miércoles, 8 de septiembre de 2010

Mudez, balbuceo, vagancia


Esta mañana me he dicho que estos silenos se me están acostumbrando a la vagancia y, como el baile es ejercicio noble y saludable, me he quebrado los cascos por darles negocio (en su sentido etimológico: nec -otium, que estos silenos saben latines), pero hete aquí que no ha sido posible. Esta tarde he vuelto al empeño, sin más resultado que un borrador borrado. Anochece en mi ciudad y, comoquiera que soy terco para ciertas cosas, me he propuesto que no se vayan a la espesura de los bosques sin danzar un poco. Éste es el pobre resultado de mis esfuerzos, del que ellos harán, a buen seguro, merecido escarnio. Porque hay días mudos, o, en todo caso, de balbuceo torpe, en los que escribo por no aflojar velas y seguir apostando por los vientos. Lo cual es sólo eso: una apuesta. Y en las apuestas nos jugamos (y con frecuencia perdemos) soplos de vida y jirones de hacienda.

2 comentarios:

Jesus Esnaola dijo...

Bueno danzad, danzad, malditos aunque sea para nada. A mí me pasa parecido, la entrada en el otoño me resulta dolorosa como un parto, digo yo que claro, mucha idea no tengo.
El caso es no parar. Hay días que, como hoy, mi forma de no parar es comentar sin cesar. Cada maestrillo...

Un abrazo, Antonio.

Sara dijo...

Bueno, dicen que la mudez y el balbuceo son parte inevitable del proceso creativo, y a menudo el preludio de una ciclo altamente prolífico. Así que seguro que esos silenos lo que están es 'cargando las pilas'.... ¡Ánimo!