miércoles, 5 de mayo de 2010

Un microrrelato sobre el menoscabo


ROMPER EN PARÍS

Romper, romper, lo que se dice romper, no he roto del todo. ¿Cómo se puede romper del todo con quien ha sido durante décadas tus ojos, tu boca, tus oídos y la cima de tu existencia en una ciudad como París? Ya sé, ya sé que en estas situaciones lo mejor es olvidarse, soltar amarras y poner mucha agua por medio. Lo sé, y por eso no necesito que vengas a decirme que hay vínculos que se nos vuelven cadenas después de la separación. Para ti, mano, es muy fácil: sólo te faltan tres dedos. Pero, aunque hace una semana que la cuchilla nos partió en dos, yo siento que aún no he perdido completamente la cabeza en este estercolero.

1 comentario:

Jesus Esnaola dijo...

Como la pierna que, desaparecida, se siente tanto que uno intenta andar y cae al suelo, realidad.

Un abrazo Antonio