domingo, 3 de enero de 2010

Revelación del misterio y un poema consolatorio


Mi hija, como tantos niños antes y tantos que vendrán, ha descubierto el misterio de Oriente. Dice que lo sabe desde hace tiempo, pero hasta hoy no nos ha hablado de ello. Es una de las señales del abandono de la infancia. Su madre y yo, como hicieron con nosotros, buscamos cualquier resquicio para mantener vivo el entusiasmo, a través de un lenguaje de alusiones, un poco de teatro y el factor sopresa. Pero algo cambia para siempre en un niño cuando, al cerrar los ojos esa noche, ya no imagina la imagen corpulenta y egregia de ese señor barbudo que durante tantos años ha apurado la copa de anís y se ha comido casi todas las pastas; cuando ya no intenta comprender de qué artimañas se valía para alcanzar ventanas tan altas a lomos de un animal jorobado y patilargo que relamía los platos de agua. Por eso hoy he querido compensarla con lo único que se me ha ocurrido: un poema que escribí para ella hace algún tiempo.


CANCIÓN PARA MI HIJA

Tierra que cubre con pardo cobijo.
Mar que me arrulla silbando al oído.


Cielo que frena el soplar de los vientos.

Flor que desdeña el avance del tiempo.


Pez que remonta feliz la corriente.

Ave que esboza castillos celestes.


Agua que beben arenas desérticas.

Noche que esplende en amenas tinieblas.


Fuego que enciende lejanos glaciares.

Verso que prende en alados cendales.


(Adoración de los Magos. Botticelli. Galería Uffizi. Florencia)

3 comentarios:

Antonio Azuaga dijo...

Descuida, se seguirá agarrando al misterio. Y tu poema no será su consolación, sino su coartada.

Un abrazo.

Olga B. dijo...

Y tanto que se seguirá agarrando al misterio. A mí me lo desvelaron tan pronto que sólo recuerdo una única noche en que me lo creyera. Y nunca he perdido del todo la ilusión, ni la perderá tu hija. Y esa canción sonará en sus oídos aún más dulcemente que en los nuestros.
Así que a ser bueno, o te quedarás sin regalos;-)

Mery dijo...

Si, hay algo de desgarro en ese abandono de la infancia. Uno casi desearía volver a esa inocencia al llegar al ocaso de su vida.
Tu niña se sentirá muy orgullosa de tí con este bello poema. Seguro que los Reyes han sido buenos contigo ¿a que sí?

Un beso