viernes, 3 de septiembre de 2010

Un microrrelato de partes


CADUCIDAD

Ayer por la mañana se me cayó una mano, preludio de otoño. Hoy, a mediodía, se me han caído una pierna y una oreja completa. Mi mujer, harta de recoger mis pedazos cada septiembre, amenaza con no hacer este año discriminación de carnes en el frigorífico.

12 comentarios:

Capitán dijo...

Seguro que en primavera no hay quejas.

Un abrazo

Araceli Esteves dijo...

Muy bueno, Antonio. Me has hecho sonreir en un momento en el que me hacía falta.

Olga Bernad dijo...

Jo!
Ya será menos;-)
Terrible caducidad.

eutelia dijo...

muy bueno! Lo que te vaya quedando siempre se puede convertir en bandera..¡consulta con tu mujer!
saludos,

Hansel en Baviera dijo...

Muy bueno, Antonio. Dile a tu mujer que si le sobra algo... para unas hamburguesas...
¿Conoces mi cuento (muy antiguo), llegada del otoño en Constantinopla? Te lo enviaré, para que veas que la caducidad está presente en todos.
Un abrazo,
Norberto

Isabel Romana dijo...

Es una suerte que cada primavera se pueda estrenar orejas nuevas. Encantador relato. Saludos cordiales.

Extractos de alguna vez dijo...

Te vas a parecer a tu hermano el zombie...

Bs

Sara dijo...

Al menos este protagonista se encuentra en el hemisferio adecuado... Porque también están esos seres humanos extraños con ciclos invertidos, que comienzan a desorejar en primavera... ;-)

Antonio Serrano Cueto dijo...

Capitán, Isabel, en primavera la mujer se queja de que el frigorífico está vacío. Me alegro, Araceli, de esa sonrisa. Olga, es menos terrible en compañía (aunque su mujer esté ya cansada). Hansel, Eutelia, no hemos hablado de los hijos. Tal vez a ellos les gusten esas croquetas o hamburguesas con sabor paterno. Muy interesante ese ciclo invertido que propones, Sara. Lola, a el nuestro hermano Pútrido aún no se ha caído nada, aunque todo parezca a punto. Abrazos.

Pedro Herrero dijo...

Todo lo que apuntas lleva huesos o cartílagos. Ten fe. Y procura que la sección de embutidos se mantenga bien provista y no se requieran refuerzos.

Aurora Pimentel dijo...

Con permiso, es la primera vez que comento aquí, creo. Me ha gustado este relato. Siempre me ha parecido milagroso que el cuerpo siga junto, que no se caigan sus partes por ahí o se dejen partes olvidadas. Tu cuento me confirma que esto puede pasar, que pasa... Un abrazo.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Gracias, Pedro, por tu lectura anatómica. Aurora, quizás esta merma de partes del cuerpo sea uno de esos temores ocultos en la psique humana. Bienvenida al baile.