domingo, 14 de noviembre de 2010

Lluvia dominical y un microrrelato a propósito


La mañana se ha venido abajo en agua menuda, sigilosa, reticente a golpear el rostro desnudo de los edificios a pesar del viento sureño, bravucón en este repecho del otoño. Me acuerdo de la lluvia mansa de Blas de Otero en los soportales, de la lluvia-caricia en Gante, de la lluvia preludio de nevada en Lovaina, de la lluvia blanqueada y endurecida en Bruselas, de la lluvia escarchada en las calles de Berlín. Corría diciembre y 2009 aparejaba veloz la despedida. Esta lluvia de hoy, dominical y melancólica, es aquella lluvia de entonces, más envejecida, más indolente aún. Y yo la quiero viva, traviesa, corriente por las calles y chorreante bajo los balcones. Como la que imaginé en este microrrelato de Fuera pijamas:


MÍNIMA PRECAUCIÓN


Me asomo a la ventana, sigue lloviendo, no me atrevo a salir, el agua lo arrastra todo en peligrosas escorrentías, ahí va veloz una hoja de acacia camino del husillo, escucha el chaf chaf de esa cáscara de cacahuete que va golpeándose contra el borde de la acera, mira cómo baja empapado ese billete de autobús, desleída la memoria del trayecto, y esa pluma de paloma, ahora mustia caricatura del suave blancor que un día espejeó en el cielo. La lluvia en esta ciudad es mortífera, te lo advertí cuando te empeñaste en que trasladáramos aquí el hormiguero.

(Nevada sobre el Donatus Park, Lovaina. Fuente: Silenos)

2 comentarios:

Sara dijo...

Me han encantado: el microrrelato y el prólogo. Un saludo.

Mery dijo...

Ese prólogo en sí mismo encierra un mundo de sensaciones. Comparto la emoción que leo en tus palabras.
Un abrazo