martes, 22 de junio de 2010

Breve elogio de la ignorancia


A veces es mejor no saber. Ayer por la tarde escribí mi entrada ("Sucesos") bajo los efectos de un fuerte brote alérgico (somnolencia, picor en los ojos, tos...). Estaba en ello cuando sentí un leve temblor bajo la silla de mi estudio. No más de tres segundos. Ahí nació el suceso cuarto: "Sucede que a veces, como ahora, tiembla la tierra debajo de tus pies porque estás anclado al cielo". Pensé: "qué cosas ocurren cuando uno está alborotado por los males". Sin embargo, esta mañana una noticia del periódico se me ha llevado de golpe la alergia y me ha traído un miedo a posteriori: Un débil seísmo se deja sentir en algunas zonas de Jerez y la Bahía. No mucho, dicen: 3.1 en la escala de Richter. Si ayer, en lugar de seguir atento al blog, hubiese levantado la vista a la lámpara, quizás su pendular me hubiese impulsado a salir a la terraza con la taquicardia propia de quienes vivimos entre susto y susto. Y hubiese pensado en mi hija y en mi mujer, que no estaban conmigo, y quizás hubiese telefoneado a mis padres y a mis hermanos para cerciorarme de que debajo de ellos la tierra sólo había sufrido un leve hipido. Pero ayer no ocurrió nada de eso. Seguí escribiendo, me eché en el sofá amodorrado y creo que hasta soñé.

(Imagen: Los llanos del republicano. Villaluenga. Cádiz. Fuente: Silenos)

2 comentarios:

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Yo también lo sentí, Antonio; estaba sentado ante el ordenador, y el conjunto de la torre y los altavoces que tiene encima tembló durante unos segundos, después de la sacudida que experimentó el suelo. La gata dio un brinco. Fue breve e impresionante. Y no me atreví a dejar constancia en el blog porque no daba crédito a mis propias sensaciones. Un abrazo.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Ya ves, José Manuel, separados por las aguas de la Bahía y unidos por el seísmo. Y yo que creía que la tierra siempre temblaba en otra parte.