viernes, 21 de mayo de 2010

Cruce de móviles


Regreso del trabajo caminando, sufriendo el calor sobrevenido a lomos del levante. A pesar de que habla bajito (rara avis), a medida que me aproximo por detrás al señor de camisa húmeda, siento que me estoy adentrando en terreno ajeno, privado. Para no escuchar lo que no puedo evitar oír, intento pensar en otra cosa: en la putada de haberme convertido en juanetero con los años, por ejemplo; o en bikinis y pareos, ahora que la playa extiende sus dominios fuera de la arena. Apenas he adelantado al susodicho, oigo que dice "pero yo soy..." Y en ese mismo instante, con sincronía terrorífica, viene de frente un grito rotundo: "¡Javier, joder!". Quizás el embrujo playero me ha impedido advertir que hacia nosotros caminaba ya cerca otro individuo parlante, mayor en edad, si bien menor en corpulencia que el primero. Y me marcho con la impresión de que ni siquiera en los asuntos más insignificantes podemos controlar el destino, y que los móviles son aparatos que hemos inventado para complicarnos mucho más la existencia.

2 comentarios:

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Profunda reflexión Antonio.
Si seguimos así, terminaremos añorando una carta de puño y letra, un apretón de manos, una sonrisa, un abrazo fraterno. ¿Nos comunican estos avances tecnológicos?
Saludos cordiales.

Anónimo dijo...

A algunas personas lo peor que nos ha pasado es tener un móvil, hay momentos en que uno necesita estar incomunicado, desconectado, a veces no se tiene nada que decir y mucho que pensar y, sobre todo no se tienen ganas de escuchar las cuestiones ajenas.