viernes, 12 de noviembre de 2010

La suerte póstuma de la materia poética: Ory


Escribí esta reflexión cuando murió Mario Benedetti. Hoy, que lloramos la muerte de Carlos Edmundo de Ory, sigo preguntándome lo mismo.

A Jesús Fernández Palacios,
que tanto quería a Ory.


Cuando muere un poeta, ¿adónde van las voces interiores que nos hablaron a través de sus versos? Si un principio esencial de la química es que la materia no se destruye, sino que se transforma, ¿cuál es el destino de la fuerza endógena que alienta a un poeta? ¿Muere con él? ¿Retorna al Universo para deshacerse en moléculas infinitisimales? Quizás sí retorne a ese espacio infinito y allí aguarde su tranformación, para al fin inocularse en el espíritu de un poeta en ciernes, desconocedor aún de que ha sido invadido por este bendito veneno. Escribe Joan Margarit que entender un poema es un proceso de entrada y salida de una caja negra y que el lector entra desordenado en los versos y sale más ordenado. Creo que el poeta, en tanto que vive y escribe, es también una suerte de caja negra. Porque, ¿qué es su espíritu sino un receptáculo que acoge esa materia, la transforma y la expele mudada en los versos? Me gusta pensar que en algún lugar del Universo esperan turno las voces que no hace mucho ocuparon el espíritu carnal de José Ángel Valente, Ángel González, Mario Benedetti... y, el más reciente de todos, Carlos Edmundo de Ory. Quién sabe si en este mismo instante alguna de ellas...

1 comentario:

Francesc Cornadó dijo...

Oh desgracia!
Lloramos la muerte de Carlos Edmundo de Ory.
Se ha ido el padre del Postismo pero sus versos no mueren con él, inundan el universo de nuestros recuerdos.

Francesc Cornado