martes, 18 de mayo de 2010

Filosofía


Azad me contó una vez que los viejos de su pueblo polvoriento siempre sonríen. Sonríen al sol, sonríen a la luna, sonríen a la ventisca, sonríen a la lluvia, sonríen a las bestias de carga, sonríen a los perros famélicos, sonríen a los recién nacidos y sonríen al paso de los ataúdes, cuyos inquilinos también sonríen a sus convecinos con recíproca e imperecedera cordialidad.

(Cementerio de Montmartre, París. Fuente: Silenos)

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