viernes, 23 de abril de 2010

La masa del microrrelato


Para Fernando Valls, en este día de libros

ACECHANZA


Desde que Paquito empezó a comer duro, su mami amasa croquetas cada domingo por la mañana antes del paseo. Se propuso que Paquito creciera sano, alejado de esas porquerías congeladas que las otras madres de la guardería le dan a sus hijos. Quizás por eso, piensa mientras amasa, Paquito le ha salido tan vivaz, tan inquieto como un perrito bañándose en la orilla de la playa. Sola en la cocina, hoy amasa canturreando para mitigar el ruido ensordecedor del centrifugado. Por un instante cree que alguien la vigila. Tonterías de mujer asustadiza, se dice, aunque no puede evitar sentirse tan vulnerable, de espaldas a la máquina infernal y con las manos pringadas hasta las muñecas. Poco a poco el bombo de la lavadora retorna de su oscuro viaje y mami suspira algo aliviada amansando las dos últimas bolas, una en cada mano, redondas como las dos pupilas vidriadas que la miran desde el ojo de buey de la máquina.

10 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Amigos que entráis con intención de comentar, estaré ausente (Feria Hispalis) hasta el domingo por la tarde. A mi vuelta activaré vuestros comentarios, si los hay.

Olga B. dijo...

Bueno, tú a disfrutar y a nosotros nos dejas con esta inquietante madre profesional y su limpísimo niño. Miedo me da esta mujer, me recuerda a la Circe de Cortázar, tan perfecta señorita haciendo bombones...
Un beso.

Gemma dijo...

La imagen del microrrelato como rica croqueta me encantó. ;-P

Amasar bien hasta que la masa aceche al lector (o al personaje) por sí sola. También me gustó la definición.

Un fuerte abrazo

Fernando Valls dijo...

Muchas gracias, Antonio, y un abrazo.

Pedro Herrero dijo...

Humor negro, compadre. Tan negro como esa sudadera que luces en tu nuevo look. Y también gastronómico, lo que convierte el texto en sabroso aperitivo. El hecho de que el título no haga referencia directa al protagonista es, a mi entender, el toque casero que le da a la historia un sabor especial. Fernando se chupará los dedos.

Lara dijo...

Muchas gracias por la visita!

Nos seguiremos.

Un saludo!

Antonio Serrano Cueto dijo...

Amigos, pocas cosas más inquietantes que la imaginación asustadiza de una joven madre, que ve acechanzas por todas partes. Las manos hundidas en la masa viscosa se me antojan prisioneras, de ahí su vulnerabilidad. Que esté de espaldas a la máquina tampoco ayuda. Dejo para el lector el resto. Un abrazo y gracias por vuestros generosos y acertados comentarios.

Marco Valerio Corvo dijo...

Bonita imaginación de la masa y la amenaza. Por cierto, ?conoces a los subtipos? son esos personajillos delgados, cimbreantes y angulosos, que a veces pasan corriendo por las esquinas de las casas, junto a las vigas, en los zaguanes, mi casa la visitan de vez en cuando. Seguro que son protagonistas de muchos y muchos micros y relatos. Un abrazo.

Isabel González dijo...

Recuerdo la madre joven que fui y recuerdo ésa acechanza como si fuera mi propia madre decidiendo si lo estaba haciendo bien o no. Recuerdo esa autoexigencia casi obsesiva por ser la mejor madre del mundo ... y los miedos. Los miedos que aparecen de perder al niño que has parido. Un instinto primitivo de protección.

Mery dijo...

Qué peligros encierra una cocina para un niño demasiado vivaracho.
Ella cocinando ilusionada, y el niño en remojo. Como toda madre, su instinto le avisa...
Pocas palabras pero en su punto todas ellas, te felicito.
Y espero que lo hayas pasado muy bien, qué envidieja.
Un beso