martes, 4 de mayo de 2010

Buzzati, Dante y la hipocondria


Hace cuatro años la editorial Acantilado publicó Sesenta relatos (Sessanta raconti en el original italiano) del maestro Dino Buzzati (1906-1972). En el otoño 2008 compré el libro en la recién estrenada librería madrileña Las tres rosas amarillas. Después de leer de seguido los relatos, con placer del que aún guardo regusto, he releído en varias ocasiones las historias que más me gustan, como "Los siete mensajeros", "Y sin embargo, llaman a la puerta", "Una gota" y "El desplome de Baliverna". Pero, sin duda, el que más veces he leído es "Siete pisos". Giuseppe Corte, el protagonista, acude a un hospital blanco de siete plantas, un sanatorio de notable reputación dirigido por una eminencia de la medicina, el doctor Dati, que se caracteriza porque los enfermos son hospitalizados en los pisos según la gravedad de su enfermedad: los que sufren dolencias leves están en la séptima planta y los moribundos, en la primera. No parece mal a Corte este sistema, según el cual los de arriba del todo mantienen un vínculo casi directo con la vida, mientras que, a medida que se baja, dicho vínculo se atenúa hasta desaparecer, a la vez que el decorado de las habitaciones se hace más severo y sombrío. En alguna de estas plantas incluso hay subdivisiones conforme a la tipología de las enfermedades. Corte se sabe de paso. Una fiebre de nada. Unos días de observación en una habitación luminosa de la séptima planta, disfrutando del trato afable del personal, y a casa. Sin embargo, preso de un destino inexorable y burlón, que provoca su paulatina bajada de pisos a veces por motivos ridículos (un cambio de enfermo, de mobiliario, las vacaciones del personal sanitario), acompañada siempre por promesas de que regresará arriba en breve, Buzzati nos descubre a un nuevo Josef. K., el único enfermo que protesta contra lo que entiende como una "desubicación" forzada e inmerecida, un complot cuya tramoya se le escapa. Lecturas posteriores me han permitido ver con claridad un descensus ad Inferos de reminiscencias dantescas. Este hospital de siete plantas (¿las siete llagas de Cristo?) es trasunto del Infierno, donde las almas penan en nueve gradas en función de la gravedad de sus culpas, de suerte que se desciende desde los pecados más leves hasta los más graves. En el vértice ínfimo está Lucifer, el maestro del pecado. Incluso las subdivisiones de algunas plantas del hospital parecen un eco de los círculos que dividen algunas gradas de Dante. Comprende el lector así que la atmósfera se vaya volviendo poco a poco asfixiante y de la luz inicial se concluya en las sombras. Releyéndolo esta tarde me he acordado de los amigos hipocondriacos (algunos hasta más no poder) y he imaginado el efecto que un hospital así provocaría en su ánimo. Como el Giuseppe Corte de Dino Buzzati, aspirarían a subir, pero al mismo tiempo se encontrarían síntomas para estar, siquiera una temporada, en cada una de las plantas.

3 comentarios:

Isabel Romana dijo...

Una organización del hospital bastante despiadada. Pero claro... Saludos cordiales.

Jordi Masó Rahola dijo...

"Siete pisos" es uno de los mejores cuentos que he leido en mi vida, y me alegra comprobar que no soy su único admirador. Es maravillosa esa mezcla de tragedia y humor negro (¡negrísimo!). Lo releo de vez en cuando con el mismo placer que la primera vez.
Felicidades por el blog, que sigo desde hace tiempo.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Yo también me alegro de coincidir con otros lectores. Y bienvenido, Jordi, aunque seas ya un lector antiguo.