jueves, 25 de marzo de 2010

Los pederastas de la Iglesia


Hay momentos en los que el Sr. Humano huele a podredumbre. Nos toca vivir uno de ellos, porque no recuerdo etapa de mi vida (y ya tengo unos años) en la que hayan confluido tantas perversidades humanas. Atentados terroristas en medio mundo, despariciones de niños (¿qué diablos ocurre en las Islas Canarias?), explotación infantil en todas sus facetas perversas (laboral, sexual, militar), trata de blanca, asesinatos de mujeres, conductores suicidas y/o asesinos, jueces de dudosa imparcialidad, políticos corruptos (y cínicos, muy muy cínicos), etc., etc., etc. Por si el panorama no fuese para vomitar todos los días al abrir los ojos, por si la crisis económica brutal no fuese suficiente para llorar después de vomitar, ahora se produce otra conjunción planetaria (no la necia conjunción predicha por Pajín): de un lado el sexo en su vertiente más nefanda y cosmopolita, de otro, la Iglesia Católica, su doble moral y sus silencios. A fuerza de tanto pederesta en su seno (¡Dios mío, cuántos van ya!), conseguirán que nos habituemos a esta miseria moral, como parece que ya nos hemos habituado a contemplar el hambre en un tercio del planeta como si contemplásemos las nubes o el vaivén de las olas. Ahora el asunto llega hasta el corazón mismo de la curia vaticana. ¿Cuándo va a comprender la Iglesia que el celibato impuesto a sus miembros es causa y raíz en buena parte de esta peste? ¿Qué hará ahora Ratzinger, una vez demostrado con documentos que hasta su persona llegaron las denuncias de los abusos de L. C. Murphy y, con el pretexto de que estaba enfermo, miró para otro lado? No hay reparación posible para la legión de violados que acumula la Iglesia (sólo Murphy tuvo a unos doscientos niños sordos en sus manos), pero sí hay, al menos, un principio de esperanza en que las cosas cambien: la expulsión fulminante de cuantos conocen, amparan y silencian la criminal sexualidad de estos personajes, con carácter retroactivo y llegando incluso hasta arriba, hasta el sillón de Pedro. A lo mejor hay suerte y los políticos españoles siguen el ejemplo y, por una vez en la historia de las dos últimas décadas, son cesados o dimiten quienes no merecen seguir ni un minuto más robando o mintiendo con absoluta impunidad.

(Imagen: cartel de la película La mala educación,
de Almodóvar, en un cine de Creta. Fuente Silenos)


7 comentarios:

Cathan Dursselev dijo...

La Iglesia es una institución formada por hombres (y muejeres ^^) y por tanto se cometen tantas o más barbaridades que en cualquier otra institución, con la salvedad, claro, de que la Iglesia se ha volcado siempre en la educación y cuidado de los demás, especialmente de niños. Y cuando un hijo de puta -para mí no son enfermos- de estos toma los hábitos se encuentra con todo un campo abierto para actuar a sus anchas.

Y, además, es más duro en cuanto un cura debe ser alguien en quien confiar. De todas formas, a Dios gracias, no toda la Iglesia está corrompida y aún tiene muchas cosas buenas.

Ahora ¿que tiene que ver Pajín -más allá del fácil juego de palabras con lo que deberían hacerse estos en vez de toquetar a los niños- en todo este asunto?

sergio astorga dijo...

Antonio, ya lo has dicho: ¡denunciemos y exijamos!
Sergio Astorga

Luis dijo...

Cuanta verdad, querido Antonio, vaya mundo, vaya doble moral de los de siempre, totalmente de acuerdo contigo. Un abrazo y gracias por estar en Los Toruños visionando por segunda vez En medio de las olas.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Querido Cathan, al pensar en la siempre explosiva conjunción de SEXO + IGLESIA, no he podido evitar acordarme de una de las mayores memeces dichas en este país en los últimos años: la célebre conjunción planetaria pronosticada por la ínclita Pajín. La otra lectura de Pajín (muy aguda) es toda tuya.
Un abrazo.

Eduardo Flores dijo...

Resumiendo: que tengo un cajón de la firma Pandora. Sin embargo soy de los que piensan que todo cambia para que nada cambie, y el mal, ya sea en cualquiera de sus facetas, evoluciona de algún modo, quizá, más sobresaliente que el bien. Todo gira en torno a la misma pugna. El hecho de que hoy seamos más conscientes es, que a diferencia del ayer lejano, hoy por hoy el mal se cotiza en el triste negocio de los medios, con el double purpose tal vez, de mantenernos temerosos de lo intangible, aquello que nos hace girar tan misteriosamente, tal y como ocurriera en otro tiempo. Todo cambia para que nada cambie y la perversión de cierto sector de la Iglesia se hace también partícipe de ello. Como si no tuviera suficiente con el desastre espiritual que se desfoga contra crucifijos, cúpulas y campanarios.

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

¡Cuánta verdad!¡Cómo duelen estos males!
Saludos, con esperanza.

Marco Valerio Corvo dijo...

El comentario con el que me siento mas cercano es el de Eduardo Flores. Si no hubiera terroristas, ¡habría que inventarlos! De hecho ¿cuantos existirán de verdad? Y ahora se airea esta mierda .... No sé, la Iglesia Católica me es algo completamente ajeno ... me acuerdo de la maravillosa pelicula que vimos hace un par de años: "El violín" creo que era, en blanco y negro y ambientada en Chiapas. El protagonista, un hombre enjuto y delgado muy mayor, resumía la situación con toda la viejérrima sabiduria maya: "Existen los hombres ambiciosos y los hombres verdaderos ...." para los primeros no hay crisis alguna, amigo Antonio, ellos la han inventado, lo mismo que son ellos los terroristas verdaderos, y también los que dominan los medios de comunicación (Chavez, ¡malo!, ¡Obama!, ¡bueno!, o al reves ... que mas dá)
y los que ahora han decidido este viene y va de la Iglesia, que al final dirán, bueno sí, hay algunos pervertidos, pero en el fondo, como dice Cathan, ¡somos una gran institución! Que gran verdad es esa, Eduardo, de que algo cambia pero para que nada cambie .....