domingo, 18 de julio de 2010

Merino, Calvino y la lectura


Alterno en estos días la lectura de Historias del otro lugar de J. Mª. Merino con las Cosmicómicas, de Italo Calvino, mientras escribo algunas páginas de ficción y preparo una comunicación para un congreso en octubre en tierras aragonesas. Quiere este julio amable que disfrute con la lectura con mayor aprovechamiento, no porque en otras ocasiones y meses no me aproveche, sino porque no siempre se lee con los cinco sentidos puestos en ello. A veces leemos con parte del pensamiento deambulando por otras regiones, de lo cual solemos darnos cuenta al final del párrafo, cuando, de vuelta al libro, nos preguntamos: ¿me he enterado de todo? Y nos queda la impresión de que una parte, acaso no relevante, se nos ha ido entre los dedos. Entonces hay lectores, entre los que me cuento, que hacen una segunda lectura-barrido del pasaje, para concluir quizás con el mismo, o poco más, conocimiento. Pero, como digo, quiere julio que, pese a la playa y sus voces, sus rumores y relumbres, estas lecturas hagan que me sienta satisfecho con mi oficio de lector. De Merino ya he leído muchos cuentos, y poco voy a decir de él en este blog, a cuya ventana se acercan tantos lectores suyos. Sin embargo, algo diré de Italo Calvino. Llevo ya leídas varias obras suyas, a cuál más soprendente. Si ya me sedujo hace años la trilogía Nuestros antepasados, no menos disfruté con esa joya deliciosa que es Las ciudades invisibles. Y ésta que ahora leo, las Cosmicómicas, confirman ante mis ojos que en Calvino la extraordinaria capacidad de fabulación estaba divinamente tocada por la gracia de la ironía y de pinceladas de un surrealismo divertido. Las Cosmicómicas (Tutte le cosmicomiche en el original italiano) no es ciencia-ficción al uso, no mira al futuro inquietante de máquinas y hombres, sino que, partiendo de una serie de hechos de física, astronomía y evolución, el lector viaja a los orígenes remotos de la vida en el universo según las vivencias de una serie de personajes innombrables (Xlthlx, Bb'b, Z'zu, Rdix...), con Qfwfq como narrador-memoria. He de reconocer que, al leer "La distancia de la luna", también yo he sentido atracción por los pechos voluptuosos de Vhd Vhd, la mujer del capitán, y el deseo de sumarme a los esfuerzos de los personajes por ayudarla a subir por la escala desde la barca a la luna. Pero la vida de quienes no somos ficción tiene sus muchas limitaciones, ay.
(En la foto, Italo Calvino)

1 comentario:

Gemma dijo...

Yo también tengo a mano el volumen de relatos de Merino para leer..., en cuanto este calor nos dé un respiro (la semana pasada, alcanzamos aquí en Berlín los 38 ºC. Hoy sólo los 33 ºC...)

Un beso