sábado, 25 de diciembre de 2010

La infancia como "locus amoenus" (o el nuevo libro de Siltolá)

Ayer, día de Navidad, terminé la lectura de Poesía para niños de 4 a 120 años. Antología de autores contemporáneos, editada por J. Cotta, J. Mª. Jurado y J. Sánchez Menéndez en el sello La isla de Siltolá. Sigue este hermoso libro la estela abierta por otros volúmenes de poesía para niños, aunque el mercado editorial suele producir libros "nominales": Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Rafael Alberti y Miguel Hernández, entre otros, han sido objeto de compilaciones o adaptaciones singulares para los más pequeños.
.....Pero este libro aspira a más. Es una antología de una cuarentena de poetas, y son poetas contemporáneos, todos vivos y algunos aún poco conocidos. He aquí su principal peculiaridad. Otra es la declaración de intenciones que figura en el título, su afán de ser compañía del lector desde que echa a andar con soltura hasta que, siendo centenario, deja las lecturas de este mundo. Y para ese viaje sí hacen falta alforjas, y la poesía es una de ellas. Así lo advierten los editores en el prólogo: "Si ponemos la semilla del poema en el corazón del niño, le habremos regalado al hombre un salvoconducto para abordar las afrentas de la vida" (p. 10). Y más adelante: [La poesía] "Es la banda sonora de una vida colmada" (p. 11). En estos dos principios reside buena parte del espíritu de este libro: la celebración de la vida a través de la infancia. Porque es este un libro para lectores "infantes", cualesquiera que sea su edad, pero también un libro sobre ese paraíso perdido. Desde el más veterano, el maestro García Baena, hasta el más joven, Tomás Rodríguez Reyes, los poetas se han colocado ante el espejo cóncavo del tiempo y han buscado al niño que aún se oculta detrás del cristal y que, pese a la deformación de la memoria, puede todavía conformarse con rasgos reconocibles y amables. Ello explica que estemos ante un libro de gran colorido, de vívidos paisajes exteriores en muchos casos, de luces que alternan en armonía con la amenidad de las sombras. He aquí, simplificada en sustantivos esenciales, la paleta de colores y tonos que hallará el lector: cielo (luz, nubes), agua (río, mar, lluvia, nieve), peces, pájaros (palomas, vencejos, ruiseñores), árboles, flores, evocaciones (amor, fantasmas, sueños, casas, familia, Navidad)...
.....La nómina de autores es riquísima: P. García Baena, J. Jiménez Lozano, Aquilino Duque, Mª. Victoria Atienza, Antonio Colinas, Eloy Sánchez Rosillo, Luis Alberto de Cuenca, Felipe Benítez Reyes... (aunque echo en falta a poetas tan señalados ya como Raquel Lanseros y Eduardo García) y el disfrute, garantizado para quienes aún creemos que la poesía alivia los pesares de este mundo. Me quedaría con muchos de estos poemas, pero quizás el que más me ha gustado sea éste del gran Antonio Colinas (p. 49):

POZO OSCURO DE LOS SUEÑOS

Amable duendecillo de los bosques,
remoto brujo, pájaro agorero,
hadas, amigos de mis horas dulces,
llevad lejos de mí este desamparo,
venid con vuestras pócimas y ungüentos,
cegad con varas mágicas el sol.
Pasan las noches y no cruza el cielo
la luna amarillenta de otras veces,
no queda el corazón estremecido
cuando, al amanecer, repican todas
las campanas del pueblo y los vencejos
chillan enloquecidos por la luz.
Amable duendecillo de los bosques,
remoto brujo, pájaro hechizado,
abrid el pozo oscuro de los sueños
y que las aguas milagrosas surtan
para los labios ávidos de amor.
Amigos todos de mis horas niñas:
librad al corazón de tanta sed.

3 comentarios:

José María JURADO dijo...

Muchas gracias, Antonio.

jsm dijo...

Mil gracias.

Rosana Alonso dijo...

Me lo apunto para mis peques y para mí claro está. Me ha gustado mucho el poema de muestra.

Un saludo cordial