domingo, 10 de enero de 2010

Marsé, Gil de Biedma y el cine español


Leo en la red que Juan Marsé se ha despachado a gusto contra El cónsul de Sodoma (el título se las trae), la película-biografía de Jaime Gil de Biedma dirigida por Sigfrid Monleón, producida por A. Vicente Gómez y basada en el libro de Miguel Dalmau, Jaime Gil de Biedma. Retrato de un poeta (2004). De la acometida de Marsé (véase un extracto aquí) deduzco que ni mi admirado Jordi Mollá se salva en el papel del poeta. El productor no se ha quedado corto en su defensa y afirma que el enfado de Marsé se debe, entre otras razones, a que no ha contado con él para el guión. No he visto la película ni conozco con detalle los argumentos de uno y otro, pero es evidente que la campaña publicitaria ya está en marcha, con los ingredientes de siempre: la exposición pública de la sexualidad del poeta y la entrada en liza de un personaje público, escritor admirado (por mí sin duda), cuyas palabras sirven, a la postre, para atraer público a la sala. Uno se pregunta: ¿y dónde está el poeta? ¿dónde sus versos, siendo ellos su verdadera herencia? Al probre Lorca lo crucificaron al matarlo y lleva un largo calvario antes por mor de su sexualidad y ahora por mor de sus huesos. El próximo será Miguel Hernández, cuya vida también será expuesta en el cine. Insisto en que no conozco a fondo los argumentos de Marsé y A. Vicente, pero no por ello se me oculta un hecho cada vez más notorio: a la hora de hacer biografías, el cine español sigue cayendo en brazos del lado controvertido del biografiado, en detrimento de otros aspectos (que suelen ser los más importantes): ocurrió con Juana la Loca de V. Aranda, donde había mucho desvarío y enajenación amorosa, pero poquísima historia; ocurrió con Los Borgia, dirigida por Antonio Hernández, donde Cesare Borgia era más latin lover que pendenciero; ocurrió con Camarón, de Jaime Chavarri, excesivamente escorada hacia el mundo de la droga y con apenas incursiones profundas en el mundo del cante. Se puede entender que el cine es cine, pero el español todavía carga con un lastre de posguerra: la revelación del lado oculto (por lo general el sexo "periférico") de muchos de sus personajes. Y a estas alturas de la película, eso sólo interesa en algunos programas de televisión.
(Imagen: J. Gil de Biedma, de Joan Sánchez. El País, 5/5/2009)

6 comentarios:

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Hay otra película que tampoco dejaba muy bien parado al poeta de turno: T. S. Eliot. "Tom & Viv", que así se llamaba aquélla, se regodeaba demasiado en la posible desatención del poeta a su primera esposa. A los poetas hay que conocerlos en sus versos y, si se quiere ir más a fondo, mediante biografías serias. El cine simplifica casi siempre, y la poesía es concisión y esencialidad, que no simplificación. Un abrazo.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

En el fondo, Antonio, la historia es lo de menos. Los productores de cine se siguen aferrando al morbo como único argumento de venta, porque siempre es más fácil hacer una película morbosa que una película buena. Habrá que verla, concedámosle el beneficio de la duda, pero ls precedentes que citas hacen temer lo peor.
Un abrazo.

Joaquín Parellada dijo...

Tienes toda la razón en lo que dices, Antonio. Ahora bien, el origen de este tratamiento tan desafortunado está en la infame (e infamante) biografía de un tal Dalmau, en la que se basa la película. Yo tuve la paciencia de leérmela y, cuando la terminé, me hice tu misma pregunta: ¿Dónde está el poeta? En cuanto a Marsé me temo que ha caído en la trampa de hacerles publicidad gratuita. Yo, amigo Juan Antonio, no les daré ni el beneficio de la duda (al menos en salas comerciales). Y desde luego, lo que no creo es que quienes no han leído a Jaime Gil lo hagan después de ver el film.
Un abrazo, Joaquín

Capitán dijo...

Y pese a todo, siguen sin vender, y pidiendo subvenciones a troche y moche, una lástima. Has definid a la perfección gran parte de los pecados del cine nacional.

Un abrazo

Mery dijo...

No sé cuál será el motivo del enfado de Marsé, puede que tenga que ver con no haber participado en el guión. Eso me recuerda que para la versión cinematográfica de "Ultimas tardes con Teresa", Marsé pidió ayuda a Biedma, precisamente.
Tengo pensado ir a ver la película, pues la biografía de Dalmau me gustó mucho. Veremos el resultado.
Un abrazo

Fernando Valls dijo...

De lo que se trata es de si la película es buena. Si fuera buena, aunque Gil de Biedma no apareciera como lo recordamos, el problema sería menor. Otra asunto es, en qué aspectos de su vida se detiene. A mí el libro de Dalmau me contó cosa que no sabía, pero puso demasiada carne en el asador para poder conseguir un anticipo de la editorial.