miércoles, 16 de diciembre de 2009

Un microrrelato aéreo


LA SOBRECARGO

A él le bastaba amarla así, a 9000 metros de altitud. Había gastado todos sus ahorros en billetes y, a fuerza de estudiar la frecuencia de sus despegues y aterrizajes, sabía en qué vuelo se encontraría con su sonrisa aérea al pie mismo del tunel o de la escalerilla. Tempraneaba en Managua y madrugaba en Madrid cuanto fuera preciso para ser siempre el primero y recibir de lleno sus buenos días señor, buenas tardes señor, cuando aún el cansancio no había hecho mella en la compostura de su boca. Siempre en clase business, la parcela del Paraíso de la que ella se ocupaba con mimo femenil y refrigerios varios. Siempre junto al pasillo. Cerca, muy cerca de su olor. Con el ruido de los motores obstaculizando el entendimiento y obligándola a bajar la cabeza para atenderle cuando él le pedía en un susurro un vino tinto que le sabía a sangre angelical. Tan lejos de todo. A él le bastaba con amarla así. Se conformaba con tan poco, que ni siquiera intentó abrazarla para mitigar su pánico. Se limitó a ser feliz en la postrera verticalidad.

5 comentarios:

Gemma dijo...

Y es que a él le bastaba amarla así. ;-)

Me gusta esta nueva serie de micros con título.
Un abrazo

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Me ha gustado mucho, Antonio. Un abrazo.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Muy bueno Antonio.

La sirena de secano dijo...

Muy bueno, sí.

Araceli Esteves dijo...

Y la madre del enamorado se removía en la tumba por la dilapidación de la fortuna que a ella tanto le había costado ganar. Ya te podías haber enamorado de una conductora de autobús, le dijo en sueños.
Muy bueno, sí.