La sala de duelo se ha llenado de visitantes, cariacontecidos y fugaces. Delante del cristal, dos hombres de edad trabajada contemplan al difunto, rejuvenecido en su último atuendo, acaso sonriente debajo del bigotito. Uno de ellos suspira y baja aún más la voz:
- Era analfabeto a medias, porque durante la mili aprendió a escribir solo, sin más maestro que la constancia y la vigilia. Juntaba las vocales como quien junta los dedos, hasta componer las palabras que veía en los letreros: COMEDOR, FURRIEL, GUARNICIÓN, RETRETE... Lo hizo para poder escribir a su novia y no tener que pedir a nadie que le escribiera o leyera la correspondencia. Aprendió a escribir por amor...
- Y por dignidad, que era muy digno cuando quería.
Los dos hombres vuelven la mirada silenciosa al finado y salen juntos de la sala, no sin antes besar a la viuda, que les pregunta de qué conocían a su difunto esposo).
- Y por dignidad, que era muy digno cuando quería.
Los dos hombres vuelven la mirada silenciosa al finado y salen juntos de la sala, no sin antes besar a la viuda, que les pregunta de qué conocían a su difunto esposo).
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