viernes, 11 de diciembre de 2009

Adivinanza


Adivina, adivinanza. En esta imagen hay un espontáneo y un impostor. ¿Quién es el uno y quién el otro? .
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(Homenaje a los trabajadores. Fachada de la Catedral de Amberes. Fuente: Silenos)

5 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Desde luego, estos mimos se lo curran. El impostor es el de la izquierda que tiene un mazo en las manos, ¿no?

Aquí podrían hacer lo mismo en un tajo de ésos donde uno trabaja y diez miran. Al mimo le bastaría con enfundarse un mono, empuñar un bocata y hacer la estatua.

Un abrazo, Antonio.

Antonio Azuaga dijo...

Me preocupa la adivinanza porque, aquí y ahora, la imagen es (a pesar de Machado) porque yo la veo. Pero yo no soy en la imagen; así que el impostor soy yo que no soy “en lo que es porque yo lo vea”… Y eso que el señor, por un lado, y su paraguas, por otro, me habían dado cierta esperanza de espontaneidad e impostura que no me consuelan.

No me líes, Antonio, que luego tengo pesadillas ético-existenciales.

Un abrazo.

Gemma dijo...

¿El latinista es el impostor? Pero qué leyenda más acertada, oye. Puro ejercicio de intertextualidad, el suyo. ;-P
Un beso

Joaquín Parellada dijo...

Si el camuflaje del impostor es digno de elogio, el latín de la frasecita puede calificarse (con benvolencia) de impostado.
Un abrazo pre-navideño,
Joaquín

Antonio Serrano Cueto dijo...

José Miguel, sí que se lo curran. El mimo mira de frente, con ojillos escondidos. Es bajito y recuerda al actor Joe Pesci.
Gemma, además del mimo y ese espontáneo que cruza con el paraguas, la leyenda en latín te lleva a mí, que soy el tercer (y oculto) impostor. Y sí, Joaquín, el latín del texto deja mucho que desear. Un abrazo.