lunes, 2 de agosto de 2010

Orihuela en las Calendas de agosto


En la mañana de estas Calendas de agosto, tórridas en la Vega Baja del Segura, visitamos Orihuela. Como en el "Lamento Borincano" de Caetano Veloso, "todo está desierto, el pueblo está muerto..." O, como en Ferragosto italiano, tutto chiuso, más por agosto que por domingo. Buscamos la casa-museo del poeta, más casa, con su patio, su huerto y su higuera, que museo. Poca noticia nueva encuentra el visitante que ha leído un poco de y sobre Miguel Hernández. Establecimiento austero, de corto recorrido, aunque de impecable presencia. Digna de mención es la labor apasionada de Manuel Terres, que recibe al visitante en la salita-comedor y lo introduce en lo esencial de este espacio. Y si se tercia, conversa sobre otras cuestiones de interés. Hablamos, por ejemplo, de Agustín García Calvo y sus tertulias en el Ateneo de Madrid, bajo el tórrido sol oriolano. Ahora que estas Calendas ya empiezan a menguar, pienso en ese Sijé "muerto como del rayo", y sigo estremeciéndome por la lectura de una de las tres elegías inmensas de la literatura española. En Orihuela, su pueblo y el nuestro.

(Pozo del patio de la Casa-Museo de Miguel Hernández. Fuente: Silenos)

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