lunes, 14 de diciembre de 2009

Estampas desde Lovaina: El líquido misterio


Siempre que he visto a este Van Gogh, me he fijado en las varias botellas de agua mineral que tiene detrás, sobre la base que lo sostiene. La primera vez pensé: qué contrapeso más aguado. La segunda ya no supe qué pensar. La tercera le hice esta foto, y hete aquí que descubro que a su derecha (nuestra izquierda) hay en el suelo una botella casi vacía, lo que me hace deducir, ahora que todavía me funciona la neurona, que el mozo se bebe el agua. Una de dos: o su estancia en esa pilastra es de horas largas (los turistas en Bruselas dan para mucho; si no, que se lo digan al horrible Mannenken Pis), o el pobre holandés tiene calculi en el riñón y, pese a trabajo tan sufrido, el urólogo le ha prescrito cuatro o cinco litros del líquido al día. La verdad es que la vida está repleta de misterios como éste.
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(Alrededores de Grote Markt, Bruselas. Fuente: Silenos)

4 comentarios:

Pedro Herrero dijo...

Antonio, tenías que haberle echado una moneda. Ya sabes que las estatuas humanas, a cambio de un discreto donativo, ejecutan alguna habilidad para deleite del público que las contempla. Tal vez habrías descubierto que su performance consistía precisamente en agacharse, tomar la botella, echar un trago y dejarla de nuevo en el suelo. Y aunque parece improbable que pretenda tomar el pelo a la gente de esa manera, no me negarás que el bastón que sostiene en su mano izquierda no ha sido diseñado para mantener el equilibrio, sino para desequilibrar a cualquier espectador descontento. Un abrazo desde Barcelona.

bambu222 dijo...

Desde luego,este mimo lo tiene muy mal,apenas tiene espacio para posarse,esa postura tan forzada,ese bastón que no parece sostener demasiado y esa cadena que aparece a sus pies y termina en esa especie de lata o ¿cenicero?.Se merece no una moneda sino muchas más aunque solo sea por el esfuerzo.Saludos.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Amigos, este mimo no parece pensar en su espalda y sus caderas. Acabarán pasándole factura. Un saludo.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Muy bueno Antonio.

Me ha recordado la botella, para que no entren bichos.

Pero ¿dónde?, en la oreja...