jueves, 14 de octubre de 2010

En la encrucijada no sólo duda Hércules


Queríamos ser adultos y ya empezaba a escapársenos la vida. ¿Crecer para qué? ¿Para ver pasar los postes, los árboles, las lomas y los caseríos sin poder atraparlos un instante? ¿Para descubrir que al tomar un camino en cada encrucijada estamos renunciado a otros acaso más anchurosos y umbríos? ¿Por qué viajo en tren hacia el norte y no hacia el sur, África adentro, o hacia el este, camino de las estepas insondables? ¿Por qué me hago estas preguntas y no otras, como, por ejemplo, qué nueva chocolatería conoceré en la ciudad a la que voy porque un día tomé un tren camino de esa ciudad? Ayer me desperté niño y hoy no consigo recuperar el sueño.

5 comentarios:

Francesc Cornadó dijo...

No nuestro es andar siguiendo la larga y monótona línea de las cunetas.

Salud
Francesc Cornadó

Francesc Cornadó dijo...

Estimado Antonio, el pasado viernes no pude asistir a la presentación de tu libro en Montcada, yendo de camino en taxi, tuvimos un accidente, un choque con una furgoneta, nada de importancia, un traslado al hostipal, el taxista con un brazo roto y a mí solo un vendaje en el hombro sin ninguna importancia.
Estoy seguro que la presentación fue uno de estos éxitos que celebro aunque no pudiera asistir fisicamente.

Salud

Francesc Cornadó

Isabel Romana dijo...

Menos mal que tenemos la literatura para vivir todas esas vidas que no son la nuestra. Un abrazo.

Mery dijo...

El niño anhela hacerse mayor, y el mayor acaba siendo niño otra vez. La vida es un círculo, a fin de cuentas.
Un abrazo

manuespada dijo...

El regreso a la infancia, me encanta. Aunque si te digo la verdad, prefiero ser adulto.