lunes, 8 de noviembre de 2010

Un microrrelato fragante


FLOR DE ORIENTE

Cada vez que una joven virgen alcanza la cúspide de su primer orgasmo, en los jardines de Cambalú, en los reinos del Gran Kan, abre su sol de cristales y estambres un ejemplar de la mayabonda, la flor más hermosa y misteriosa de Oriente. Una vez abierta, permanece fragante durante unos minutos. Después cierra sus pétalos, como se cierran los dedos prietos de una mano para no volver a abrirse, y se abandona a la muerte mecida por una brisa púrpura que sólo sopla en aquellas tierras remotas.
.....La vida de la mayabonda antes de este florecimiento repentino es desconocida, pues sólo al Jardinero Real del Gran Kan se le permite que escudriñe en sus secretos. Seducido por la leyenda, cuentan que un mercader veneciano osó traspasar el muro que protege este milenario vergel y, según testimonios fidedignos, rindió sus días bajo el sable del verdugo.

.....Los copistas sólo podemos transmitir de generación en generación las más verosímiles conjeturas, que el lector curioso puede encontrar en los bestiarios medievales y otros catálogos florales de Oriente. Las historias que circulan sobre emanaciones seductoras que han transgredido los límites del tiempo y el papel y han arrojado al abismo del Diablo a buenos y esforzados cristianos, son chismes y cuentos de viejas que no merecen ningún crédito.

1 comentario:

Francesc Cornadó dijo...

Flores y orgasmos, bellísimas analogías.
Muy buen relato.

Salud

Francesc Cornadó