viernes, 30 de enero de 2009
El campesino y el poeta
jueves, 29 de enero de 2009
Educación para la ciudadanía (¡qué hartazgo!)
Un día después de que el Tribunal Supremo haya desestimado la objeción de cuatro familias para que sus niños no cursasen la susodicha asignatura, el magnífico Forges arroja luz clarificadora.
martes, 27 de enero de 2009
El microrrelato, la fábula y el epigrama

A la abeja semejante,
para que cause placer,
el epigrama ha de ser
pequeño, dulce y punzante.
Así pues, el microrrelato utiliza mecanismos de expresión semejantes a los empleados en la fábula y el epigrama, pero que también están presentes en otras formas literarias o didácticas (aforismos, bestiarios, emblemas, etc.)
Terminemos estos apuntes con la lectura breve, deleitosa y punzante de dos epigramas de Marcial:
Todo lo que me pides, perverso Cina, dices que es nada:
si nada me pides, Cina, nada te niego. (III 61)
Artemidoro tiene un querido, pero ha vendido su campo;
Caliodoro tiene un campo en vez de un querido.
Dime, Aucto, cuál de los dos ha actuado mejor:
Artemidoro ama, Caliodoro ara. (IX 21)
lunes, 26 de enero de 2009
Desventuras de Ventura Torcuato (3): Con el nombre empieza el ser
sábado, 24 de enero de 2009
Chema Madoz y el arte de ver lo que no vemos
En la Diputación Provincial de Cádiz se exponen en estos días fotografías de Chema Madoz (Madrid, 1958), el artista que transmuta la percepción de los objetos. Una cita de Hipócrates resume bien el espíritu creativo de Madoz: "Ver con la mirada de la inteligencia lo que escapa a la mirada de los ojos". Escaleras que se apoyan sobre escaleras, cactus de espinos o piedras, cucharas que proyectan la sombra de un tenedor, cazos que cuelgan de ramas como notas musicales, tijeras alzando el vuelo, la luz reflejada de una ventana cual soporte de escritura, ladrillos con asas que se tornan cajones... Lo cotidiano bajo otra mirada inteligente, inesperada, estimulante. Quienes podáis acercaros a ver esta exposición, no lo dudéis. Es una delicia.
viernes, 23 de enero de 2009
Espionaje madrileño y César Borgia

César Borgia, quinientos años después
En la madrugada del 12 de marzo de 1507 las gélidas tierras de Navarra fueron escenario de la muerte de uno de los personajes más controvertidos de la historia moderna de España: César Borgia. De haber estado en sus manos, el duque de Valentinois (il Valentino para los italianos) hubiese demorado tres días más el fatal desenlace, para morir en los idus de marzo, en sintonía con su admirado Julio César. Sin embargo, para convertirse en leyenda el implacable condottiero que inspiró El Príncipe de Maquiavelo no necesitaba de tales convergencias astrales. Prueba de ello es que la ciudad de Viana, donde reposan sus restos bajo una lápida a la intemperie, frente a la puerta de la iglesia de Santa María, se apresta a celebrar en su memoria un fastuoso «V Centenario: 1507-2007». Los Borgia, qué duda cabe, están de moda. Quienes reclaman desde hace tiempo la rehabilitación del hijo del papa Alejandro VI han visto el terreno abonado por el interés que esta conspicua familia (crisol de tantas perversiones) ha despertado en las llamadas novelas históricas y en algunas meritorias biografías (léase, por ejemplo, Lucrecia Borgia, de Sarah Bradford), así como en la digna película Los Borgia, de Antonio Hernández. Pero, ¿merece César Borgia semejante conmemoración? Opiniones hay en pro y en contra. Nombrado capitán general de los ejércitos pontificios, fue sin duda un soldado valiente (y hasta un joven cautivador, según los cronistas de la época), y en Viana hay quienes lo estiman héroe nacional, pues combatió al lado del rey de Navarra, Juan de Albret, su cuñado, contra el rebelde conde de Lerín. Pero cuesta casar esa imagen de evocaciones épicas con la del hombre artero, envuelto en intrigas dinásticas y políticas en las que menudeaban los envenenamientos, las traiciones y las venganzas. Igual que cuesta casarla con la del joven abandonado al adulterio, el incesto y las orgías palaciegas, sin que su condición de purpurado (bien que fue cardenal por insistencia de su padre, no por vocación) infligiese en su carácter el menor atisbo de prudencia y contención.
Ahora bien, ¿fue César Borgia un hombre atípico en su época? Es posible que así sea por la suma de tantos relieves ―luminosos y sombríos― en una personalidad que no pudieron pulir los años, pues murió recién estrenada la treintena. Pero si se examinan por separado, César Borgia fue un hombre de su tiempo, no diferente de otros miembros de familias poderosas de la Italia quinientista, igualmente curtidas en el arte de acumular y preservar el poder aniquilando a todo contrincante. Como los Médicis, enfrentados a los Pazzi en Florencia, y los Colonna, en liza constante con los Orsini en Roma. En cuanto a sus desmanes sexuales, era el vivo retrato de Alejandro VI, adúltero consumado, padre de varios hijos ilegítimos, copartícipe de sonadas orgías en las estancias del Vaticano y también sospechoso de incesto por amor de la bella Lucrecia. Tampoco ha de extrañar el maridaje de la espada y la púrpura cardenalicia. Baste recordar a Julio II, el llamado papa guerrero, a quien Erasmo, pacifista adelantado a su tiempo, consideró indigno de entrar en el cielo en su célebre ensayo Julio excluido del cielo.
Quinientos años después, la semilla de César Borgia ha germinado por doquiera. En las calles de Rusia y Turquía las pistolas acallan las voces críticas de los periodistas Anna Politkóvskaya y Hrant Dink. Las ponzoñas de otro tiempo son reemplazadas por nuevos venenos, como la digoxina y el polonio 210, tan terroríficamente efectivos en los cuerpos del opositor Victor Yuschenko y el ex espía Alexander Litvinenko. La Iglesia, por su parte, no logra amputar todos sus miembros libidinosos y el estigma de la pederastia aflora de vez en vez. Manzanas podridas. Como los Borgia. Pero en pocos lugares como en España hacemos tanto alarde de «memoria histórica». Aquí rememoramos el lema de Il Valentino, «César o nada», y lo mudamos en una fórmula más pedestre, pero de idéntica doctrina: «O estás conmigo o estás contra mí». Axioma de palmaria actualidad en los ámbitos donde se ejerce el poder, por pequeño que sea. Es notorio en la política nacional, en la autonómica y en la local, pero no menos en la vida empresarial y en la vida universitaria. Sólo que las armas y los venenos son, por ahora, de otra índole: la manipulación, la injuria y el desprestigio. En la España de hoy, admirado Muñoz Molina, el «estado de delirio» es deudor de César Borgia, quien merecería no el homenaje local de Viana, sino el de toda la nación española.
miércoles, 21 de enero de 2009
Amarga soledad

Antonio Serrano Cueto
martes, 20 de enero de 2009
Obama: muerte de un dios
Nunca antes había congregado tanto gentío la toma de posesión de un presidente, ni americano ni de ningún otro lugar. Nunca antes tanta gente en todo el mundo había asistido en directo a la muerte de un dios y al renacimiento de un hombre. Un hombre, a la postre, como el que se va por la puerta trasera camino de Texas. Ojalá éste sea capaz de ver a los demás a su altura.
lunes, 19 de enero de 2009
Desventuras de Ventura Torcuato (2): Resurrección y nuevo comienzo

sábado, 17 de enero de 2009
Los miedos de la infancia (2): "morirse moro" o el limbo

"Morirse moro" o el limbo
Consummatum est. La Iglesia católica ha eliminado definitivamente de la geografía escatológica una de sus estancias más amables: el limbo. Se veía venir desde que en 1992 desapareció del catecismo de Juan Pablo II y, sobre todo, desde que en el verano de 1999 el pontífice desconcertó a los creyentes con la ubicación metafísica del complejo Más Allá. Desde entonces el locus más amoenus, el Cielo, ya no debía perseguirse detrás de las nubes, pues por mor de Roma su nueva sede se localizaba en el nebuloso corazón de los hombres. En lo tocante al limbo, los niños de mi generación tardaremos en asimilar el cambio, pues, en el mundo de asechanzas sin cuento que fue nuestra infancia, “morirse moro” suponía abrazar la desdicha perpetua de no acariciar siquiera el cuerpo de Cristo. Aunque era calamidad ajena, que amenazaba sólo a los recién nacidos, lo cierto es que angustiaba imaginar que almas tan inocentes vagaran privadas de la visión de Dios, flotando en ese espacio interpuesto entre el Infierno y el Paraíso (limbus significa “orla”, “borde”), en esa especie de tierra de nadie antesala de la bienaventuranza celestial. Claro que por entonces yo aún no sabía que los niños no estaban solos.
Cuando Odiseo descendió al Hades en busca del adivino Tiresias, encontró un mundo de sombras poblado por héroes griegos y seres legendarios. Nada que pudiera parecerse al limbo. Sin embargo, andando el tiempo, Virgilio trazó una topografía infernal más detallada, que acogía en uno de sus ámbitos a los niños muertos al nacer, almas lastimeras que salieron al paso del troyano Eneas tan pronto pisó la tierra de ultratumba; almas de muertos inocentes, tan sin culpa, que ni siquiera habían gozado de la luz del día. El cristianismo, que tanta inspiración halló en el infierno greco-latino, modeló la imagen merced a una metáfora oportuna: los niños privados de la luz solar se convirtieron en trasunto de los paganos justos privados involuntariamente de la luz de Cristo. De esta manera se resolvía el problema de la legión de humanos que quedaron sin bautizar porque vivieron antes de su advenimiento. Pocos ejemplos más clarificadores que éste de la Divina Comedia. Al iniciar el descenso al Infierno, Dante y su guía, Virgilio, penetran en el círculo primero, lugar colmado de suspiros, morada de los justos sin bautismo, porque, como el propio Virgilio dice de sí mismo: “quien fue antes de ser el cristianismo, / a Dios debidamente no ha adorado: / y de estos que te digo soy yo mismo” (Infierno IV 1, 37-39, trad. A. Crespo). Mas, lejos de estar todo resuelto, quedaba salvar a los padres del Antiguo Testamento. Porque, ¿cómo pensar que había parangón entre Homero y Adán, Cicerón y David, Virgilio y Moisés? Los primeros podían vivir la eternidad sin la gracia divina, pero la coherencia de la doctrina exigía que los otros, los prohombres de la antigua alianza, aguardasen el fin de los tiempos en el seno de Dios. La solución estaba, una vez más, en la correcta intepretación de las Escrituras, en especial en la conjunción del salmo 107 y los evangelios, pues Cristo habría visitado el reino de las sombras antes de la Resurrección y se habría llevado consigo a Adán, Noé, David y Moisés, entre otros próceres de Israel. La tradición medieval sólo tenía que identificar ese ámbito infernal con el limbo. De nuevo es provechoso el testimonio de la Divina Comedia. Al preguntar Dante a Virgilio si conoce a alguien que haya abandonado el limbo y alcanzado el Paraíso, el poeta mantuano responde: “Yo era nuevo en este estado / cuando aquí vi venir a un poderoso / con signo de victoria coronado. /Sacó al padre primero [Adán] de este foso / y a las sombras de Abel y de Noé / y a Moisés, de las leyes tan celoso…” (Infierno IV, 46-57, trad. A. Crespo). Del mismo modo que el descenso al infierno de personajes paganos como Odiseo, Eneas, Orfeo y el Virgilio dantesco repercutió en la iconografía medieval y renacentista, la misión de ultratumba de Cristo fue plasmada por los pinceles de artistas como Duccio di Buoninsegna (El descenso al Limbo, 1310) y Alberto Durero (Cristo en el Limbo, 1510).
Ahora que la Iglesia ha abierto las puertas del limbo de par en par, liberando a todos sus moradores, me pregunto si las almas de los niños de mi infancia que se “morían moros” serán acogidas por la misericordia de Dios junto a las de los paganos. Si es así, por fin Dios dejará de hacer distingos.
Publicado en La Voz de Cádiz, 2-11-2006
Imagen: "Cristo bajando al limbo", de Andrea Mantegna (ca. 1430-1506)
jueves, 15 de enero de 2009
Desventuras de Ventura Torcuato (1): La culpabilidad (presunta) de la mosca
Queridos amigos lectores, he aquí otro micro, esta vez sobre el honroso oficio del abogado defensor. Que lo disfrutéis.
LA CULPABILIDAD (PRESUNTA) DE LA MOSCA
lunes, 12 de enero de 2009
Micros: "Miradas" y "Pedro Lapso y la fuerza gravitatoria"

LADRONES DE MIRADAS
En el andén del metro F. y N. se buscan las miradas. F. encuentra la mirada de nieve de ella, la atrapa y la encierra en un cofre bajo dos vueltas de llave. N. encuentra la mirada de fuego de él, la atrae y la encierra en una habitación oscura, tenuemente iluminada por el ojo de un ventanuco. Allí la somete a un arduo interrogatorio y, quemándose los párpados, recorre el historial de la visión de F. para descubrir dónde puso la llave.
PEDRO LAPSO Y LA FUERZA GRAVITATORIA
En la víspera del nacimiento de su primer hijo, a Pedro Lapso se le cayeron varios objetos de las manos. Los más eran menudencias recuperables y su caída no produjo ningún quebranto. Sin embargo, otros eran objetos valiosos que estallaban con estrépito y pasmo. Era como si la fuerza gravitatoria se hubiese empeñado en demostrarle su omnipresencia. Asustado y temiendo males mayores con el niño, Pedro Lapso se amputó los brazos. Por eso no pudo evitar, aun estando a su lado, que a su mujer se le escurriese el bebé.
viernes, 9 de enero de 2009
Herrumbre (o fuego en Oriente Medio)

Nace esta luz primeriza de enero
con herrumbre de antaño.
¿Por qué nadie cierra las puertas orientales
del templo de Jano?
Sobre su efigie bifronte
(un mirar bien de frente bastaría)
se arraciman pájaros de arena.
¿Y los niños, por Dios,
dónde están los niños
que le tiraban nueces a la cara?
Nace muerta esta luz primeriza de enero.
miércoles, 7 de enero de 2009
Ejes imaginarios
lunes, 5 de enero de 2009
Cuando la ciudad humea

viernes, 2 de enero de 2009
Carmen Linares y J.R.J.
En estos primeros y torpes pasos del año me ha venido al recuerdo varias veces Juan Ramón Jiménez. Viene de la mano de la reciente edición de Raíces y alas, el último disco de la cantaora Carmen Linares, que se ha atrevido a poner su voz, con música y guitarra de Juan Carlos Romero, a los versos del poeta moguereño. Entre los poemas escogidos está "El viaje definitivo", que tan honda huella me dejó cuando lo leí por vez primera hace más de veinte años. La presentación de este disco en la Bienal de Sevilla tuvo una excelente acogida. He aquí una muestra:
jueves, 1 de enero de 2009
Un instante pleno





