domingo, 21 de noviembre de 2010

La dispersión que nos une


Hay días en que nos levantamos de la cama dispersos, con la extraña sensación de que cada miembro de nuestro cuerpo aspira a un fin distinto, a metas entre sí irreconciliables cuyo poder de atracción, a poco que nos descuidemos, acabarán desmembrándonos. Hoy, por ejemplo, domingo de cielo esplendente en Cádiz, me he sentado en el estudio con intención de escribir. Mientras tecleo esta entrada, no puedo evitar que mi mirada se desvíe hacia la gran ventana que tengo enfrente, tan cruzada por las gaviotas que resulta imposible olvidar que vivo en las alturas. Al mismo tiempo, desde la mesilla del dormitorio reclama silenciosamente mi atención Lo bello y lo triste de Kawabata. Pero tan pronto decido seguir su lectura, me digo que lo que me apetece de verdad es releer un puñado de buenos versos, y me dirijo a la librería donde se aprietan, codo con codo (y a veces a codazos) los poetas. Voy de Salinas a Prévert, de Baudelaire a Margarit, de Quevedo a Spenser. Abro Paroles, de Prévert, en la edición francesa de Folio Gallimard, y leo:

.....Une hirondelle vole dans le ciel
.....vole vers son nid
.....son nid oú il y a des petit
s
.....[...]

Y ante de terminar el poema otra gaviota raya el cristal celeste de mi ventana. Busco la cámara
de fotos y me digo que la mañana dominical se presenta fotogénica, pero desecho la idea y me siento a escribir porque otro pájaro, desconocido y de alas inmensas, me sombrea el pensamiento. Guardo en borrador esta entrada... Mas el pájaro vuela de inmediato, en trío multiforme, con la gaviota gaditana y la hirondelle de Prévert... Parece que se dirigen al monte Arashi, desde donde me llama de nuevo el Oki de Kawabata. Quiero repasar un microrrelato giratorio, continuar la historia dilatada de unos gigantones que me quitan el sueño, revisar un par de poemas en barbecho, corregir el borrador de una conferencia, escribir una entrada para que los Silenos sigan bailando... Todo ello mientras la mañana, amorosa y fugitiva, me espera tendida al sol.

(Imagen. Jacques Prévert. Fotografía que ilustra la cubierta de Paroles, Gallimard)

1 comentario:

Jesús Garrido dijo...

lo mejor la foto ilustrativa