lunes, 30 de noviembre de 2009

Aireaba su conversación en la mesa de al lado


Desde que las conversaciones telefónicas abandonaron la privacidad de una habitación y escaparon a airearse sin recato, el oyente accidental sufre una violenta "invitación" a entrar en el espacio de los otros. De ese choque de privacidades no puede salir nada bueno, como evidencia este monólogo "capturado" en una terraza cualquiera:


-¿Sí? Ah, hola. No. No. Lo tenía apagado. Claro. Claro... Ya sabes... ¿Cómo? No es posible. Pero... Ya. Ya. ¡Toda la mañana! No, para nada. Todo lo contrario. Pero no acabo de creerlo. Claro, claro que sí. El sábado pasado. Y tan bien. Tan bien que... ¿A qué hora? Joder. Voy para allá enseguida. A ver dónde coño lo enterramos.

(Imagen: detalle del reloj de St. Peeter, Lovaina. Fuente: Silenos)

domingo, 29 de noviembre de 2009

Estampas desde Lovaina: De nuevo en danza

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Saludos, amigos lectores.
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Vuelvo a Lovaina, más otoñal que la dejé (ya están desnudos los plátanos de sombra del parque, ya buscan abrigo los patos antes deambulantes y pletóricos por la demora de los fríos). Almuerzo en mi bar preferido de Les Marolles (La Brocante), en Bruselas, con acompañamiento de jazz en directo: dos jóvenes músicos que conforman un grupo llamado Belch' (jazz vivant tous les dimanches!). Hoy luce el gentío y ciega la humareda. No obstante, encuentro una mesa pequeña y, como ya mi cara debe de resultar familar a los camareros, me atienden con una sonrisa cómplice. Escribo mientras bebo y bebo mientras suena la música. Garabateo dibujos, esbozo alguna idea para un microrrelato, asoma el verso primero de acaso un poema. Pero hoy no tengo muchas ganas de vivir en lo literario; me puede más el deseo de vivir hacia afuera, hacia la calle paseada y húmeda, hacia las conversaciones que cuelgan de las mesas, de los vasos, de los cigarrillos de picadura. Y me pregunto qué es la vida sino un tránsito hacia las mismas cosas, hacia la misma glorieta en la que gira y gira siempre el mismo tiovivo bajo la amenaza siempre del mismo cielo.
(Imagen: Fuente en Rue au Beurre, cerca de St. Nicolás, Bruselas. Fuente: Silenos)

martes, 24 de noviembre de 2009

Descanso bloguero

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Para no desnortar a mis silenos, tan llevados y traídos de aquí para allá últimamente, les he dado un pequeño descanso mientras yo escapo a España a ver a la familia. Pero pronto, una vez que este corifeo regrese a Flandes, reiniciarán la danza.

domingo, 15 de noviembre de 2009

De adoquines, Cordero y pandemia rodante


La mañana de lluvia en Leuven me empuja a coger un tren hacia Gante, la ciudad donde nació Carlos V y una de las más bellas de Bélgica. En el viaje, de una hora escasa, voy desgranando los recuerdos de aquella ya lejana visita que hice en 1997 y, gracias a las fotografías de la guía, logro poner en pie cuatro o cinco imágenes hasta entonces desvaídas. No recordaba (quizás entonces no era tanto), sin embargo, el aspecto descuidado de la estación de St. Pieters, impropio de esta ciudad capital de Flandes Oriental. Pero eso es una menudencia para quien busca el goce de los sentidos en el centro histórico. Pero, ay, mala fortuna. Llegar y acordarme del Madrid herido de Javier Marías todo fue uno: junto a los bellos canales se abren otros horrorosos, por orden del ayuntamiento. Obras. Obras. Obras. Por suerte, la catedral de Sint Baafs estaba abierta y volver a ver El Cordero Místico de los hermanos Van Eyck lo compensó todo. Llovía sobre Gante cuando enfilé de nuevo hacia la estación. Mientras caminaba, en mi memoria batallaban dos frentes: el ejército de los ángeles, apóstoles y demás caballeros elegidos en la Jerusalén Celestial y la legión de adoquines, grúas, máquinas y vallas. "¿Qué me llevaré hoy de Gante?", me decía. Pero tan enfrascado iba, que olvidé que en las puertas mismas de la estación me aguardaba un tercer ejército, el rodante, tremendamente invasivo, como ya advertí en otra estampa.


(Imagen: Ejército de bicicletas en espera de órdenes
delante de St.-Pieters Station. Fuente: Silenos)

Gracias, Sergio Astorga


Los Silenos según los ANTOJOS del pintor y poeta Sergio Astorga. Mi agradecimiento, con un abrazo ultramar.
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(Ofrenda pictórica a estos Silenos, por Sergio Astorga)

viernes, 13 de noviembre de 2009

Estampas desde Lovaina: Variaciones sobre una estampa otoñal


Delante de mi ventana tengo el Donatus Park, que es el mejor somnífero en esta ciudad universitaria. Cada día cruzo un precioso paseo abovedado por rubias ramas de arce, cuya infinita hojarasca se afanan los funcionarios del ayuntamiento en limpiar. Nunca tuve el cambio otoñal tan delante de las narices. Semejante paisaje de ocres y frío terrero me ha recordado uno de mis primeros poemas, algo cernudiano dirá alguien, que os dejo aquí con una petición de benevolencia por mor de su doncellez. Como el tema da juego, también os dejo una versión en prosa del mismo menoscabo corporal.


MI AMIGO

Han encontrado el cuerpo de mi amigo bajo las hojas otoñales de los plátanos del arce. Menos mal que mi amigo hace tiempo que ya no lo utilizaba.

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LA SOMBRA

Sola yace la sombra en la glorieta
de un hombre con premura abandonada.

Desde allí negras huellas van tintando
un camino furtivo en la hojarasca.

Nadie sabe decir quién es el prófugo
corredor en la tarde solitaria.

Nadie sabe por qué la sombra quieta
sin sangre, malherida se desangra.
(Donatus Park. Fuente: Silenos)

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Estampas desde Lovaina: Armisticio, conspiración y muertos vivientes


Como hoy es el día del Armisticio (11 de noviembre de 1918), fiesta nacional en Bélgica, y Lovaina pierde en los festivos mucha lozanía universitaria, me escapo a Bruselas. Paseando cerca del Palacio de Justicia me encuentro una perla digna de traer a mis Silenos: en la puerta de un coche de policía se lee "Pajotteland". Saco la cámara y me dispongo a importar la imagen para solaz e inspiración de los lectores, pero hete aquí que la mirada broncínea de dos agentes me recuerda que Guantánamo aún recibe visitas de larga duración. Luego de reponerme del susto, me siento en mi mesa preferida de La Brocante, en Les Marolles, y abro El País. Quizás porque acabo de sentirme como un conspirador de tres al cuarto, la noticia de que Afganistán lleva camino de convertirse "en un Vietnam para Reino Unido" atrae mi atención. Mas uno ya tiene el vicio de leer la prensa esperando delicias del lenguaje y, claro, acabo en este estupendo texto: "La asistencia a la ofrenda floral en el Cenopath, en Whitehall, encabezada por la reina y por los primeros ministros aún vivos..." ¿Se imaginan que hubiera asistido Winston Churchill? ¿O que el periodista tenga que cubrir mañana la noticia, pongamos por caso, de una gran manifestación? Escribiría: "Acudieron más de doscientos mil manifestantes aún vivos..." Entre cerveza y cerveza la cosa debió de quedárseme prendida en algún recóndito lugar del subconsciente, porque, al llegar a Lovaina, descubro entre las compras que he hecho en Bruselas una película de Robin Campillo titulada Les revenants, cuyo argumento se me revela ahora en todo su sentido aterrador: los muertos abandonan en masa los cementerios para, simplemente, recuperar el lugar que tuvieron entre sus familiares. Y todo por culpa de una palabreja malsonante en la puerta de un coche policial.


(Imagen: detalle de la fuente de los condes Egmont y Hornes (1864),
en la Place du Petit-Sablon, Bruselas. Fuente: Silenos)

domingo, 8 de noviembre de 2009

Un poema flamenco


A Javier Sánchez Menéndez,
por apostar por la poesía
en tiempos sombríos
NOCHE EN FLANDES

Rompe a llorar la noche
en el campo de Flandes.
Como un lamento sobrio y contenido
que pidiera disculpas
por ser tan solo un llanto sin tristeza.
Asoma a mis cristales desde fuera,
en plenitud de formas transparentes.
¿Qué puedo yo decirle,
con este torpe amago
de azul melancolía,
a la que tanto sabe del insomnio,
del impostado arrimo del hogar
en el que malgastamos
las horas más nutricias?
Trae la noche en apogeo
su risa de prodigio,
alba excarcelación de una promesa.

(Noche estrellada, de V. Van Gogh)

jueves, 5 de noviembre de 2009

Un microrrelato con dedicatoria

Para Celi e Hipólito, ellos saben por qué
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A BUENAS HORAS...
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A mi abuela la llamaron a filas estando ya difunta. Mi padre, que ejercía de primogénito, convocó a la familia a las seis de la tarde y, tras leer el llamamiento que habíamos recibido en casa, invitó a cada cual a exponer su parecer. Después de varias cafeteras, las posturas parecían irreconciliables. Algunos de mis tíos no podían contener la risa y esgrimían en su descargo que la abuela Eutimia se hubiera divertido de lo lindo con el asunto, y hasta se hubiese presentado en la oficina de reclutamiento. Buena era la abuela. Otros, entre los que se contaba mi padre, siempre tan circunspecto, les afeaban la conducta y abogaban por presentar una queja formal ante la autoridad castrense. La tía Elvira, a pesar de ser analfabeta (o precisamente por eso), instaba a que se denunciase el caso en la prensa. Y como en todas las familias de entonces siempre había un primo universitario, mi primo Enrique levantaba la mano y, haciéndose dueño del silencio expectante, explicaba muy doctamente que por el tiempo en que nació mi abuela las partidas de nacimiento eran pura ficción paterna. Si, con el correr de los años, se le añadía la torpeza de algún funcionario que habría cruzado sus datos con los de un recluta tocayo… Pero mi padre no quería ni oír hablar de argumentos exculpatorios y seguía recabando apoyos para redactar la queja. Fue entonces cuando sucedió. Mi tía-abuela rompió su habitual mutismo con una leve risita, contenida, casi como un hipido pudoroso. Todos callaron y atentos mantuvieron la mirada. Pero ella no dijo nada, y de hecho se llevó el secreto a la tumba. Aquella tarde, recuerda mi padre misterioso, todos sintieron el aliento burlón y ebrio del bisabuelo.
(En la imagen otra graciosa estatua de Lovaina: Paap Toon.
Otro día hablaré de ella. Fuente: Silenos)

domingo, 1 de noviembre de 2009

Santos, difuntos, pintores y el corazón de la tierra

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Todos los santos y el recuerdo de los difuntos me han empujado a visitar Amberes. En la Catedral de Nuestra Señora se exponen hasta mediados de noviembre 15 obras de maestros pintores (Peter Paul Rubens, Frans Floris, Artus Wolffort, Maerten de Vos, Otto van Veen, Ambrosius Francken, Hendrick van Balen...), muchas de ellas retablos encargados en su día por gremios y agrupaciones artesanales y que, hasta la dominación francesa, decoraban la catedral. Entre varios descendimientos y alguna lucha de los celestiales contra los ángeles caídos, hay un hermoso tríptico de Barend van Orley titulado Juicio Final con las siete acciones de la misericordia. He sentido el pesar de las almas inconsolables que un ángel se llevaba hacia las llamas. Y como estoy convencido que el ánimo anterior pesa y modula el ánimo siguiente, al llegar a la Estación Central de Amberes, ya de vuelta, he reparado en que, después de siglos haciéndolo hacia arriba, el mundo crece hacia abajo, como una raíz obstinada que busca agua en el hemisferio opuesto. Vamos volviendo (qué largo volver) a la cavernas, de donde salimos con el único propósito de descubrir (qué largo descubrir) que nuestro sitio estaba dentro, al abrigo de la tierra, al amparo de las sombras telúricas. Y con tanto cavar vamos ampliando el número de las entradas al Infierno.

(Arriba la estación moderna, que convive con esa hermosa "catedral ferroviaria"
que es la antigua (abajo). Fuente: Silenos)
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