jueves, 21 de enero de 2010

La invasión de los ultraportátiles o los caballeros de la qualité


Llega a casa mi hija contenta con su nuevo ultraportátil, regalo de la Consejería de Eduación de la Junta de Andalucía. Para que se vea bien el origen de tan generosa iniciativa, se añade una maleta con ruedas y múltiples bolsillos con el logo de la Junta sobre verde que te quiero verde. Y ahí van ya los críos andaluces de 5º y 6º de la Primaria pública arrastrando la prueba incontestable de que aquí ya hemos entrado de cabeza en la Tercera Modernización de Andalucía (¿o era la cuarta?). Primero fueron los libros de textos, gratis para everybody; ahora, en plena crisis, los ordenadores. Hagamos cuentas: en la clase de mi hija se han entregado 26 aparatos (con sus bolsas verdes, que también cuestan un pico) y otros tantos en el otro 6º y en los dos cursos de 5º., lo que suma un centenar, que, multiplicado por todos los colegios agraciados de la región, nos lleva a unos cuantos cientos de miles de euros invertidos. Mi hija ya tenía un ultraportátil y en casa hay otros ordenadores, pero, como nadie preguntó, ah, no hagamos ascos al caballo regalado, que viene galopando sobre dinero público. So pretexto de creerse los paladines de lo social, los socialistas universalizan medidas populistas (como los 400 euros o los cheques-bebé y otra memeces) que son como un PER discontinuo, acorde a los nuevos tiempos. La que nos ocupa es la qualité de la Enseñanza, que en Hispania es el resultado de una sencilla operación matemática: burogracia x burocracia + tecnología hasta en la toilette + jefes cantamañanas = qualité de la qualité. Que nadie diga que es la calidad de lo accesorio, de lo vacuo, de lo superfluo, que es la que mola, vende y posa en la foto. Que nadie les afee el gesto con eso de que no se cubren (o se tarda meses) las bajas por enfermedad del profesorado; o que la ratio de alumnos sigue siendo una utopía; o que los laboratorios de idiomas brillan por su ausencia en los centros públicos; o que los mismos ineptos siguen administrando la Enseñanza desde hace años. Que nadie desee que el Pacto por la Educación empiece por echar a todos (reformadores de logses, capitanes de la pedagogía y el didactismo, tecnócratas fundamentalistas, legión de socialistas cuyos hijos se educan y forman en escuelas concertadas o privadas) y entregar las riendas de la Educación pública a cabezas preparadas, que haberlas haylas. Que nadie sea tan injusto con ellos, caballeros de la qualité.

9 comentarios:

Capitán dijo...

Mucha verdad en la entrada, aunque la quieran envolveer para que no se vea en papel de celofán verde.

Un abrazo

Enrique Baltanás dijo...

Tengo entendido que al final de curso lo tienen que devolver. No sé si estoy bien informado.
En cualquier caso, vaya derroche más inútil.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Tienes mucha razón, Antonio. Esto parece una catetada, una broma de mal gusto y un despilfarro para lo que alguien llamó guarderías levemente informatizadas. Los medios no pueden ser más importantes que los fines, pero para quienes viven del relumbrón y la foto no hay otro discurso. Tanto ordenador ocultará que se va a reducir drásticamente la posibilidad de sustituciones, con un cupo limitado en la nueva organización de los centros de secundaria. Otro avance imparable. Un abrazo.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Enrique, a mi hija le han dicho que es para cuatro años, con lo que lo tendrá en los tres primeros de Secundaria. De devolverlo no le han dicho nada, de momento.

LUISA M. dijo...

Estoy de acuerdo contigo en casi todo lo que dices, Antonio.
Creo que en Andalucía y en España hay temas mucho más urgentes que abordar en educación que "regalar" los ordenadores ultraportátiles a todo el alumnado de 5º y 6º de primaria, en lo que se van a gastar "un pico" y que, además, no sé cómo van a "controlar" su cuidado y uso responsable.
En nuestro centro aún no se han repartido, pero están "al caer" dentro de unos días. Si no estoy mal informada, creo que se los van a dejar hasta que terminen la secundaria. En fin,... hace falta un poco de cordura y espero que nuestros políticos se sienten a debatir y dialogar para hacer un pacto por la educación.
Saludos.

siempreconhistorias dijo...

¡Diga usted que sí, profesor! Encantada de leerte así, combativo y bien informado. Leerte PER me llevó directa a mis años en Andalucía.
Magnífica crítica.
Un saludo,
Izaskun

Gemma dijo...

Menudo despilfarro, desde luego. Como bien señalas, de lo que se trata es de pasar por modernos guardando las formas, jamás de los jamases los dichosos contenidos... Así nos luce el pelo.

Un abrazo

Anónimo dijo...

La historia se repite:
Según Lao Tse la modernidad es un mal al que continuamente se ve abocada la sociedad.
Cuando de esnovismo tiene esta nueva política o cuanto de útil.

Los hijos de pobres valoramos estos actos heroicos de igualdad de forma suprema pero rechazamos de frente la caridad cristiana por las connotaciones que acarrea.

No queremos ordenadores de segunda, pequeñas pantallas, alta obsolescencia.

Ejerzamos la objeción tecnológica. Nuestro mundo tiene unos valores superiores que no están en este y son los que queremos inculcar a nuestra descendencia como único medio de revelarnos contra el sistema.

Un abrazo y enhorabuena a Antonio por traer estos temas a este nuestro blog.

Un abrazo,
Fernando Gutiérrez

Antonio Serrano Cueto dijo...

Bienvenido, Fernando. Veo que te vas animando. No es tanto objección tecnológica, como poner las cosas en su sitio. Mientras gasten dinero y energías (¿?) en este tipo de medidas vistosas, de escaparate, no lo harán en otras que son infinitamente más importantes y un mal endémico en la Enseñanza, como es el tema de las bajas que no se cubren. Hace poco en un instituto de Huéscar (Granada), los alumnos de 2º de Bachillerato se quejaban de que no había sido cubierta la baja de maternidad de su profesora (http://seec-malaga.blogspot.com/2010/01/alumnas-de-huescar-granada-piden-un.html). Con el importe de seis de estos ordenadores podría haberse pagado la nómina de un sustituto y, de paso, haber reducido la lista del paro. En fin. Es la misma historia de siempre: lo sustantivo en un cajón y lo accesorio, encima de la mesa.