viernes, 30 de octubre de 2009

Estampas desde Lovaina: Bicicletas para Erasmo


Para Joaquín Parellada, amigo erasmista
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Hasta ayer pensaba que, para captar una imagen de esta ciudad en la que no aparezcan aros de bicicleta, era menester volver a mirarla de cintura para arriba. Pero tal razonamiento se me fue al traste cuando vi, en la puerta de un centro universitario, uno de esos artefactos colgando, cual fruto maduro, de un árbol. Tan aéreo punto de estacionamiento me hizo temer la expansión de una nueva pandemia que, enmascarada en los beneficios de la vida sana, conlleva altos riesgos para la salud. Pero aquí todo el mundo parece haber asumido que merece la pena. Incluso el bueno de Erasmo de Rotterdam, que tan canutas las pasó con los teólogos lovanienses, se ha resignado ya a verlas arracimadas a sus pies cuando, de tarde en tarde, baja la cabeza para relajar el cuello dolorido.

martes, 27 de octubre de 2009

Turbulencias


Con sonrisa de manual, la sobrecargo anunció por megafonía que por causa de la huelga no ofrecerían el habitual servicio a bordo. Para más inri, lo tradujo al inglés, francés y holandés. A mí me bastaba mi lengua patria para saber que en cuatro horas no tendríamos más refrigerio que el aire acondicionado, fortísimo y racheado, como el viento que hacía bailar al aparato. Porque a uno no se le va de la cabeza cuando vuela que pende de un aparato que a su vez pende de dos alas que sabe Dios de qué penden. Más vale no pensar demasiado. Y es lo que suelo hacer, pedir una cerveza o un vino, o dos. Lo suficiente para no pensar y dormir un poco. Pero no. La huelga de los tripulantes de cabina me había arrebatado el sueño al arrebatarme la bebida. Desde mi asiento en la fila 4, justo detrás de clase business, y a pesar de la cortinilla que un tripulante se empeñaba en cerrar, descubrí cómo ellos, los bienaventurados de primera, sí eran agasajados con bebidas y snacks. Así que, fingiendo estar dormido, abría con la rodilla la cortinilla para que el resto del pasaje descubriese el desaire de Iberia. No tuve que cruzar miradas con nadie, ni buscar con ayuda de gestos la complicidad de mis compañeros de clase y travesía. Lo último que recuerdo es que la azafata, muy nerviosa, perdió pie en una turbulencia y me arrojó una cerveza por encima, mientras la sobrecargo gritaba motín en varias lenguas. Lo demás es objeto de una investigación.

jueves, 22 de octubre de 2009

Estampas desde Lovaina: Ese cuerpo en el camino


A Antonio Dávila,
que tanto ama esta ciudad
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Observo que hay varios rincones en la ciudad de Lovaina vigilados por la mirada inquisitiva de una estatua. Las hay grandes, solemnes en su alzamiento y memoria, y pequeñas, humildes en su talla y evocación. Unas son de piel broncínea seca y otras, de chorro acuoso y mojador. Este despliegue de imágenes parece ser cosa de esta tierra, porque también en Bruselas abundan, aunque en la capital han decidido convertir en símbolo de la ciudad a un niño meón (Manneken-Pis) cuya gracia ni arte veo por parte alguna. Encuentro mayor gusto en las que voy conociendo en Lovaina. Ya hablé del vecino Abrahám. No muy lejos, en la convergencia de Tiensestraat y Muntstraat, yace una hermosa mujer, cuya alta estatura parece responder a la media del cuerpo femenino belga. Su desnudez no pasa desapercibida a nadie, mucho menos en una ciudad universitaria. Si os fijáis bien, aún no muestra en su rostro ni un ápice de indignación por tanto escarnio.
(Fuente de la imagen: Silenos)

domingo, 18 de octubre de 2009

Estampas desde Lovaina: Martyn Joseph


Conocí a Martyn Joseph ("a performer like no other", así lo presentaba el programa de mano) en la noche del pasado viernes. Apenas intercambiamos tres frases. Él era el protagonista de la velada y yo quizás el único español en medio de un centenar de belgas. El lugar, L'is 't waar, un caserón en Oud-Heverlee, a pocos kilómetros de Lovaina, convertido en acogedor café y sala de conciertos. De esos conciertos a los que uno sólo asiste si lo invitan, porque se organizan para grupos reducidos (Martyn tiene buenos amigos en Lovaina y no es la primera vez que viene) y la noticia se difunde exclusivamente por el boca a boca. En Lovaina saben organizar bien este tipo de encuentros, que suelen acompañarse de la cena. No había tenido ocasión de escuchar sus canciones hasta esa noche ("Make me cry", "Working mother", "Let's talk about it in the morning", "Kiss the world beautiful" y "Turn me tender" son algunas conocidas). Luego he sabido que es reconocido en Estados Unidos y, por supuesto, en su Inglaterra natal, y que ha cantado con Suzanne Vega, Marc Cohn, Joan Armatrading, Clannad, Art Garfunkel y Celine Dion, entre otros. En 2004 fue votado como el mejor artista masculino en la BBC. En España no sé qué difusión tiene. Me gustaron no sólo sus canciones y su música, sino también el espectáculo de un hombre solo en el escenario, cambiando de guitarras continuamente, acompañándose en alguna ocasión con la armónica, intercalando entre canción y canción las ocurrencias de su buen humor. No es fácil hacer directo en solitario y mantener a los espectadores todo el tiempo entregados. Cuando fuimos a despedirnos de él (mi amiga es una de las promotoras de sus venidas), seguía sonriendo. Me pareció un hombre extremadamente afable. Y un excelente cantautor que ya forma parte de mis preferencias musicales.

sábado, 17 de octubre de 2009

Acaso sea esto


A los lectores de estos Silenos
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¡Dadme olores, caricias, sabores, imágenes, músicas... que alarguen la existencia! Dejarse llevar por el flujo de los sentidos hasta el aturdimiento, acaso sea eso vivir, este regalo que se nos da y se nos reclama al menor descuido. Las ciudades nos acogen si nos damos a su antojo, sin apaños, sin secretos. No hace falta desvestirlas para enredarse en su desnudez.

(Imagen: interior del bar "La Brocante", en el barrio Les Marolles, Bruselas. Fuente: Silenos)

martes, 13 de octubre de 2009

Un poema desde Flandes


Para Carmen, sine qua non

LAS MUJERES DEL GROOT BEGIJNHOF

Luz tardía en el Groot Begijnhof.
Qué grave olor del tiempo desprendido
en el lecho empedrado, en los canales
reticentes a darse al forastero
como mano que hospeda y no pregunta.
Recomponiendo andares quebrantados
camina una muchacha muy despacio.
Amaga al verla un beso el caprichoso
otoño brabantino.
································Soledad,
memoria renovada
en las calles, reguero de hojarasca
que pisaron antaño otras mujeres,
beatas de mundano corazón
y austero apartamiento.

(Imagen: Groot Begijnhof, el beginage o beaterio de Lovaina,
Patrimonio de la Unesco desde el año 2000. Fuente: Silenos)

viernes, 9 de octubre de 2009

Un microrrelato con dedicatoria


Para Carlos y Mercedes

ENTRE GATOS Y PERROS

Pedro y Juana conviven desde hace cuarenta años en un minúsculo apartamento. No han tenido hijos, pero sí perros y gatos de variado pelaje. Más por Juana que por Pedro, porque a él los animales le traen sin cuidado. En realidad, hace días que ya todo le trae sin cuidado. Sin embargo, a ella siempre le gustó acariciar lomos hirsutos y sentir bajo la piel caliente del animal el fluir somero de la sangre, y susurrar zalamerías en oídos que parecían agradecerlas. Algunos ya murieron, y a los más pequeños, como eran fácilmente transportables, Juana los fue enterrando en un bosquecillo en las afueras de la ciudad, bajo humildes letreros de caligrafía primorosa. Ahora moran en la casa tres gatos y un perro triste, ojeroso, que se encariñó tanto de Pedro, que hace una semana que no se aparta del viejo arcón.


(Imagen: Gárgola en la catedral de Sevilla. Fuente: Silenos)

jueves, 8 de octubre de 2009

Estampas desde Lovaina: Abraham, los cincuenta y la sabiduría


Para Mia Rotthier
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Como vivo junto al Donatus Park, cada día atravieso parte de sus jardines para ir a la Universidad de Lovaina. Desde el primer día me llamó la atención un habitante perpetuo del parque, un anciano barbudo que parece acostumbrado a toda inclemencia del tiempo. En la basa que lo sostiene se lee, escrito en neerlandés: WIJS IS HIJ DIE WETEN WIL WAAR ABRAHAM DE MOSTERD HAALT. Con ayuda de una amiga he sabido que significa: SABIO ES AQUEL QUE QUIERE SABER DE DÓNDE SACÓ ABRAHAM LA MOSTAZA. Me cuenta mi amiga que cuando un hombre llega a la cincuentena (es de suponer que va rozando la sabiduría), se le dice que ha visto a Abraham, y cuando llega una mujer (se le supone lo mismo), que ha visto a Sara. El origen de estos dichos populares está en el versículo de Juan 8,57 ("¿Aún no tienes cincuenta años y ya has visto a Abraham"?). Cuando paso cada día a su lado, este Abraham con ojos de búho me sonríe, y en esa sonrisa sólo puedo ver una advertencia para quien, como yo, va camino de la cincuentena y no parece hallar la sabiduría en parte alguna.

martes, 6 de octubre de 2009

Cuentos de Albert Sánchez Piñol


Como no sólo de estampas lovanienses viven estos Silenos, dejo ahora mis impresiones, breves y siempre discutibles, sobre Trece tristes trances (Alfaguara, 2009; Tretze Tristos Tràngols en el original catalán), de Albert Sánchez Piñol. Debo decir que no tenía la suerte (buena o mala) de conocer sus escritos y ahora tengo la dicha (que siempre es buena) de haber conocido la parte de ellos que toca a este estupendo libro. Cada uno de estos trece cuentos se apura como el buen vino y deja al final un regusto que lleva de la mano al siguiente. Originales, mágicos, divertidos. Sorprenden la sencillez de su prosa y el coqueteo constante con lo absurdo, que quizás encuentra su nota más alta en los diálogos. Como el del espantapájaros y el cuervo que se jacta de ser más sabio que otras aves porque sabe contar hasta siete ("El espantapájaros que amaba a los pájaros"); el que suscita, en una sucesión de escenas familiares delirantes, el niño cuyo antebrazo se ha convertido en pata de elefante ("De chiquitín, tos de mastín; más adelante, pata de elefante"); o los que mantiene el protagonista de "Nunca compres churros en domingo" con los policías que lo van interrogando. Se nota en Sánchez Piñol su amor por los animales, en especial por los africanos. De ahí el tono de fábula esópica de algunos de estos cuentos, como "Todo lo que necesita saber una cebra para vivir en la sábana", o el mencionado "El espantapájaros que amaba a los pájaros". En este último el autor se permite jugar con el lector, pues silencia el relato que el cuervo cuenta al espantapájaros (y que el lector presume importante para la trama), para luego ofrecerlo como un cuento más del volumen. Con ser un libro espléndido, cuya lectura aconsejo, se observan algunas notas discordantes. Por ejemplo, el uso del relato anular (o ringkomposition), lo cual siempre es un riesgo, ya que, si no se articula cierta sorpresa final, el desenlace resulta previsible. Así en "La nave de los locos" y "No compres churros en domingo". Siendo este último cuento uno de los mejores del libro, el lector sospecha poco antes del final lo que va a suceder. También afean (mínimamente, por supuesto) el conjunto algunos lapsus que, sospecho, se deben a la traducción. Como un chirriante leísmo al comienzo del "El espantapájaro que amaba a los pájaros" ("Tres días después de que le plantasen en aquel campo de cebada...") o una frase confusa, donde se ha suprimido la negación que le da sentido, en "No compres churros en domingo". El protagonista teme ser culpado por la muerte accidental de un niño y, mientras observa la escena de dolor de los padres paquistaníes, el narrador dice: "Está claro que este dolor tiene una dosis escénica. Lo cual no quiere decir que, si le atrapasen, le lincharían". Si no me equivoco, lo que tiene sentido es un no delante de le lincharían. Son minucias, como podéis comprender, testimonio de que lo he apurado como merece.

domingo, 4 de octubre de 2009

Estampas desde Lovaina: El zorro de Les Marolles


Bruselas está al alcance de la mano. Sólo 15 minutos en tren y ya paseas por la capital del reino. Un trayecto corto, pero suficiente para leer un relato magnífico de Albert Sánchez Piñol, "De chiquitín, tos de mastín; más adelante, pata de elefante", de su libro Trece tristres trances (cuando lo termine diré algo más sobre la impresión que me va dejando esta lectura). El centro turístico de Bruselas suele arder de gentío, pero esta manaña venía redoblado por causa del Brussels Marathon et Half Marathon. Como guardo buenos recuerdos de Les Marolles, he enfilado hacia el sur en busca de este barrio decadente. Igual que en El Rastro madrileño y en la Alameda de Hércules bética, los domingos hay mercadillo de baratijas y cachivaches en la Place du Jeu de Balle. Una cerveza sentado en una de las terrazas que miran a la plaza puede deparar sorpresas. A mi izquierda varios músicos callejeros tocan una música del diablo, un heavy metal más a lo bestia que debe de tener hartos a los vendedores ambulantes, porque, de cuando en cuando, alguno lanza al aire un exabrupto. Cuando por fin los chicos dejan de aporrear los bártulos sonoros, se me sienta a la derecha una señora que trae en las manos un bulto recién comprado. Lo coloca en el suelo y el objeto se mantiene de pie. Descubro asombrado que se trata de un zorro disecado, de medio metro de estatura, que se queda junto a la mesa sin rechistar, pero con las fauces abiertas. Los belgas tienen un amor a los animales que se prestaría a guasa en mi Cádiz natal. Esta vez era un zorro inanimado, pero en más de una ocasión he visto cómo un perro compartía mesa con su dueño en una cafetería, o asiento en el vagón de un tren. Lo mejor de todo es que este zorro, a pesar de ser horroroso, empieza a causar admiración. La mujer le hace fotografías con su móvil y varias personas se acercan a tocarlo entre sonrisas. La medalla se la lleva un hombre que le pide permiso para dejarse retratar abrazado al susodicho. Pensando de nuevo en la guasa gaditana, cambio de esquina y entro en la siempre recomendable taberna La Brocante, donde los domingos suele haber música en directo. Hoy, jazz. Batería, saxo y bajo animan el local donde se derrama la cerveza (ay, la cerveza belga, tentación que no conoció Cristo) y se vacían mejillones a dos manos. Además de la lluvia, otras amenazas se ciernen sobre la Place du Jeu de Belle. Me voy para volver.

sábado, 3 de octubre de 2009

Estampas desde Lovaina: El otoño y sus luces flamencas


Para Fernando Valls,
que siempre nos acoge a bordo
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El otoño ha llegado de golpe a Lovaina, sepultando con las hojas caídas la estela del Indian summer que me recibió el jueves. Empieza a hacer frío, frío de verdad. La gente se concentra por la mañana en los alrededores de Grote Markt, atraída en gran parte por el mercadillo de frutas, quesos, pasteles, flores y otras delicias que se instala en la calle Brusselsestraat. Se nota que es sábado en la merma del ambiente universitario, ya que ayer tarde muchos estudiantes arrastraban sus maletas para pasar en casa el fin de semana. Como podéis imaginar, el riesgo de ser atropellado por una bicicleta se ha reducido considerablemente, lo cual me ha permitido seguir mirando la ciudad de cintura para arriba, como decía en el post anterior. En ello estaba cuando me he topado con una de esas casas gremiales que coronan los centros urbanos en Flandes. Siempre me gustó, en especial esa especie de oxímoron arquitectónico (adýnaton, dirían los griegos) que supone el barco surcando las aguas del cielo en tan alada compañía.

jueves, 1 de octubre de 2009

Estampas desde Lovaina: El reencuentro


Apenas he tenido tiempo para pasear, pero, pese a cambios notorios, Lovaina sigue como la recordaba. He buscado restaurantes, cafeterías y tiendas que siguen aquí doce años después de mi primera estancia. Hay una diferencia notable respecto del verano de 1997: la vida estudiantil fluye por las calles a lomos de cientos de bibicletas. En dos esquinas he temido ser víctima de un atropello (¡el primer día!) por mirar distraído hacia arriba ("a las ciudades hay que verlas de cintura para arriba" dijo alguien). Como preámbulo de las Estampas Lovanienses que vendrán, estas breves líneas y la porción del jardín del St. Donatus Park que veo desde la ventana del apartamento.