Libro, que es la misma y es distinta según plazas y fuentes. En Cádiz, por ejemplo, es fortaleza, baluarte de casamatas almenadas que miran al mar. Allí poetas, narradores y ensayistas aprestan su munición en pos de efímeras victorias. Toda feria es lustre, pero no toda feria necesita voces que aireen la mercancía. Tratándose de libros, millones de palabras entintadas ya susurran virginalmente tu nombre.

viernes, 28 de mayo de 2010

Esperas, temores y sorpresa


Ando como niño asustado y expectante ante la publicación, después del verano, de mi primer poemario (Sevilla: Isla de Siltolá) y de mi primer libro de microrrelatos (Montcada-DeBarris). La vida universitaria (y la otra, la de verdad) me ha enseñado a ser paciente y, sin embargo, hoy me asalta una suerte de inquietud que no imaginaba. En estos días preparo mi intervención en un tribunal de tesis doctoral, escribo el prólogo para otra que se editará en breve, avanzo en una monografía y en una conferencia... y todo eso me parece liviano comparado con los dos libros que nacerán pasados los calores. Ando como niño asustado, quién lo diría, a una semana de cumplir 45 añitos. Pero como la vida se me ha vuelto caprichosa en sus azares, antes de terminar esta entrada, al activar el enlace con la web de la editorial sevillana, me entero de que acaba de salir el número 2 de la Revista Isla de Siltolá, que incluye dos poemas míos. Esta otra espera, que yo había omitido, ha devenido gratísima sorpresa (y más miedo). Gracias, Javier, una vez más, por tus desvelos en beneficio de la poesía.

jueves, 27 de mayo de 2010

El hombre menoscabado


Las mordidas nunca vienen solas. A la que nos espera en la nómina de junio, se me ha unido otra más sustancial, corpórea, en mitad del abdomen. No, no se trata de caricias eróticas. Hace tiempo que me desperté una mañana como el lobo que quiso comerse a los cabritillos, con un peso pétreo en las entrañas. Poca cosa. Pero hasta las cosas crecen y se multiplican. Todo ha salido (nunca mejor dicho) bien, pero hoy me siento un hombre menoscabado. Eso sí, algo más ligero.






(Portada de "Los cabritos y el lobo" de Calleja. Fuente: www.todocoleccion.net)

domingo, 23 de mayo de 2010

Diez microrrelatos embrionarios y una imagen

Para Herman,
experto en microrrelatos de contadas palabras

Llámense como se quiera: microrrelatos brevísimos, microrrelatos embrionarios y, por tanto, desplegables, o simplemente naderías vespertinas de domingo. A gusto del lector que frecuenta estos Silenos. Queda uno pendiente, el nº 11, para el que os ofrezco la imagen. Nótese que una mosca pretende desayunar a mi costa. Escribid vuestras propuestas:


1. El verdugo arrepentido me persiguió calle abajo para devolverme la cabeza.

2. Desde ayer por la tarde mi madre no respira, y a mí se me está acabando el aire aquí dentro.

3. Desperté sobresaltado: me habían robado el sueño violentamente.

4. Mi amante abrió la boca, sacó la lengua y pegó amorosamente mi último sello.

5. Cuando el cirujano me había abierto en canal, tembló la tierra. Ahora que el efecto de la anestesia está pasando, supongo que alguien vendrá a retirarme todos estos cascotes.

6. He atrapado a 5000 amigos en mi red social. Pronto empezaré a devorarlos.

7. Ámame antes de que amanezca y la oficina se llene de nuevo.

8. Debajo de mi techo, alrededor de la lámpara, duerme cada noche enroscada mi mortífera vecina.

9. En el desierto apenas quedaba arena. Me dieron algo de agua en el piso piloto.

10. Desde que nos han puesto ordenadores aquí abajo, ya nadie sale a jugar al escondite entre los cipreses.

11. Propuestas recibidas:

La mosca vestida de café intentó esconderse en la taza. Desapercibido, desde la maceta, la hice presa de mi larga lengua. (Propuesta de M. Fabiana Calderari).

Oferta del día: CHOCOLATE CON MOSCA, TRECE EUROS (Gemma Pellicer).

Pantagruel, al ver la mosca haciendo ejercicios natatorios en medio del chocolate, le dijo: ¡Agárrate, que vas de vieje! (Juan Yanes).

¡Cielos, una mosca en la taza del chocolate! Dijo mosqueado el hombre mosca, espantándose así mismo. (Juan Yanes).

Hasta en mi desayuno apareces, !zorra! (Ángeles).

¿Para qué puñetas sirve un microrrelato?


¿Para qué puñetas sirve un microrrelato? ¿Para qué puñetas vale un poema? Hoy me he levantado con el eco persistente de estas cuestiones, que no son propias, pero sí demasiado frecuentes en las bocas ajenas. Imagino que es como preguntar para qué sirve detenerse a contemplar en el campo un escuadrón de hormigas en pleno ajetreo, o para qué vale inspirar con el empeño de oler la resaca matutina del mar después de una noche de tormenta. Lo cierto es que a veces incluso a quienes procuramos mantenernos lejos del pragmatismo literario nos asaltan dudas. Porque con el menoscabo del tiempo, el tiempo se vuelve más preciado, y en mucho de lo que hacemos surge sin remedio la sensación de pérdida, de vana ocupación que resta ocupación a proyectos más provechosos. Es posible que muchos de vosotros os hayáis preguntado en algún momento si realmente al elegir (¿se elige como se elige la barra de pan o un hotel en París?) la forma de vida, no estabais renunciando a otras mil formas acaso más certeras. A veces tengo esa impresión, cuando hago cómputo de lo mucho que he dedicado al estudio y la lectura, y no puedo evitar que ello repercuta sobre la tarea literaria, recuperada después de años de silencio. Ahora tengo en prensa (Montcada-DeBarris, Barcelona) un libro con ochenta microrrelatos, al que he dedicado más de dos años, y un poemario fruto del último trienio (Isla de Siltolá, Sevilla), amén de algunos microrrelatos en un próximo libro editado por Fernando Valls y un par de poemas en el número 2 de la Revista Isla de Siltolá. Y, sin embargo, lejos de estar feliz por este extraño (por novedoso) parto múltiple, no puedo evitar una cierta desazón, como si temiera que en esos escritos no estuviera el yo que soy, sino el yo que busca, indaga y persigue con inquietud no sabe qué, el yo que se cuestiona, después de escribirlos, para qué puñetas sirve un microrrelatos y para qué puñetas vale un poema en esta vida de renuncias y elecciones.

(Parque de San Donato, Lovaina. Fuente: Silenos)

viernes, 21 de mayo de 2010

Cruce de móviles


Regreso del trabajo caminando, sufriendo el calor sobrevenido a lomos del levante. A pesar de que habla bajito (rara avis), a medida que me aproximo por detrás al señor de camisa húmeda, siento que me estoy adentrando en terreno ajeno, privado. Para no escuchar lo que no puedo evitar oír, intento pensar en otra cosa: en la putada de haberme convertido en juanetero con los años, por ejemplo; o en bikinis y pareos, ahora que la playa extiende sus dominios fuera de la arena. Apenas he adelantado al susodicho, oigo que dice "pero yo soy..." Y en ese mismo instante, con sincronía terrorífica, viene de frente un grito rotundo: "¡Javier, joder!". Quizás el embrujo playero me ha impedido advertir que hacia nosotros caminaba ya cerca otro individuo parlante, mayor en edad, si bien menor en corpulencia que el primero. Y me marcho con la impresión de que ni siquiera en los asuntos más insignificantes podemos controlar el destino, y que los móviles son aparatos que hemos inventado para complicarnos mucho más la existencia.

jueves, 20 de mayo de 2010

Hablemos de indecencias


Me hacen llegar este escrito con el ruego de que siga circulando. Dado que parece que por fin algo se está moviendo en este país para denunciar en todos los foros posibles el derroche de dinero público en manos de los miles de políticos, politicastros y sus amigotes, le presto esta humilde pantalla. Y que siga su ronda:


Ha dicho la Vicepresidenta del gobierno que es indecente que mientras la inflación es -1%, los funcionarios además de tener plaza fija, tengan una subida salarial del 5% (gran mentira por cierto). Objetivo: congelarles el sueldo.

Me gustaría transmitirle a esta Sra. lo que considero indecente.

INDECENTE es que el salario mínimo de un trabajador sea de 624 €/mes y el de un diputado de 3.996 pudiendo llegar con dietas y otras prebendas a 6.500 €/mes.

INDECENTE es que un catedrático de universidad o un cirujano de la sanidad pública ganen menos que el concejal de festejos de un ayuntamiento de tercera.

INDECENTE es que los políticos se suban sus retribuciones en el porcentaje que les apetezca, (siempre por unanimidad, por supuesto, y al inicio de la legislatura).

INDECENTE es comparar la jubilación de un diputado con la de una viuda.

INDECENTE es que un ciudadano tenga que cotizar 35 años para percibir una jubilación y a los diputados les baste sólo con siete y que los miembros del gobierno para cobrar la pensión máxima solo necesiten jurar el cargo.

INDECENTE es que los diputados sean los únicos trabajadores (¿?) de este país que están exentos de tributar un tercio de su sueldo del IRPF.

INDECENTE es colocar en la administración a miles de asesores (léase amigotes con sueldo) que ya desearían los técnicos más cualificados.

INDECENTE es el ingente dinero destinado a sostener a los partidos aprobados por los mismos políticos que viven de ellos.

INDECENTE es que a un político no se le exija superar una mínima prueba de capacidad para ejercer su cargo (y no digamos intelectual o cultural).

INDECENTE es el coste que representa para los ciudadanos sus comidas, coches oficiales, chóferes, viajes (siempre en gran clase) y tarjetas de crédito por doquier.

INDECENTE es que sus señorías tengan seis meses de vacaciones al año.

INDECENTE es que sus señorías cuando cesan en el cargo tengan un colchón del 80% del sueldo durante 18 meses.

INDECENTE es que ex ministros, ex secretarios de estado y altos cargos de la política cuando cesan son los únicos ciudadanos de este país que pueden legalmente percibir dos salarios del erario público.

INDECENTE es que se utilice a los medios de comunicación para transmitir a la sociedad que los funcionarios sólo representan un coste para el bolsillo de los ciudadanos.

INDECENTE es que nos oculten sus privilegios mientras vuelven a la sociedad contra quienes de verdad les sirven.

¿Y mientras, hablan de política social y derechos sociales? ¡¡QUÉ INDECENTE!!

(Grifo Mágico. Parque acuático de El Puerto de Santa María. Cádiz)

martes, 18 de mayo de 2010

Filosofía


Azad me contó una vez que los viejos de su pueblo polvoriento siempre sonríen. Sonríen al sol, sonríen a la luna, sonríen a la ventisca, sonríen a la lluvia, sonríen a las bestias de carga, sonríen a los perros famélicos, sonríen a los recién nacidos y sonríen al paso de los ataúdes, cuyos inquilinos también sonríen a sus convecinos con recíproca e imperecedera cordialidad.

(Cementerio de Montmartre, París. Fuente: Silenos)

lunes, 17 de mayo de 2010

Un microrrelato ferroviario


OFICIO ENTRE VENTANAS

Para Ángeles Prieto

El interventor jubilado viaja en avión por vez primera. Lo ha invitado su hija a pasar unas semanas con ella en Barcelona. Cuarenta años viendo fluir árboles, postes, puentes, túneles y andenes con la maestría del equilibrio sobre el traqueteo musical de los vagones. Ha visto ensancharse ciudades, agostarse pantanos y resucitar poblados con el impulso del turismo rural. Caritas de bebé salpicadas por el acné de la pubertad, rostros de hombres ajados por decenios en el tajo, sombras de ancianas que ocuparon un asiento en segunda, poetas melancólicos entregados al paso veloz de la vida a través de los cristales. El interventor abre la pequeña maleta que atesora el oficio, se cala la gorra y blande el taladro solicitando los billetes, mientras las nubes cubren con su telón blancuzco el ruido ensordecedor de los motores.

Sobre funcionarios y paletos

Texto de Gustavo Vidal Manzanares, jurista y escritor:

En 1956, Dolores Medio escribió "Funcionario público", novela desgarrada donde se narran las penurias de Pablo Marín, funcionario atado a un sueldo mísero que malvivía en un cuartucho junto a su mujer.

Tras las décadas siguientes de desarrollo, la figura del empleado público casi indigente, trasunto del cesante de novelón galdosiano, fue poco a poco hundiéndose en el olvido. Pero en los últimos días, la cloaca política y mediática neoliberal ha babeado de placer ante los ecos de una posible congelación salarial a los funcionarios. Sin embargo, nada sería más injusto que pasar la factura de la crisis a este colectivo.

Así, en los momentos de hervor económico y ladrillazo, un encofrador podía duplicar el sueldo de un Técnico Superior de la Administración, y para conseguir que un albañil viniera a casa había, poco menos, que apuntarse en una lista de espera y cruzar los dedos. Mientras los funcionarios perdían poder adquisitivo y realizaban malabarismos contables con el sueldo, miles de paletos de eructo, puti club y caspa montaban una constructora y juntaban billetes de quinientos euros como cromos.

Legiones de jóvenes abandonaban los estudios y dejaban sus libros escolares criando polvo mientras se pavoneaban en coches refulgentes. ¿los funcionarios? Unos "pringaos, hombre, unos "pringaos". ¿para qué estudiar?, ¿para qué invertir?, ¿para qué innovar?...

"España va bien".

Y mientras tantos celebraban sus ganancias entre cubatas, risas, rayas de coca y "España va bien", miles de hombres y mujeres habían inmolado sus mejores años junto a una taza de café cargado, un flexo y un temario de oposiciones. Con los codos clavados en una mesa, viendo la vida desfilar a través del claroscuro de un ventanal, a la espera del momento crucial y temible de los exámenes.

Pues bien, ahora resulta que, según los neoliberales, los efectos de aquellos excesos han de pagarlos los "privilegiados funcionarios", precisamente el colectivo que apenas se benefició del auge económico y que, por supuesto, no provocó la crisis. Según ese planteamiento no pidamos cuenta a las entidades bancarias que prestaron dinero sin las debidas garantías.

No pensemos que las ganancias obscenas de la especulación acabaron en paraísos fiscales. No indaguemos en ayuntamientos y comunidades que dilapidaron millones encargando obras absurdas que enriquecieron a empresarios. No, no, todo esto que lo paguen los funcionarios.

Sí, los funcionarios, aquellos "pringaos" durante los años del falso esplendor económico. Sí, el juez que sacrificó como poco cinco años en una oposición terrorífica (aparte de los cinco de carrera) para ganar menos que muchos fontaneros. Sí, los miles de opositores que hubieron de recurrir al Lexatín, el policía que se juega la vida por mil quinientos euros mensuales, el auxiliar que no gana más de novecientos. ¡Resulta que estos han de pagar la crisis y son unos "privilegiados"!

viernes, 14 de mayo de 2010

Letras / Literatura


Escribió
Erasmo de Rotterdam en su Banquete religioso que, mientras que la lectura de los clásicos griegos y latinos enriquecía su espíritu, los escritos de la escolástica medieval le dejaban frío para la auténtica virtud y más querencioso para las disputas. De forma semejante me siento cuando cae en mis manos (y esto ocurre a menudo en los últimos años) una novela o un poemario que llega avalado por sonoros aplausos y flashes de cámara; una de esas obras que críticos, editores y autores amigos presentan como "una voz nueva". Dice mi amiga Ángeles Prieto que hay mucho escritor cuyas dotes literarias se reducen a construir una frase con sujeto, verbo y complemento. También los hay, añado yo, que estiman que todo lo que producen, aunque sea un exabrupto, merece circular en letra impresa. Para colmo los premios literarios imprimen su marchamo de vanagloria y engordan la filautía, hasta el punto de que se ha convertido en locus communis presentar a un escritor desplegando su alfombra de laureles. He asistido a muchas presentaciones de libros, mesas redondas y encuentros con autores, pero qué pocas veces he visto que se hable de literatura. Cuatro anécdotas, dos tópicos y tres frases repetidas en algunos casos con facundia y simpatía bastan para colmar un acto. Y uno se marcha pensando en releer a algún clásico. Esto me ha ocurrido recientemente, y me ha salido al paso en mi biblioteca R. L. Stevenson. La navegación de la Hispaniola y las aventuras de Hawking y John Silver el Largo me han llevado del disfrute a las aspiraciones erasmianas de la auténtica virtud (literaria).

(Portada de una edición de 1911. Fuente: Wikipedia)

miércoles, 12 de mayo de 2010

Réquiem político por Zapatero


Dos años de medidas estúpidas (cheques-bebé, cheques-emancipación, eliminación del impuesto sobre el patrimonio y otros regalos pecuniarios), en un alarde continuo de ineficiencia, han hundido más la caja pública. Dos años negando, desoyendo, improvisando. Y ahora, en una semana, cuando los mercados le aprietan las tuercas, Zapatero saca de la chistera la tijera del recorte en un terreno que se suponía bandera socialista: lo social. Llevo semanas oyendo el ritornelo de que no basta congelar el sueldo de los funcionarios públicos, sino que hay que bajarlos. Un 16%, como en Grecia, han defendido algunos. Pero qué pocos de esos periodistas, políticos, tertulianos de medio pelo han exigido la reducción de cargos públicos, la reducción de ministerios, la reducción de coches oficiales, la reducción de móviles, (con sus facturas millonarias), la reducción de viajes y dietas... Sobran la Vicepresidencia tercera y los ministerios de Igualdad y Vivienda; sobran autonomías (17, por Dios, 17); sobran, en definitiva, chupópteros por doquiera. Pero aquí pocos lo demandan. Añadamos la escandalosa pasividad de Zapatero ante la Banca, que no deja de ganar dinero y, sin embargo, retiene el crédito. ¿Seguirán ahora los sindicatos abrazados amorosamente al Gobierno? La imagen de Zapatero ya hacía aguas, pero con este paquete de medidas anti-sociales (las pensiones, se suponía, eran intocables) está políticamente acabado. Rajoy es para llorar, pero sólo un milagro impedirá que sea el próximo presidente del Gobierno. Lloremos, pues.

(Zapatero imitando a su maestro, Mr. Bean, segundos antes de alumbrar una de sus brillantes ideas)

lunes, 10 de mayo de 2010

El escritor y cineasta Jorgito Mediacuartilla


En El Corresponsal Literario se hace una semblanza de Jorgito Mediacuartilla, "una de las grandes promesas de la narrativa narratoria en castellano". No tiene desperdicio. Pasad y LEED.

domingo, 9 de mayo de 2010

El discurso silenciado de Gervasio Sánchez


El fotógrafo y periodista Gervasio Sánchez ganó en 2008 el Premio Ortega y Gasset que concede el diario El País por Vidas minadas, una serie de fotografías sobre las secuelas de las minas anti-personas. Al recoger el premio ante una nutrida representación del Gobierno y otros políticos, pronunció un durísimo discurso contra la venta de armas del Gobierno español que ha sido silenciado en los medios de comunicación, pero que se abre paso libremente gracias a los flujos de la red. Hay que ser valiente para decir esto ante nuestros políticos:

miércoles, 5 de mayo de 2010

Un microrrelato sobre el menoscabo


ROMPER EN PARÍS

Romper, romper, lo que se dice romper, no he roto del todo. ¿Cómo se puede romper del todo con quien ha sido durante décadas tus ojos, tu boca, tus oídos y la cima de tu existencia en una ciudad como París? Ya sé, ya sé que en estas situaciones lo mejor es olvidarse, soltar amarras y poner mucha agua por medio. Lo sé, y por eso no necesito que vengas a decirme que hay vínculos que se nos vuelven cadenas después de la separación. Para ti, mano, es muy fácil: sólo te faltan tres dedos. Pero, aunque hace una semana que la cuchilla nos partió en dos, yo siento que aún no he perdido completamente la cabeza en este estercolero.

martes, 4 de mayo de 2010

Buzzati, Dante y la hipocondria


Hace cuatro años la editorial Acantilado publicó Sesenta relatos (Sessanta raconti en el original italiano) del maestro Dino Buzzati (1906-1972). En el otoño 2008 compré el libro en la recién estrenada librería madrileña Las tres rosas amarillas. Después de leer de seguido los relatos, con placer del que aún guardo regusto, he releído en varias ocasiones las historias que más me gustan, como "Los siete mensajeros", "Y sin embargo, llaman a la puerta", "Una gota" y "El desplome de Baliverna". Pero, sin duda, el que más veces he leído es "Siete pisos". Giuseppe Corte, el protagonista, acude a un hospital blanco de siete plantas, un sanatorio de notable reputación dirigido por una eminencia de la medicina, el doctor Dati, que se caracteriza porque los enfermos son hospitalizados en los pisos según la gravedad de su enfermedad: los que sufren dolencias leves están en la séptima planta y los moribundos, en la primera. No parece mal a Corte este sistema, según el cual los de arriba del todo mantienen un vínculo casi directo con la vida, mientras que, a medida que se baja, dicho vínculo se atenúa hasta desaparecer, a la vez que el decorado de las habitaciones se hace más severo y sombrío. En alguna de estas plantas incluso hay subdivisiones conforme a la tipología de las enfermedades. Corte se sabe de paso. Una fiebre de nada. Unos días de observación en una habitación luminosa de la séptima planta, disfrutando del trato afable del personal, y a casa. Sin embargo, preso de un destino inexorable y burlón, que provoca su paulatina bajada de pisos a veces por motivos ridículos (un cambio de enfermo, de mobiliario, las vacaciones del personal sanitario), acompañada siempre por promesas de que regresará arriba en breve, Buzzati nos descubre a un nuevo Josef. K., el único enfermo que protesta contra lo que entiende como una "desubicación" forzada e inmerecida, un complot cuya tramoya se le escapa. Lecturas posteriores me han permitido ver con claridad un descensus ad Inferos de reminiscencias dantescas. Este hospital de siete plantas (¿las siete llagas de Cristo?) es trasunto del Infierno, donde las almas penan en nueve gradas en función de la gravedad de sus culpas, de suerte que se desciende desde los pecados más leves hasta los más graves. En el vértice ínfimo está Lucifer, el maestro del pecado. Incluso las subdivisiones de algunas plantas del hospital parecen un eco de los círculos que dividen algunas gradas de Dante. Comprende el lector así que la atmósfera se vaya volviendo poco a poco asfixiante y de la luz inicial se concluya en las sombras. Releyéndolo esta tarde me he acordado de los amigos hipocondriacos (algunos hasta más no poder) y he imaginado el efecto que un hospital así provocaría en su ánimo. Como el Giuseppe Corte de Dino Buzzati, aspirarían a subir, pero al mismo tiempo se encontrarían síntomas para estar, siquiera una temporada, en cada una de las plantas.

sábado, 1 de mayo de 2010

Semana de poesía: Centro Andaluz de las Letras e Isla de Siltolá


La primavera genera y concentra actos literarios aquí y allá. El Centro Andaluz de las Letras reunió el pasado miércoles en Cádiz a varios poetas jóvenes cuyos nombres ya despuntan: Raquel Lanseros, Carmen Moreno, Charo Troncoso, Javier Vela y Julio César Jiménez. Durante hora y media hablaron de la poesía y sus aledaños, especialmente de la imagen del poeta y de la difícil ubicación de la poesía en estos días cibernéticos y de metas comerciales. Luego el escasísimo público (una decena, y no echemos la culpa al fútbol: en Cádiz hay una desidia in crescendo a asistir a los actos literarios, salvo que brille en cartel algún estrellón de las letras hispanas) preguntó y debatió con ellos. Luis García Gil y servidor alargamos la conversación con los protagonistas en un bar cercano.
Ayer otro acto poético me convocó por la tarde en La Casa del Libro de Sevilla. Ardían en la ciudad a esa hora varios soles y abundante gentío. La sala de actividades de La Casa del Libro menguó ante tanto público. En la mesa estaban el editor de Isla de Siltolá, Javier Sánchez Menéndez, el poeta José Mateos, que hizo de maestro de ceremonia, y los dos autores con sendos poemarios pimerizos: Pilar Pardo con su Temporada de fresas, y Tomás R. Reyes con su El huerto deseado. Pilar, mujer discreta y algo contenida, habló de emociones, del agua como metáfora poética, del influjo de maestros como el presente Mateos. Tomás confesó preferencias poéticas, entre ellas otros maestros, como San Juan de la Cruz, JRJ o Rilke, y subrayó el poder subyugante del silencio. Fue un acto algo breve, que dejó insatisfecho a los que queríamos más. Insatisfacción que quedó compensada por el conocimiento, al fin directo, de varios amigos blogueros, como J. A. González Romano, Enrique Baltanás y J. M. Ridao, así como por unas breves palabras con Abel Freu, el artista del diseño y maquetación en Isla de Siltolá. La reunión se disipó poco antes de las primeras luces de la noche. A mí, que soy de natural sediento, me faltó una cerveza en tan grata compañía, no necesariamente para hablar de poesía. Salí al fresco de la noche en dirección a Triana, y en la calle Betis me remojé los adentros constatando una vez más lo hermosa que es Sevilla por debajo de veintinco grados.