
EL JARDÍN DE LAS VIDAS AJENAS
Me conocen desde hace años en todas las agencias. Soy ese tipo de cliente que los empleados desearían ver pasar de largo cuando identifican mi narizota en el extremo del escaparate, mientras mascullan, entre la plegaria y la letanía, que no entre, que no entre. El enemigo al que se facilitaría la huida construyéndole un puente de plata. Pero no, porque soy de los que entro, espero pacientemente mi turno, me siento sin que me inviten, explico mis preferencias, pregunto los pros aunque sean evidentes y hurgo en los contras para demostrar que conozco bien el paño inmobiliario. Sólo me interesan las casas de segunda mano. Cuando salimos para visitarlas, sé que albergan la esperanza de que acabe adquiriendo alguna y desaparezca para siempre. Pero no. No tengo ninguna intención de comprar. Aún no han comprendido que la miel del hogar perfecto sólo se alcanza libando aquí, libando allá, en el jardín de las vidas ajenas.
5 comentarios:
Odioso personaje, Antonio, sobre todo para quienes han de sufrirlo, pero provisto de una sabiduría singular.
Me ha gustado mucho.
Saludos
Yo cuando buscaba piso, comprobé que era verdad eso de que "cada casa es un mundo", y comprendo, pues, la pasión -culpable- del protagonista.
Un abrazo, Antonio.
Me ha gustado mucho esto de vivir vicariamente a través de las vidas ajenas. ¡Enhorabuena!
Tiene la intimidad de los hogares ajenos un cierto efecto desconcertante y satisfactorio al mismo tiempo. Como de que somos los mismos y a la vez extraños. Entiendo a tu personaje y me alegro de haber descubierto tu bitácora. Saludos.
Pues bienvenida, Miriam.
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