sábado, 1 de mayo de 2010

Semana de poesía: Centro Andaluz de las Letras e Isla de Siltolá


La primavera genera y concentra actos literarios aquí y allá. El Centro Andaluz de las Letras reunió el pasado miércoles en Cádiz a varios poetas jóvenes cuyos nombres ya despuntan: Raquel Lanseros, Carmen Moreno, Charo Troncoso, Javier Vela y Julio César Jiménez. Durante hora y media hablaron de la poesía y sus aledaños, especialmente de la imagen del poeta y de la difícil ubicación de la poesía en estos días cibernéticos y de metas comerciales. Luego el escasísimo público (una decena, y no echemos la culpa al fútbol: en Cádiz hay una desidia in crescendo a asistir a los actos literarios, salvo que brille en cartel algún estrellón de las letras hispanas) preguntó y debatió con ellos. Luis García Gil y servidor alargamos la conversación con los protagonistas en un bar cercano.
Ayer otro acto poético me convocó por la tarde en La Casa del Libro de Sevilla. Ardían en la ciudad a esa hora varios soles y abundante gentío. La sala de actividades de La Casa del Libro menguó ante tanto público. En la mesa estaban el editor de Isla de Siltolá, Javier Sánchez Menéndez, el poeta José Mateos, que hizo de maestro de ceremonia, y los dos autores con sendos poemarios pimerizos: Pilar Pardo con su Temporada de fresas, y Tomás R. Reyes con su El huerto deseado. Pilar, mujer discreta y algo contenida, habló de emociones, del agua como metáfora poética, del influjo de maestros como el presente Mateos. Tomás confesó preferencias poéticas, entre ellas otros maestros, como San Juan de la Cruz, JRJ o Rilke, y subrayó el poder subyugante del silencio. Fue un acto algo breve, que dejó insatisfecho a los que queríamos más. Insatisfacción que quedó compensada por el conocimiento, al fin directo, de varios amigos blogueros, como J. A. González Romano, Enrique Baltanás y J. M. Ridao, así como por unas breves palabras con Abel Freu, el artista del diseño y maquetación en Isla de Siltolá. La reunión se disipó poco antes de las primeras luces de la noche. A mí, que soy de natural sediento, me faltó una cerveza en tan grata compañía, no necesariamente para hablar de poesía. Salí al fresco de la noche en dirección a Triana, y en la calle Betis me remojé los adentros constatando una vez más lo hermosa que es Sevilla por debajo de veintinco grados.

3 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Para mí fue también un placer conocerte, Antonio. Tuve que irme rápido, pero seguro que coincidiremos en más ocasiones.

Un abrazo desde Alájar.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

En efecto, un gratísimo encuentro, el primero de muchos que seguro han de venir. La próxima vez, avisa, y así no contraemos compromisos posteriores y podemos remojar los adentros hablando no necesariamente de poesía.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

yo, que soy de Sevilla y vivo fuera creo que Sevilla es hermosa a cualquier temperatura.Pero por debajo de las 25 grados es grandiosa.