sábado, 19 de diciembre de 2009

El clan literario


A un par de amigos jóvenes que escriben
con tesón y gusto, pero también con cierta desazón

El ser humano es tan miope, que concibe y atesora sus relaciones vitales entre las estrechas paredes de su clan. El yo busca al y ambos se organizan para salvaguardar lo nuestro. Como perros que, una vez mordida la presa, no la sueltan ya se hunda el cielo. Clanes de esos, cotos cerrados con altos muros, hay por doquiera. La política y la Universidad son buenos ejemplos. La literatura lo es en igual o mayor grado. No hace mucho un amigo poeta me contaba su primer encuentro con una novelista española de éxito. El que ejercía de presentador añadió a su nombre un ribete del tipo "escritor", o quizás, "poeta", y mi amigo sintió la sonrisa de desdén de la novelista, y tal vez hasta llegó a oír un sordo "otro más". Sonrisa de desdén y entrañas de recelo. Reacción semejante presencié no hace mucho cuando un escritor de provincias, en el centro de un grupo de afectos a las letras, nombraba los talleres de escritura, que tanto ha proliferado por la geografía española, como quien "nombra la bicha". En este caso, el "otro más" multiplicado, en serie, con un maestro de ceremonias a la cabeza. En verdad, de igual forma reaccionaría un taxista al enterarse de otra concesión de licencia. Y un experto en el trapicheo callejero al conocer que por su zona merodea un intruso. ¿Territorialidad animal? Quizás. Pero también el escudo que esgrime la mediocridad reluciente cuando ve amenazado el pastel, como el perro que no suelta bocado.
La red ha "democratizado" la escritura, hasta el punto de que todo hijo de vecino que se lo proponga "publica" en su blog o web los frutos de sus desvelos literarios y se presenta a los demás, cada vez más a través de correos electrónicos, como autor o autora en edad de merecer. Pero esto no es nuevo: todos conocemos a escritores que, habiéndose costeado íntegramente la edición de sus obras, se procuran una humilde campaña publicitaria a través de amigos libreros. La diferencia es que la red es baratísima y las posibilidades de difusión son extraordinarias. ¿Hay que censurar esta proliferación de poetas, cuentistas, novelistas o reveladores de sueños varios? Mi amigo el poeta es joven y a buen seguro aquella sonrisa hiriente de la novelista de éxito le provocó alguna zozobra en la autoestima. Mi comentario en estos casos siempre es el mismo, quizás porque no soy tan joven como él ni necesito que clan alguno abra graciosamente sus puertas a mi llamada: sigue escribiendo. A cada desplante, un poema. A cada mueca de altanería, un personaje. Que escriba quien quiera. Mejor eso que engullir programas de televisión y ser un zoquete de sofá. Que el tiempo todo lo sitúa en su justa medida. Sí, es cierto que hay quien tiene ombligo hasta para pasar a la historia de la literatura con su medianía, pero son los menos. Echa un vistazo a los blogs literarios (incluido éste) y fíjate en la ridícula egolatría de muchos que han publicado en esta o aquella marca editorial de prestigio. Qué lástima pasarse la vida dándose golpes de pecho, gesticulando ante el espejo para la próxima entrevista o la próxima firma de libros. Qué lastima cifrar la literatura en el hoyuelo de la barbilla, la bandeja de croquetas o el apretón de manos de un alcalde. Podrán sonreír y seguir dándole premios a los amigos del clan, pero no podrán evitar que tú y muchos como tú sigáis escribiendo. Así que escribe, y que se jodan.
(Fernando Valls me corrige el nombre del puente:
centauros en el Puente del Palacio, que conecta la Unter den Linden
con el Lustgarten. Obra de Schinkel. Berlín. Fuente: Silenos)

14 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Plas plas plas...

José Miguel Domínguez Leal dijo...

¡Qué magnífica entrada, Antonio! Has encontrado las palabras justas para describir la realidad. Dignas de ponerles un marco, sí señor. Las suscribo por completo. Un abrazo desde un gélido Cádiz.

Antonio Azuaga dijo...

¡Ja, ja, ja…!

Bien por ti y bien por tu amigo. Y bien por ese “que escriba quien quiera”. Llama la atención, como dices, el celo que ponen muchos en vigilar las fronteras de su supuesto “reino”; vigilancia que algunos extienden incluso hasta la Red. Yo diría que esto ocurre por la poca convicción que en sí mismas tienen ciertas “repúblicas literarias”.

Pero, como bien dices, “que se jodan”. Lo más inocuo del mundo es un poeta sin mecenas, y si el “protegido” arremete contra aquél, su empresa o es mezquina por innecesaria, o es temerosa por pensar que el mérito de la obra propia es gratuita circunstancialidad de un mecenazgo, una moda o un “lobby” cualquiera.

Gracias por la entrada, y un abrazo.

Fernando Valls dijo...

Antonio, es el llamado Puente del Palacio y conecta la Unter den Linden con el Lustgarten. Toda esa barandilla y los centauros son obra de Schinkel.

Paco Gómez Escribano dijo...

Joder, qué entrada más buena. Enhorabuena.

Gemma dijo...

Bravo, Antonio. Di que sí.
Un beso

madison dijo...

Enhorabuena por escribir tan y tan bien.

Francisco dijo...

La primera vez que entro y me recibes con esta entrada, seguiré por aquí. Gracias por los ánimos que insuflas en mi persona, gracias.

Olga B. dijo...

Olé.

Capitán dijo...

No se puede decir más en menos, y las reflexiones son aplicables a prácticamente cualquier campo, cualquiera.

Un abrazo

Rosario Troncoso dijo...

Antonio, no sabes la alegría y el ánimo que me da leer estas cosas en blogs de buenos amigos...
Eres "cojonudo", con perdón de la expresión.
Muchas de las cosas que aquí expresas son las que pienso, aunque eso ya lo sabes...
Siempre que se debate acerca del "mundillo" y del mafioseo literario, soy bastanta clara, aunque a veces parezca que es fácil perder de vista el motivo real por el que se escribe: para SER, para NO LLORAR (guiño a Larra).
Mi buen amigo Valero me dice siempre: Charo, no pierdas la perspectiva, lo importante son las letras, lo importante es que escribas cada día, sin reparar si será publicado o no, o si habrá bandejas de croquetas el día de alguna presentación...
Y en ello estamos, Antonio, croqueteando de vez en cuando, pero manteniéndonos, manteniéndome, firme en mi ilusión, siendo mediocre o no, pero creyendo en lo que hacemos, en lo que hago, firmemente, manteniendo a raya el ego, que se infla a veces demasiado.
Y si la autoestima zozobra, pues a achicar el agua de los comentarios malintencionados, y a navegar con el viento de la crítica constructiva de los amigos en las velas.
Por suerte, siendo joven aún, cuento a mi alrededor con buenos ejemplos para seguir, y buenos modelos para aprender.
Gracias Antonio, por enriquecerme con todo lo que escribes.
Un abrazo.
Charo.

sergio astorga dijo...

Saludo al valor de la razón.
Abrazos definitivos.
Sergio Astorga

siempreconhistorias dijo...

Me apunto a escribir y que se jodan.
Muy buena entrada, Antonio. Un abrazo,

María C.R. dijo...

Suscribo tus palabras, que caigan las fronteras de los reinos obseletos. Si temes perder el reinado es que algo no estás haciendo bien.
"Descubra el fundamento que lo lleva a escribir; investigue si tiene raíces en el lugar mas profundo de su corazón; reconozca si para usted sería necesaria la muerte en caso de ser privado de escribir" (Rainer Maria Rilke).
Que bien nos irían las cosas si nos dedicaramos a nuestros propios fundamentos, olvidando los juicios a los ajenos o la existencia de los mismos.
Un saludo.