domingo, 23 de mayo de 2010

¿Para qué puñetas sirve un microrrelato?


¿Para qué puñetas sirve un microrrelato? ¿Para qué puñetas vale un poema? Hoy me he levantado con el eco persistente de estas cuestiones, que no son propias, pero sí demasiado frecuentes en las bocas ajenas. Imagino que es como preguntar para qué sirve detenerse a contemplar en el campo un escuadrón de hormigas en pleno ajetreo, o para qué vale inspirar con el empeño de oler la resaca matutina del mar después de una noche de tormenta. Lo cierto es que a veces incluso a quienes procuramos mantenernos lejos del pragmatismo literario nos asaltan dudas. Porque con el menoscabo del tiempo, el tiempo se vuelve más preciado, y en mucho de lo que hacemos surge sin remedio la sensación de pérdida, de vana ocupación que resta ocupación a proyectos más provechosos. Es posible que muchos de vosotros os hayáis preguntado en algún momento si realmente al elegir (¿se elige como se elige la barra de pan o un hotel en París?) la forma de vida, no estabais renunciando a otras mil formas acaso más certeras. A veces tengo esa impresión, cuando hago cómputo de lo mucho que he dedicado al estudio y la lectura, y no puedo evitar que ello repercuta sobre la tarea literaria, recuperada después de años de silencio. Ahora tengo en prensa (Montcada-DeBarris, Barcelona) un libro con ochenta microrrelatos, al que he dedicado más de dos años, y un poemario fruto del último trienio (Isla de Siltolá, Sevilla), amén de algunos microrrelatos en un próximo libro editado por Fernando Valls y un par de poemas en el número 2 de la Revista Isla de Siltolá. Y, sin embargo, lejos de estar feliz por este extraño (por novedoso) parto múltiple, no puedo evitar una cierta desazón, como si temiera que en esos escritos no estuviera el yo que soy, sino el yo que busca, indaga y persigue con inquietud no sabe qué, el yo que se cuestiona, después de escribirlos, para qué puñetas sirve un microrrelatos y para qué puñetas vale un poema en esta vida de renuncias y elecciones.

(Parque de San Donato, Lovaina. Fuente: Silenos)

5 comentarios:

Rafael Lucena Soto dijo...

Un fonema es igual a un átomo de oxígeno.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Sí, Rafael, pero a veces tosemos sin saber bien si ese oxígeno nos alimenta. Un abrazo.

Rafael Lucena Soto dijo...

Da igual que alimente o no; siempre nos permite vivir, nos brinda oportunidades. Abrazo, también.

Jordi Masó Rahola dijo...

Hay una obsesión enfermiza por buscar la “utilidad” en todo lo que hacemos. Pero yo recuerdo a menudo unos versos de Henri de Régnier (citados por Maurice Ravel al inicio de la partitura de su obra maestra “Valses nobles et sentimentales”): “…le plaisir délicieux et toujours nouveau d’une occupation inutile”. Un microrrelato, una novela, una película, un paisaje, una buena comida o (ya puestos) un gol de Messi, dan sentido a la vida.

sergio astorga dijo...

Antonio, te habita el vacío.
Resiste.

Abrazo sin utilidad manifiesta.
Sergio Astorga