lunes, 19 de julio de 2010

Acaso un microrrelato dental


Goliat es más vulnerable en verano

Para Luis Charlo,
que me visita a menudo en silencio

Golpeé los dientes como solemos hacerlo los huesos, evitando que rebañasen con sus rodeos los minúsculos trocitos carnosos que siempre se nos quedan adheridos y suelen tener el mismo destino que nosotros: el cubo de la basura. En ello estaba, pugnando para evitar que se llenase la boca de jugo rojo, batallando para que no soñase que se comía de un bocado todo el mar del verano, cuando me di de bruces contra un molar que no había visto en la oscura retaguardia. Tan violento fue el embate, tan brusco el choque, que me sentí mutilado, desprovisto de una lasca de mi cuerpo que correría la misma suerte que el resto de la cereza: ser deglutido en el asqueroso bolo alimenticio. Pero como la fortuna siempre ayuda a los valientes, hubo un instante de silencio e inactividad y desde las profundidades llegó un estrépito de cristales. Descubrí entonces que el menoscabo no era mío, sino de ese molar envejecido, sin duda un soldado de reserva desacostumbrado a estos duros lances estivales. Dolorido o, cuando menos, preocupado replegó las filas y me escupió contra el plato en un amasijo de jirones pulposos. El miembro mutilado del molar me acompañó en la caída y, al estrellarse contra la cerámica blanca, salió rebotado como un proyectil obsoleto.

(Imagen tomada de http://www.espaciomix.com/articulos/dientes-sanos.html)

2 comentarios:

Jesus Esnaola dijo...

Aghh! Antonio, a veces uno sonríe pero poniendo cara de me estoy cagando. He buscado una combinación de teclas a lo emoticono, para ser más fino, pero no la he encontrado.
Ya me voy relajando.

Un abrazo

Isabel Romana dijo...

Muy divertido y, sobre todo, muy consciente ese hueso de cereza. Así seremos machacados todos... Besos.