martes, 24 de agosto de 2010

Un microrrelato de amor filial


MORS INTERRUPTA

Vine acá porque -me dijeron- mi padre se moría cada tarde. Alguien me lo dijo con reservas, como si temiera que yo me afligiese con la noticia. Conociendo sus extravagancias, no me extrañé lo más mínimo de que hubiese convertido su muerte en un folletín por entregas. Si vine acá es porque me dijeron que la plaza se llenaba de indígenas y foráneos que esperaban turno para ver el espectáculo. Pero, ya ve usted, llegué tarde. Mi padre -me dicen- prosigue con su gira por otras ciudades.

(Imagen: tumba de Alejandro Dumas.
Cementerio de Montmartre. París. Fuente: Silenos)

8 comentarios:

Jesus Esnaola dijo...

Me ha encantado esta pequeña dosis de realismo mágico. Pero mucho me ha gustado.

Un abrazo, Antonio.

PD. Y te aviso desde ahora que esa imagen de una entrada anterior en que el horizonte baja unos metros y permite ver el futuro te la robaré cualquier día.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Gracias, Jesús. La imagen del crepúsculo te la presto encantado. Un abrazo.

Sara dijo...

Buenísimo. Éste me ha hecho sonreir.

Fernando Valls dijo...

Antonio, hoy andamos todos de cementarios, aunque el tuyo sea más rulfiano. Saludos.

Olga Bernad dijo...

Qué bueno, Antonio. Te veo inspiradísimo...
Un beso.

Araceli Esteves dijo...

Muy bueno. Me quito el sombrero.

LUISA M. dijo...

¡Uf, menos mal, que la muerte de su padre era puro teatro!
Como siempre un buen relato, Antonio, consigues crear una atmósfera apropiada que luego sorprende un poco, para bien, en este caso.
Saludos.

Anónimo dijo...

Me has alegrado con tu micro interruptus la mañana de trabajo. Gracias. Puri