sábado, 31 de julio de 2010

Trío literario: el dinosaurio, los talleres y el mercadeo de lectores


1.- Hoy, en "Revista del Verano" de El País, Javier Sampedro publica "Microrrelatos", una burla del dinosaurio de Monterroso. El más célebre despertar de la literatura reciente reducido a las cabezadas de sobremesa. Un bicho más de los muchos que pululan por la televisión.

2.-
Hoy, en Babelia, Emiliano Monge ("Escribir para no ser o para ser"), al escribir sobre la teorización en torno a la creación de un personaje literario, dedica perlas como ésta a los talleres literarios: Peores que estos redactores de mentiras son sus primos más cercanos: los maestros de los talleres literarios, esas comadronas especializadas en sacar con fórceps lo que debía sacarse con pujidos, esos caníbales hambrientos que succionan del personaje de su alumno lo único que en verdad era importante: el sudor, la sangre, el músculo, la bilis, esos malabaristas de las horas que cegados por el pago de una próxima visita se vuelven incapaces de aceptar una verdad como un templo: la manera indicada de crear un personaje memorable es fundamentalmente inexplicable.
Todo un alarde de amor hacia ese invento tan... ¿creativo?


3.-
Ayer, en El Cultural de El Mundo, se publica un editorial titulado "10 autores en busca de lector". No sé si por recurrir a una expresión manida o, más bien, por razones publicitarias en sintonía con los sellos editoriales que los publican, lo cierto es que resulta, cuando menos, ridículo presentar a Almudena Grandes, John Le Carré, Mario Vargas Llosa o Fiódor Dostoievski, entre otros, como pobres autores "en busca de lector". Como si no tuvieran legión. Somos los demás, la también legión de innombrados, el ejército invisible de las letras, los que andamos escasos de lectores. Un lector, por caridad.

(Imagen tomada de www.fotoaleph.com)

7 comentarios:

maile dijo...

Yo le he leido. Y no es la primera vez.
Tres buenas perlas, si señor, pero no me haria con ellas ningun adorno.

Saludos don Antonio

Jaime de la Rosa dijo...

Cuatro cosas:
1. No son microrrelatos, son chorradas sin talento alguno,con los tics propios del palurdo en ficción breve: supuesto humor extravagante, variaciones vanas de obras ajenas, demenciales estructuras en muñeca rusa (como para hacer ver que se está muy al loro de la cosa posmoderna que creen que es un microrrelato).
2.Absolutamente de acuerdo con el punto 2: "¡oh, taller literario, mi taller literario, cuánta jeta y tanto primo, qué negocio tan divino!" (léase Escuela de Letras o Fuentetaja, hervidero de mediocridades y mafias de medio pelo varias).
3.Absolutamente escandalizado con el punto 3. Menudo morro. Y todo para que a la Grandes puedan leerle, así como despistando, doscientos lectores (doscientos condenados a galeras) más.
4.Babelia hace mucho que no la toma en serio ni el linotipista de El País. Es un catálogo de obviedades y productos defectuosos propio del departamento de quejas y devoluciones de IKEA.
Saludos.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Jaime, estamos de acuerdo. Lo que hace Sampedro al llamarlos así es un claro menosprecio del microrrelato. Ja, me gusta la definición que haces de Babelia, aunque creo que en Ikea hay productos, al menos, más gratificantes. Un saludo también para ti.

Propílogo dijo...

Hola.
Se puede añadir en el lote la página de Reverte (I y II) en El XL Semanal, haciendo solemnes recomendaciones a los jóvenes escritores. No tiene desperdicio. O sí. O todo.

Jesus Esnaola dijo...

Podría no hacerlo pero voy a discrepar en el tema de los talleres, más que nada porque el argumento utilizado es tan de perogrullo que se cae por sí solo. Por supuesto que nada, o casi, nos evitará la sangre, sudor y lágrimas que conlleva la creación de un personaje, una novela o un cuento decente, lo que cuesta leer uno bueno de verdad. Para eso no necesito una cabeza pensante del Ikea cultural, como dice Jaime.
Tal vez el problema sólo sea que los talleres son un negocio y en su expansión ha surgido fauna de todo tipo. A mí me gustaría, y me pilla un poco viejo, que el taller literario fuera una asignatura optativa en la universidad. Y me apetece decirlo porque si no se precisa, uno puede acabar haciendo afirmaciones generales, a nadie se le ocurriría acabar con los conservatorios con el argumento de que no hay forma de enseñar a componer La Boheme.
Si sólo estamos hablando de que los talleres pecan a veces, no siempre, de engañar haciendo creer a sus alumnos que serán los próximos Delibes o Revertes, y que utilizan sus influencias para que sus alumnos sean los más premiados, qué mejor publicidad, estoy de acuerdo por completo.

Un abrazo

Antonio Serrano Cueto dijo...

Muy acertada la comparación del consevatorio. Estoy de acuerdo contigo, Jesús, en que hay una tendencia muy generalizada a desprestigiar el todo por la parte. Un abrazo.

Angeles dijo...

Nada en contra de los talleres literarios privados, allá ellos con su dinero. TODO en contra de los financiados con dinero público: son sencillamente inmorales porque ninguno te puede conceder el "don" de la creación, ni mucho menos suplirte el montón de horas lectoras necesarias para escribir siquiera un microrrelato decente donde no te caigas cuán largo seas, la noche no sea oscura como boca de lobo o lleves un ramo de flores en las manos... ¡con lo bien que se puede llevar uno en la punta de la nao!, como dice cierto amigo mío...